sábado, 15 de octubre de 2011

¿Acaso hay alternativas? ¿Podemos al menos soñarlas juntas?

http://www.lacan.com/thesymptom/?page_id=1476

Online & Offline

http://www.revolucionnaturalista.com/2011/10/online-offline.html

Leyendo varias publicaciones recientes de biólogos que trabajan con cosas que me interesan, me ha resultado interesante hallar que usen el lenguaje de los ordenadores "online" y "offline". Online es el mundo de la vida diaria, de lo que está inmediatamente delante nuestro, de vengativas presiones darwinistas. Online es el mundo de la recolección, la lucha, la huída, la procreación y otras cosas que todas las criaturas necesitan hacer para sobrevivir. Offline es cuando estas presiones están apagadas y otras cosas entran en juego. He encontrado a menudo que libros y artículos sobre cosas offline como el sueño o el juego comienzan con declaraciones del tipo "El sueño es algo que no se entienden bien" o "El juego es algo que no se entiende bien, algunos incluso argumentan que no existe." Nadie comienza una discusión sobre las técnicas de recolección con una advertencia así (...) La capacidad de ponerse offline de distintos modos, que está presente incluso en los organismos simples pero es mucho más extensiva en los complejos, y especialmente en los humanos, bien podría ser una de nuestras más grandes capacidades, y la religión, junto con la ciencia y el arte, bien podría ser el resultado de ponerse offline.

– Robert N. Bellah, prefacio a Religion in human evolution

Un mundo fantástico

http://www.kaosenlared.net/noticia/un-mundo-fantastico

Teodoro Santana / PRCC | 14-10-2011 a las 23:02 | 144 lecturas


El problema de un régimen férreo de lavado de cerebro colectivo como en el que vivimos, es que los adoctrinadores terminan creyéndose su propia propaganda. Y cuando las cosas vienen mal dadas, su propia visión de las cosas –es decir, su ideología– no sólo no les permite dar con soluciones adecuadas, sino que sus recetas empeoran la crisis y los arrastra cada vez más al abismo.

Así persisten en la fantasía de que la riqueza es el dinero, y de que es el dinero el que genera más dinero. Explican los beneficios y las plusvalías como resultado de comprar barato y vender caro. Esto es, que los capitalistas, dado que son genéticamente más “inteligentes”, engañan a sus clientes. Pero, como quiera que todos los capitalistas son, en mayor medida, clientes y proveedores unos de otros, la conclusión sería, como señalaba Marx en El Capital, que “la clase burguesa se estafa a sí misma”.

El capitalismo, que ha llegado a sus últimos límites históricos y económicos, ha convertido a los asalariados no sólo en generadores de riqueza con la venta de su fuerza de trabajo muy por debajo de su valor real, sino que, con la extrema polarización de clases, los ha transformado en su masa de clientes.

Ya no hay una espesa capa intermedia de pequeña y mediana burguesía que con su poder adquisitivo pueda equiparar su consumo al de la inmensa masa de asalariados, que ahora reúnen las condiciones simultáneas de productores y consumidores.

Esto crea una contradicción insoluble. Por una parte, para perpetuarse como capitalistas, los burgueses necesitan extraer el máximo de plusvalía a los asalariados. Es decir, pagarle lo menos posible por su trabajo, tanto en forma de salarios directos como en forma de salarios indirectos (educación, sanidad, prestaciones sociales).

Pero, a la vez y como consecuencia de ello, los asalariados, en tanto que consumidores, ven reducida su capacidad de comprarle a los propios capitalistas, por lo que lo que ganan estos como productores lo pierden como vendedores.

Para “solucionarlo”, a los capitalistas no se les ocurre otra cosa que prestarle el capital que extraen a los asalariados a esos mismos asalariados. ¡Et voilá! Ya tenemos arreglado el problema del consumo.

Pero como los capitalistas no pueden prestar “su” dinero gratis, porque saldría en la práctica de la circulación y no le reportaría beneficios (impidiéndoles volver a “invertir” y mantener su tren de vida), necesitan cobrar intereses por esos préstamos.

Pero ahora los asalariados, en tanto que receptores de esos préstamos, deben más de lo que consumen. Por lo que, para poder mantener su ritmo de consumo, y garantizar así que los capitalistas puedan seguir vendiendo y, por lo tanto, realizando las plusvalías que le sacan a los asalariados en el proceso de producción, necesitan seguir endeudándose más. Y para hacerlo posible sin detener esta alocada espiral, los burgueses, a través de sus gobiernos, se dedicaron a imprimir cada vez más dinero.

A la vez, imprimiendo más dinero hacen que los importes nominales de los billetes sean superiores a su valor real. Esto es, deprecian sus propios capitales. Para tratar de reponer el valor de sus capitales necesitan ganar mucho más, pagando por mucho menos el valor del trabajo.

