lunes, 16 de mayo de 2022

¡¡ CATÁSTROFE CAPITALISTA, CIENCIA Y COVID-19 (3) ¡¡ >>> http://www.postaportenia.com.ar/?q=10 ¡¡. ¡¡ Postaporteñ@ (postaportenia.com.ar) ¡¡ 10.MAY.22 | PostaPorteña 2282 CATÁSTROFE CAPITALISTA, CIENCIA Y COVID-19 (3) Por ProletariosInternacionalistas

 ¡¡ nota/ojo ¡¡ : reproduce lukymá.,....por contacto, con postaporteñ@,...¡¡.


Postaporteñ@ (postaportenia.com.ar) -- ¡¡ http://www.postaportenia.com.ar/?q=10 ¡¡.


¡¡ Postaporteñ@ (postaportenia.com.ar) ¡¡

10.MAY.22 | PostaPorteña 2282

CATÁSTROFE CAPITALISTA, CIENCIA Y COVID-19 (3)

Por ProletariosInternacionalistas

 

3.2 Los microbios como enemigos a exterminar

 

La teoría microbiana de la enfermedad, según la cual toda enfermedad infecciosa tiene su germen en microorganismos, que son capaces de propagarse (ya sea entre personas, animales o plantas) y por tanto deben ser combatidos y eliminados, es el pilar científico que sostiene la actual guerra al coronavirus y, en general, la guerra a los microbios impuesta por la industria médica y farmacéutica. Si bien esta teoría tiene un largo proceso de cristalización y desarrollo, lo cierto es que fueron Louis Pasteur y Robert Koch los que consolidaron sus bases científicas actuales.

La historia oficial nos cuenta cómo el médico alemán Robert Koch en su investigación sobre el carbunco (ántrax), enfermedad a la que se responsabiliza de la muerte de numerosas personas y animales, observó la presencia constante de una bacteria en todas las muestras de sangre y tejidos de animales enfermos que analizó, llegando a las mismas conclusiones que otros científicos como Casimir Davaineesa bacteria era la causa de la enfermedad.

Aisló la bacteria y la inyectó en ratones y conejos produciendo una enfermedad similar. En 1876, R. Koch publicaba los resultados de sus estudios, concluyendo que los mismos demostraban el ciclo de vida del Bacillus anthracis y demostraban la capacidad de los cultivos de este microorganismo para producir la enfermedad.

A todo eso, Koch agregaba unos postulados que se convertirían en el marco metodológico que todo científico debía cumplir para establecer la vinculación de un microbio con una enfermedad. Se trataba de una lista de requisitos necesarios que estandarizan los criterios experimentales para demostrar que un microorganismo es el causante de una enfermedad.

Dichos postulados, cambiándose/actualizándose según las necesidades del capital, siguen presentándose como el formalismo exigible para “demostrar” el microorganismo causante de una enfermedad /12

 

Pocos años después, siguiendo sus investigaciones microbiológicas, Koch reveló que todos los enfermos por tuberculosis portaban una bacteria que sometida al mismo proceso metodológico que utilizó con el carbunco se mostraba como la causante de la enfermedad.

Al mismo tiempo, esa historia del descubrimiento del agente patógeno de las enfermedades infecciosas nos traslada de Alemania a Francia, donde Pasteur, a través de sus propias investigaciones, iba a llegar a las mismas conclusiones que Koch.

Su historia comienza cuando un grupo de industriales vinícolas invitaron a Pasteur, por mediación de Luis Bonaparte, a desarrollar un método que permitiera al vino estar largo tiempo conservado sin sufrir avinagramiento. Fueron los progresos desarrollados por Pasteur en el campo de la fermentación los que condujeron a esos capitales industriales hacia él. El proceso de circulación mercantil necesitaba realizar largas travesías marítimas que provocaban un deterioro de la calidad de su sabor. Pasteur, que tenía ya experiencia en la fermentación y la influencia de microorganismos en las mismas, se limitó a buscar qué microorganismos eran los que intervenían en el proceso de fermentación, cuales causaban avinagramiento y destruirlos. El resultado de sus descubrimientos es sobradamente conocido: determinadas temperaturas, en ausencia de oxígeno y durante un periodo de tiempo dado eliminan ciertos microorganismos.