Pero, al mismo tiempo, necesitan vender mucho más y, con ello, que los asalariados consuman mucho más. Pues a imprimir más dinero y les volvemos a prestar, dando una nueva vuelta en este círculo infernal.

Y cuando la máquina ya no puede seguir girando y saltan los cojinetes, no pueden aportar otra solución que la de “¡más madera!”. Cuando quebraron los bancos en 2008, saquearon las arcas públicas para salvar sus capitales. Pero entonces los que quedaron en bancarrota fueron los propios estados, que se habían descapitalizado para “rescatar” a los bancos.

Inmediatamente, los Estados tienen que pedir prestado ¡a los propios capitalistas y a sus bancos! Y claro, los capitalistas no les van a prestar “su” dinero gratis. Y no solo les cobran intereses, cada vez más usurarios, sino que exigen que a los asalariados de esos Estados se les rebajen los salarios. Arruinando así a sus propios clientes.

Y para que no cunda el pánico y a los asalariados les dé por pensar cosas “raras”, ahí tenemos a los propagandistas del sistema dándonos catequesis, un día sí y otro también, a través de los medios de comunicación de su propiedad. Pero también, ¡oh Fabio!, desde las cátedras de las Universidades.

De la misma manera que su condición de clase impide a la oligarquía capitalista tener una visión real de la crisis económica, la pequeña burguesía también está condicionada por la suya. Al fin y al cabo, su ser social (pequeños empresarios, ejecutivos, funcionarios de alto nivel, profesionales liberales, etc.), no podía ser de otra manera, determina su conciencia social.

Si algo teme la pequeña burguesía es la revolución. Todo lo más, alcanzan a hablar de una “revolución pacífica”, esto es, sólo presión social que pueda transformarse en resultados electorales favorables. Nada de “desorden” que pueda alterar su vida pacífica, y mucho menos revoluciones de verdad, es decir violentas, que supongan el asalto al poder de una clase social, la de los asalariados, que vaya usted a saber por dónde puede salir.

Conscientes de su debilidad, la pequeña burguesía no aspira en realidad a tomar el poder ni de una forma ni de la otra. Aspira a verse arropada por “el pueblo”, por la “ciudadanía”, en un bloque donde se difuminen tanto las clases sociales como las organizaciones de clase de los asalariados. “Lo importante son las personas”, ya se sabe, y los “derechos individuales”.

En sus fantasías, un bloque así, liderado, por supuesto, por “personas de reconocida valía”, y en absoluto sometidas a la intolerable “disciplina partidaria” (eso queda para los que están acostumbrados a la disciplina del trabajo, no para los “jefes”) les serviría para situarse en mejores condiciones a la hora de negociar con la oligarquía y los partidos que la representan.

Cuando la pequeña burguesía asume un papel “progresista”, todo su afán es pactar con el PSOE, convirtiéndose en una fuerza “bisagra”. Y de esta manera conseguir leyes que les sean favorables. Ah, sí: si hay algo que encanta a la pequeña burguesía son las leyes. Las consideran como un contrato escrito en piedra. Y si hablamos de la Constitución, del “Estado democrático y social de derecho” y otras mercaderías por el estilo, es que levitan.

Sin embargo, la brutal crisis del capitalismo imperialista euro norteamericano pone en solfa todas las ilusiones pequeño burguesas. Las contradicciones van siendo cada vez más a cara de perro. La oligarquía no va a pactar nada, porque ya no tiene margen para negociar. Va a por todas. Los “recortes”, que afectan principalmente a los asalariados, golpean de forma brutal a una pequeña burguesía que, con el desplome del consumo, se va quedando sin clientes.

Atrapada en medio de un choque de trenes, la pequeña burguesía propone reformar el sistema. Para mantenerlo, claro, que hay que ser “realistas” y dejarse de “aventuras socialistas”. Y pretenden parchearlo con medidas que no les vaya a suponer un enfrentamiento directo y frontal con la oligarquía. Medidas que se resumen en subir los impuestos a “los más ricos”.

Pero basta con saber sumar y restar para darse cuenta de que sólo con una subida de impuestos es imposible, ni de lejos, afrontar el déficit público y los enormes volúmenes de deuda pública. Así que lo que enmascara esta posición es la negativa a pasar de hablar de impuestos (por muy “progresistas” que sean) a hablar de la propiedad.

Por eso se niegan a asumir la consigna de la nacionalización de la banca y de los principales sectores estratégicos (agua, energía, comunicaciones, etc.). Hasta ahí podíamos llegar. Si hay cosa que a un pequeño burgués le parece una “locura” es que empecemos con las expropiaciones.

Pero, si no es de la nacionalización de la banca y de las grandes corporaciones, ¿de dónde vamos a sacar el capital (real y no virtual) para relanzar la economía y generar inversión pública?