La pasteurización e higienización del mundo había nacido permitiendo una mayor adaptabilidad del proceso de producción y circulación mercantil.

Pero la pasteurización no se contentó con ocuparse de la fermentación. Se abría un fértil campo de explotación capitalista. Si las “enfermedades” del vino desaparecían eliminando los microorganismos identificados como responsables, ¿por qué no aplicar esa metodología para las enfermedades en las plantas y animales, incluyendo por supuesto a los humanos? Y así fue. Tras resolver el problema vinícola, el Estado francés lo reclamó para resolver las enfermedades de los gusanos de seda que amenazaba a la industria. El reduccionismo cartesiano, perfeccionado con el microscopio, permitió de nuevo a Pasteur señalar a los culpables. Un hongo y una bacteria “infectaban” a los huevos de los gusanos y a las hojas de la morera de la que se alimentaban. Ante la imposibilidad de eliminarlos de los huevos y hojas “contaminadas” la solución fue desechar a los “contagiados” y seleccionar los “sanos”. Otro galardón para el mito de Pasteur.

Su éxito lo llevó a generalizar su método a toda una serie de enfermedades de la época. El ántrax en las ovejas, la rabia en los perros y el cólera aviar fueron algunas de las enfermedades que abordó. Pero esta vez descubrió cómo aplicar el método original empleado en el problema del vino, es decir, eliminar el microorganismo y salvar al huésped en lugar de desechar a los contagiados. Cuenta la leyenda que, en su imparable proceso de inocular bacterias y otra clase de microorganismos a todo bicho viviente para estudiar los mecanismos de transmisión, descubrió por casualidad una cura. La inoculación de microorganismos artificialmente debilitados provocaba una versión débil de la enfermedad que al mismo tiempo generaba inmunidad a la misma 13/

 

Esa es la historia oficial, la que tiene de héroes del relato a Koch y Pasteur, la que nos explica el descubrimiento y la aceptación universal de la teoría germinal de las enfermedades infecciosas. Ese relato se impuso para construir un buen decorado que fortificará esa teoría y dificultará todo cuestionamiento. Las discrepancias pueden aceptarse, pero sólo si representan también ciertas necesidades del capital, si se presentan como una competencia en el mercado, en ese caso es el propio proceso de valorización el que fija la posición hegemónica y deja a tal o cual en un segundo o tercer lugar. Como se puede comprobar, la producción científica de conocimientos no se diferencia de la producción de otra mercancía. El desarrollo científico, las publicaciones, revistas y formaciones científicas acaban reflejando el resultado de esa competencia mercantil. La financiación científica y su producción misma emanan de las entrañas del capital.

Nada particular. En todos los campos sociales el capitalismo impone su historia oficial.

El capital internacional no escatimó a la hora de financiar las investigaciones de Pasteur. Grandes franjas de capital gravitaron hacia él para sufragar gastos. Sectores de la burguesía invirtieron en sus investigaciones reflejando las propias necesidades del capital, que evidentemente está en constante movimiento en base a las dinámicas de valorización capitalista, dirigiéndose y centralizándose no sólo en los lugares de máxima valorización, sino también sobre los focos que prefiguran y trabajan para su conservación y futuro incremento. Y a medida que esa prefiguración se confirma materialmente la atracción de capital aumenta /14

La gigantesca industria farmacéutica hunde sus raíces en todo este proceso.

Los posteriores protagonistas y descubrimientos, las sucesivas prácticas y desarrollos científicos, profundizarán en esa vía abriendo la puerta a decenas de disciplinas y subdivisiones como la microbiología, la virología, o más recientemente la ingeniería genética o la tecnología molecular. No sólo la industria médica y farmacéutica disfrutará de sustanciosas ganancias en todo este progreso científico, sino que todo el capital mundial recogerá los frutos generales y los aplicará sistemáticamente en todos los terrenos sociales.

 

Para imponer todo este desarrollo científico hubo que silenciar y caricaturizar todas las voces críticas y disidencias al interior de la “comunidad científica”. La oposición de Claude Bernard y Antoine Béchamp a las tesis de Pasteur pasaron al olvido.

Béchamp, a través de sus investigaciones llegó a conclusiones opuestas a las de Pasteur. Descubrió que los microorganismos sufren alteraciones dentro de los tejidos y se transforman como consecuencia del estado del hospedador. De ese modo, en oposición al monoformismo de Pasteur, afirmaba que los microorganismos eran pleomorfistas, es decir, podían alterar sus formas orgánicas como consecuencia del estado del anfitrión. Llegaba así a las mismas conclusiones que Bernard: “El terreno biológico lo es todo y el germen no es nada”. Si el terreno biológico funciona correctamente, está equilibrado y mantiene una adecuada homeostasis, no hay enfermedad. La causa de la enfermedad se desplaza del microorganismo al anfitrión.

No es difícil encontrar el motivo por el que las posiciones de Pasteur se impusieron a las de Béchamp y se enseñan desde entonces en las universidades de todo el mundo

La investigación científica, y en concreto la biología, no tiene como objeto el desarrollo del conocimiento sobre la vida, sino la imposición de las necesidades de valorización a la misma.

Exculpar a los microbios de las enfermedades y señalar en su lugar a las condiciones de vida del anfitrión era una tesis que no podía competir en el mercado contra la teoría microbiana de la enfermedad. Cualquier desarrollo científico posterior que tome las bases propuestas por Béchamp sabe a lo que se atiene.

 O se aceptan ciertas conciliaciones para pelear por algunas franjas del mercado atrayendo algunos capitales (medicina “alternativa”) o se va hacia la marginación

 

Regresando a la historia oficial de Pasteur y Koch, es importante tener en cuenta que la misma “retoca” para la posterioridad las investigaciones, experimentaciones y conclusiones de los protagonistas de nuestra historia. No sería muy recomendable decir que Koch, premiado con el Nobel por el descubrimiento del bacilo de la tuberculosis, mató a cientos de personas con su “cura” para la enfermedad: la tuberculina 15/ Ni que los diarios de notas de Pasteur sobre sus investigaciones, disponibles desde finales del siglo pasado en la biblioteca de París, demuestran cómo falseó el resultado de sus experimentos de vacunación. Claro que no es necesario leerse sus diarios. Mientras la historia oficial nos muestra cómo la vacuna contra el carbunco de Pasteur fue presentada exitosamente en un pequeño experimento público con 50 ovejas, la realidad fuera de ese espectáculo orquestado por la burguesía nos narra el desastre que supuso la comercialización de la vacuna con miles de animales muertos, quejas y denuncias de ganaderos.

Tampoco nos cuenta esa historia cómo es el sutil y “clarividente” proceso de descubrimiento de patógenos, así como el del desarrollo de fármacos y vacunas, de nuestros protagonistas. Cientos de animales carbonizados /16 fragmentos de cerebros de perros enfermos de rabia inoculados en el cerebro de otros perros, conejos o ratones sanos, bazos de ratones inflamados implantados en conejos, etc. Con semejante método experimental podemos captar lo que la ciencia entiende por vida, por enfermedad, por relaciones entre los organismos, por curación, por investigación etc. No hay duda… el doctor Frankenstein es el arquetipo de científico.

 

3.3 El mundo orgánico

 

Una característica fundamental del capitalismo es la parcialización y especialización.

El carácter unitario de la sociedad capitalista se presenta como una interminable miríada de aspectos que se han escindido de su unidad originaria. Y a medida que sigue desarrollándose la sociedad actual la separación sigue profundizándose/17

 Como decía Debord, la separación es el alfa y el omega de esta sociedad. La multitud de disciplinas y subdivisiones inacabables que acoge en su seno la ciencia son un reflejo de esta praxis social global. La biología, en tanto que disciplina científica concreta que estudia la vida, posee tales niveles de especialización y división que no podríamos ni enumerarlos. Ni falta que hace. El extenso nivel cuantitativo de disciplinas va parejo a la pobreza cualitativa de cada una de ellas al reproducir incesantemente las mismas nociones y vulgaridades, en una carrera desembocada por saber cada vez más de parcelas cada vez más pequeñasEstamos convencidos de que el capital acabará consiguiendo saber todo de nada.

 

La escisión hombre–naturaleza que arranca con la propiedad privada y el proceso de separación del ser humano de la tierra constituye la alienación por excelencia. De ahí parte la escisión en todos los campos de la vida y el pensamiento.

El proletariado, al ser la expresión de la separación absoluta, al representar la mutilación de la existencia, y vivir como un tormento esa situación /18 sintetiza en su propio ser todas las separaciones de este mundo. Su cosificación es la cosificación del mundo al igual que su pena.

Pero al mismo tiempo sintetiza la protesta de todo el mundo orgánico a la lógica del capital porque contiene en su ser la inversión de la praxis. La lucha proletaria a lo largo de la historia es la lucha de la afirmación de un sujeto contra la objetivación que sufre, contra el sometimiento de su vida a la ganancia, la lucha del proletariado por afirmarse como clase revolucionaria para negar su propia condición de clase, para suprimir todas las clases, para afirmar la comunidad humanidad.

Representa al mismo tiempo la respuesta del mundo orgánico para acabar con el tormento capitalista. En su lucha contra la explotación, el proletariado es impulsado a luchar contra la separación para romper con su condición, y en ese proceso de lucha el proletariado descubre la universalidad de su clase. Cada momento de su existencia y cada partícula de su ser (cada proletario) expresa la totalidad. Al comprender esta característica de su propia constitución, el proletariado obtiene la llave para la comprensión del mundo y de todos sus aspectos. El proletariado descubre que es un ser dialéctico en un mundo dialéctico.

Por consecuencia, la lucha del proletariado, la vida orgánica y natural se contrapone a todo este mundo científico que nos muestra una realidad alienada que se quiere imponer en todo rincón de la existencia.

Coherentemente, no es a través del método científico como esa contraposición se articula, sino desde una práctica totalmente contrapuesta y dialéctica. El mundo biológico tiene en la dialéctica su modo de vida por eso sólo se puede captar, comprender y transformar dialécticamente. Por eso mismo, sólo el proletariado revolucionario puede alcanzar tal comprensión.

Aun cuando la crítica de Claude Bernard y Antoine Béchamp a la teoría microbiana de la enfermedad, así como de otros numerosos “científicos disidentes”, tiene aportes indiscutibles, la misma se presenta limitada y distorsionada al articularse dentro de un marco de comprensión científica. No puede ir al fondo del asunto y cuestionar algunos de los pilares esenciales, como, por ejemplo, la separación entre el terreno biológico y el agente microbiano, o más concretamente, la comprensión del mundo orgánico como seres independientes.

No significa que no haya también “científicos” que abran brecha, o luchas “científicas” que planteen un cuestionamiento de la ciencia y que por tanto estén actuando, independientemente de la conciencia que de ello tengan, no como científicos sino contra la ciencia. Pero, como decíamos antes, sólo desde la perspectiva proletaria se puede abrir una brecha contra la ciencia, cuestionar el uniforme científico y asumir la lucha en una dimensión mucho más amplia que apunte hacia una transformación social.

Captando el mundo con el microscopio ideológico de la biología se cree que el microbio (ya sea una bacteria, un virus, un hongo, levadura…) es un ser pasivo, independiente, un objeto de estudio ajeno a nuestro propio organismo. Por eso se aísla en un laboratorio para estudiarlo, para ver cómo se comporta, para reproducirlo e inyectarlo en otros organismos. No puede comprender que lo que se estudia como bacteria o virus en el laboratorio es un organismo nuevo creado artificialmente que difiere totalmente del original. Es una creación del laboratorio que altera la naturaleza misma del microbio y no representa ya su realidad.

Las definiciones y delimitaciones científicas de las bacterias (llegando incluso a una especiación artificial) y virus es un puro producto de la ciencia, de sus laboratorios, de la reificación en base de la unidad de lo separado, y no la realidad del mundo orgánico.

La bacteria singular interactúa e intercambia su ser con otras bacterias haciendo de ella un fluido dentro del mundo orgánico que no puede ser estudiado en un cultivo de laboratorio. La bacteria es un continuum /19

 Pese a que miles han sido nombradas como especies, y podrían seguir buscándose muchos miles más, lo cierto es que constantemente rompen en su propio ciclo vital la categoría de especie. A pesar de que se pueden agrupar por sus características comunes, cambian con tanta rapidez, intercambiando sus genes libremente, que nunca resulta posible reconocerlas.

La bacteria no puede aislarse porque es una comunidad orgánica.

Su ser singular es una manifestación de esa comunidad en interacción constante consigo misma sin la que no puede existir. El biólogo, a imitación del forense, estudia el comportamiento de los órganos o partes de un organismo en un cuerpo aislado y separado de la vida.

De ahí que los famosos postulados de Koch no tienen ninguna base biológica y no pueden cumplirse. El marco teórico que debe legitimar los descubrimientos hace todo lo contrario. Todo el impresionante desarrollo microbiológico del capital no ha sido capaz de cumplir esos requisitos en ninguna enfermedad. Los resultados o incluso la realidad son “ajustados”, “actualizados”, para que se cumplan los postulados. El mismo Koch tuvo que aceptar que el postulado base, el primero postulado, nunca se cumplía. Tuvo que admitir que el microorganismo causante de la enfermedad estaba presente en numerosos sujetos sanos que no reproducían la enfermedad ni ningún síntoma.

Esta contrariedad, en lugar de llevarle a Béchamp, lo indujo a construir el concepto del “sujeto asintomático”. Cuerpos que tenían el microorganismo pero que no desarrollaban la enfermedad.

Lo mismo pasa con el segundo postulado. Aunque Béchamp y Koch se puedan llegar a poner de acuerdo en el aislamiento del microorganismo, lo que ejemplifica evidentemente los límites que contiene las posiciones científicas que se oponen a la teoría microbiana de la enfermedad, lo cierto es que es sólo desde una concepción alienada y científica se puede considerar al microorganismo aislado en el laboratorio como el mismo que existe en el cuerpo del que se aisló. La idea de que una bacteria o un virus aislado representan un ejemplar de esos microorganismos es un producto del laboratorio y no de la realidad. Para nosotros esto es una refutación del resto de los postulados y, en general, de la base metodológica de la biología pues alteran totalmente el objeto de estudio.

Con la creación artificial del laboratorio y la interpretación que nos muestra la vida como una guerra permanente por la supervivencia en la que sobreviven los más fuertes y adaptables, la guerra contra los microbios se presenta como una necesidad vital del ser humano alienado.

. El concepto de contagio, en coherencia con el belicismo capitalista, describe a los microbios como un ejército atacando desde el exterior, propagándose, conquistando y matando, lo que implica que hay que destruir a esos pequeños seres para defender nuestra vida. Sin embargo, la vida orgánica es bien diferente de las alucinaciones que construye la locura mercantil.

En la biosfera, donde la vida no es el resultado de una guerra permanente, sino de un constante fluir de fuerzas y energías contrapuestas que en sus movimientos antitéticos consolidan el equilibrio, hasta la última molécula forma parte de la dinámica y el mantenimiento de la vida y de la muerte. Cada molécula, cada organismo, lejos de representar un individuo, es una manifestación de una comunidad orgánica. Desde la molécula más pequeña hasta el planeta Tierra (aunque para ser más precisos tendríamos que llegar al universo), las diversas materializaciones orgánicas son “partes vivas” de un gigantesco organismo.

Cuando Lynn Margulis /20 se pregunta, ¿es un único animal el que ha enfermado, o esa enfermedad es más bien un desajuste entre los miembros que la componen?, está planteando de forma correcta el problema de la enfermedad, y por tanto el de la vida y el de la muerte. La pregunta no incumbe sólo a cada organismo singular, sea un ser humano o una planta, sino al organismo planetario. Con esa simple pregunta se resquebrajan los débiles cimientos de la concepción microbiana de la enfermedad.

Las bacterias, esos pequeños seres demonizados, y donde se encuentra, sin duda alguna, el origen de las especies /21esos seres que tienen un repertorio metabólico inmenso y que mucho antes de que cualquier animal comenzara a deambular por la Tierra, habían ya refinado exquisitamente la elección, el desarrollo, la modalidad de apareamiento, la formación de minerales, el movimiento, la fotosíntesis, la muerte celular programada, se deleitaban en sus sorprendentes formas de encuentro sexual y manejaban un montón de otros atributos de organismos “superiores”, son un pilar fundamental en la vida orgánica.

El aire, el agua y la tierra contienen millones de bacterias que fluyen por toda la biosfera y están presentes de forma incontable en todos los organismos.

Los seres humanos contienen diez veces más bacterias que células. Su función, totalmente despreciada por la ciencia, es vital para la materia viviente. Nuestro propio cuerpo está constituido fundamentalmente por bacterias. En la piel, en el intestino, en las mucosas, en los genitales, en los ojos, en las orejas… No existe lugar en el cuerpo donde no exista un ecosistema bacteriano que realice funciones esenciales en tanto que parte integral del mismo.

Ante esta innegable acción simbiótica de las bacterias en nuestro organismo y en la naturaleza, la ciencia ha tenido que recular y actualizar ciertas teorías. Obligada a reconocer su acción indispensable en innumerables procesos vitales ha creado una tipificación de los tipos de bacterias que relativiza, por lo menos en parte, su carácter “patógeno”, pasando a ocupar los virus ese nefasto rol /22 

Claro que para ello hay que ignorar la vida de los virus.

Los virus, de los que hay hasta veinte veces más que bacterias, son otro elemento esencial de los ciclos vitales. Máximo Sandín,/23 al que hay que reconocerle su defensa a contracorriente y pasional de los virus y bacterias, afirma:

«Poca gente conoce que los virus que existen en el mar en cifras astronómicas controlan la base de la pirámide trófica, son un reservorio de información genética, intervienen en procesos biogeoquímicos entre los que están la contribución a la nucleación de las nubes, que el genoma de los seres vivos está formado por una suma de genes bacteriales y genes virales.

 Y menos aún se sabe que cuando se secuenció el genoma humano lo que se secuenció en realidad fue sólo la parte codificante de las proteínas y eso es sólo el 1,5 del genoma en el que se han identificado cientos de secuencias de origen bacteriano y miles de elementos móviles y retrovirus endógenos, exones, secuencias repetidas… todo de origen viral. […] En cuanto a los virus endógenos claramente reconocidos, se expresan, entre muchas otras, en funciones tan significativas como las siguientes: partículas retrovirales defectivas son las responsables de los mecanismos de “impronta” paterna y materna que hacen posible la placentación. Otros antígenos de origen retroviral se han encontrado implicados en el proceso de diferenciación de células trofoblásticas de la placenta humana… En conjunto, más de mil secuencias génicas, perfectamente conocidas, que se expresan en 37 tejidos humanos, se han identificado como correspondientes a retrovirus endógenos. Se expresan como parte constituyente en cerebro, embrión, pulmón, riñón, etc. […] Y todo ello lleva a una singular conclusión: ¡son los virus y bacterias los arquitectos de la vida!»

Considerar que esos incontables seres que son parte de nuestro cuerpo y están presentes por todas partes, que entran y salen de nuestro cuerpo, que fluyen de un lugar a otro, que son el medio de comunicación y de relación principal de nuestro organismo, mejor dicho, de unidad y de interrelación con todo lo existente (entre los seres vivos, entre lo vivo y lo muerto, entre lo orgánico y lo inorgánico), que su propio ciclo vital está en el origen y desarrollo de las especies, considerar a esos seres, decíamos, como algo ajeno a nosotros que debe ser eliminado expresa con transparencia la contraposición a lo vivo de la biología, de la ciencia y del capital.

 

La biología, al partir inevitablemente de una concepción que desecha la noción funcional de la totalidad, no puede comprender el vínculo entre todas las especies y organismos, la conexión de todo lo vivo a través del espacio y el tiempo. Menos aún puede comprender la Tierra como ser orgánico, comprender los comportamientos fisiológicos de la biosfera como un todo donde la vida y el medio ambiente son formas de manifestación de un organismo unitario, articulado con innumerables formas y procesos.

La salinidad de los océanos, su alcalinidad superficial, la composición química de la atmósfera, así como la temperatura global son reguladas por el metabolismo de la materia viva terrestre. Todos los elementos están unidos e interconectados entre sí, produciendo una constante comunicación e interrelación entre el mundo orgánico y el inorgánico, entre animales, plantas y microorganismos, entre el nivel molecular y el ecosistémico/24

 

Como defiende Lynn Margulis, a través del metabolismo y de la reproducción, la vida sobre la Tierra tiende a mantener unos estados medioambientales característicos de las primeras etapas del desarrollo del planeta. El propio cuerpo de los organismos vivos es una especie de cápsula temporal que contiene el entorno químico de la Tierra tal como era hace tres mil millones de años.

El pasado pretérito está preservado gracias a los prodigiosos flujos de energía solar, capturados por la fotosíntesis y por profundas reacciones químicas calientes en las entrañas del planeta.

El medio ambiente en el que se desarrolla la existencia es dinámicamente estable y autorregulador. Mantenida en gran medida por las interacciones químicas y biológicas de los miembros de las comunidades microbianas, la estabilidad fisiológica de la biosfera azulada requiere un flujo incesante de energía procedente del exterior del planeta. La vida está ligada al planeta Tierra y a la célula, pero es también un fenómeno energético, geológico y solar /25 

El mundo biológico es una totalidad conformada por la materia orgánica y la inorgánica en toda su dimensión histórica y universal. ¡Qué poco tiene que ver el mundo orgánico con el que impone el capital y la ciencia y que justamente tiende a destruirlo!  (continuará)

Proletarios internacionalistas – Revista Revolución Nº 1 – Abril 2022

_______________

12) Los postulados, formulados originariamente por Henle y que luego serían reformulados por Koch, son simples: 1) el agente patógeno debe estar presente en los animales enfermos y ausente en los sanos; 2) el agente debe ser aislado del animal y cultivado y reproducido en un cultivo axénico; 3) ese agente aislado debe provocar la misma enfermedad en un animal al que se le inocule; 4) el agente debe ser aislado de nuevo del cuerpo del sujeto experimental en el que se inoculó y ser una réplica exacta al aislado originalmente.

13) Esto, que será conocido como vacunación y que Pasteur la aplicará por primera vez inyectando microorganismos debilitados, tiene un largo y terrorífico proceso de gestación anterior, destacando la variolización frente a la viruela y la vacuna de la viruela de Ledwar Jenner.

14) De la misma forma, si esas prefiguraciones fracasan los capitales abandonan rápidamente ese campo o proyecto hacia otros con mejor perspectiva.

15) Hoy se siguen notificando oficialmente1,5 millones de muertos al año por tuberculosis en todo el mundo.

 16) Pasteur estaba convencido de que aplicando la pasteurización en animales enfermos se curaría la enfermedad. Se trataba de aplicar la fórmula del vino. Por lo tanto, calentaba a los animales que habían sido previamente inoculados con   “patógenos”, hasta que la gigantesca inmolación de animales lo convenció de que no era un método muy acertado.

 17) Es evidente que esa cascada de separaciones hace imposible toda comprensión crítica del capital que parta de esa superficie mutilada ignorando el organismo del que son meras manifestaciones.

18) Pese a que la propia enajenación social le puede hace sentir y creer lo contrario.

19) Por su parte,el virus es un ejemplo brutal de esta unidad pues ni siquiera puede aislarse artificialmente de la célula en la que vive. Los virus aislados son inertes, carecen de energía vital. Sólo en la célula pueden actuar como parte del ciclo vital de un todo más amplio.

20) Lynn Margulis fue una bióloga que dedicó parte de su vida a la evolución biológica y la crítica del darwinismo. Pese a que la concepción científica limitó muchos de sus descubrimientos e investigaciones, es innegable el gran aporte que los mismos significan en la contraposición a la teoría dominante de la evolución y por la comprensión del mundo de una forma más unitaria.

 21) A través de la simbiosis, las bacterias iniciaron la creación de células eucariotas y el proceso de especiación. Algunas de aquellas células nuevas se convirtieron en descendientes protistas, evolucionando nuevos conjuntos de capacidades que les permitieron dar un conjunto de saltos cualitativos de transformación. Fue ahí donde se inició el proceso de especiación en el Proterozoico inferior, hace unos 2.000 millones de años. Por supuesto, este inicio simbiótico de las especies o simbiogénesis que coloca a las bacterias (sin olvidar a los virus que siempre las acompañan en un número superior) como el constituyente universal presente en todo organismo, se contrapone brutalmente a la teoría evolutiva de Darwin. Tampoco hay duda de que los virus y bacterias fueron un factor esencial en el desarrollo de las características de la biosfera tal y como la conocemos hoy.  Los genes relacionados con la fotosíntesis fueron transmitidos por los virus a las bacterias, las cianobacterias crearon el oxígeno de la atmósfera, el carbono viene nivelado por la acción de las cianobacterias, etc.

22) Hasta el propio término virus que significa veneno, los define ya según la ideología dominante.

23) Sandín, que hasta hace años daba clases de biología en la Universidad Autónoma de Madrid, tiene diversos materiales que merecen la pena ser considerados. A su defensa de los microorganismos como parte indispensable del mundo orgánico se une su clara denuncia de la teoría de Darwin y el darwinismo.

24) Que en la totalidad todo se relacione con todo no quiere decir que la parte no pueda ser estudiada. Justamente la parte sólo puede ser comprendida y estudiada como una articulación de la totalidad, comprendiendo el papel que juega cada elemento en cada momento, en el movimiento de la totalidad y la constante relación cambiante de los elementos constitutivos de esa totalidad.

25) Por supuesto que la energía vital en su proceso de transformación imparable contiene más formas de expresarse. Por ejemplo, las investigaciones sobre la energía del orgón u orgásmica, a la que Reich dedicó una gran parte de su vida y por lo que fue perseguido, encarcelado, y pagó finalmente con su vida. Su investigación fue requisada por el Estado de EEUU, que destruyó su lugar de investigación, quemó todos los libros, etc.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

yesyukan