Esa obsesión de la pequeña burguesía por la propiedad se manifiesta en muchas otras propuestas. Pongamos como ejemplo la llamada “dación en pago”. Cierto es que, ya que el banco te embarga la casa y te echa de ella mediante jueces, leyes y policía, mejor es no quedar, encima, debiéndole la mitad de la hipoteca. Pero ni de lejos pasa por la mente de nuestros pequeño reformistas cuestionar el derecho de propiedad del banco sobre la casa o el piso. O, simplemente, la moratoria del pago de la hipoteca mientras estés en el paro o tus ingresos no superen un mínimo familiar.

El asunto para los pequeño burgueses es liquidar la hipoteca. Deshacer el contrato. El banco se queda con la casa y uno no le debe nada al banco.

Pero para un asalariado, que no tiene opción entre la casa y vivir a la intemperie con su familia, el asunto es quedarse en la casa, en su casa. Nada de quedar “como un caballero” con el banco, sino seguir teniendo techo donde vivir. Ya se sabe: el proletariado es así de radical.

Para evitar que aquella siga en su mundo ilusorio, es imprescindible que la clase asalariada aparezca en la escena política con sus propios intereses y sus propias propuestas, arrastrando tras de sí a una pequeña burguesía ya desenganchada de sus fantasías.

Esta es, camaradas, la tarea de los comunistas.

(*) Teodoro Santana es miembro del Comité Central del Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC)

EXA-MIERDA! eXÁMENES A LA mIERDA; DICE mARIO bUNGE

http://youtu.be/cPoC1JbHVYk

Asunto: Gen Altruista



De: "Info Gen Altruista"
Fecha: Vie, 14 de Octubre de 2011, 5:41 pm
Para: "Gen Altruista"
Prioridad: Normal
Opciones: Ver encabezado completo | Vista preliminar | Bajar este mensaje como un archivo | Add to Address Book
attention please to bacteria that huelen y o u olfatean por sí solas las muy lindas y relindas...

hay mare ké nos keará ke ver!
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viernes, 14 de octubre de 2011

Asunto: El Mundo vs. Wall Street

Avaaz.org - The World in Action




¡Increíble! Más de 500.000 hemos firmado en 5 días -- ¡alcancemos 1 millón! Haz clic
abajo para ver nuestro contador gigante desde Wall Street. Además, la Unión Europea
está a punto de decidir si imponer una tasa a los bancos para pagar la factura de la
crisis causada en gran parte por ellos.
Haz clic aquí para hacer una llamada urgente a nuestra Ministra de Economía. Y luego
¡reenvía este correo a todo el mundo!




Queridos amigos y amigas








Miles de ciudadanos han ocupado Wall Street, uniéndose a un movimiento global que se
está expandiendo, desde Madrid a Santiago, de Jerusalén a Delhi, para rescatar la
democracia del control de los intereses corruptos. Si millones de nosotros nos
unimos ahora, fortaleceremos su coraje y les mostraremos a medios y a dirigentes
políticos que este no es un movimiento marginal. Haz clic abajo para firmar la
petición -- cada firma será sumada a un contador gigante ubicado en el centro de la
ocupación pacífica en Wall Street:












Miles de ciudadanos han ocupado pacíficamente Wall Street, uno de los epicentros
mundiales de poder financiero y corrupción. Ellos son la última chispa de un nuevo
movimiento por la justicia social que se está extendiendo como la pólvora, desde
Madrid a Santiago, y a Jerusalén, pasando por otras 146 ciudades que se siguen
sumando. Pero ahora necesitan de todo el apoyo posible para lograr resultados.



Mientras las familias trabajadoras siguen corriendo con los gastos de la crisis
financiera causada por las élites corruptas, los manifestantes están exigiendo
democracia real, justicia social y un freno a la corrupción. Sin embargo, se
encuentran sometidos a una gran presión de las autoridades, y algunos medios de
comunicación les están menospreciando, poniéndoles la etiqueta de grupos marginales.
Si millones de nosotros unimos ahora nuestras voces desde todos los rincones del
mundo, redoblaremos su valentía, y les mostraremos a los medios de comunicación y a
los dirigentes políticos que las protestas son parte de un masivo movimiento
ciudadano que demanda cambios.



Este año podría convertirse en el 1968 de este siglo, pero para tener éxito tenemos
que lograr que sea un movimiento social lo más amplio posible, y que incluya a toda
clase de gente. Haz clic para unirte a este llamamiento por una democracia real --
la firma de cada uno de nosotros a esta petición será proyectada en tiempo real en
un gran contador instalado en el centro de la ocupación de Wall Street en Nueva
York, y será transmitido en vivo en la página web de esta campaña:


http://www.avaaz.org/es/the_world_vs_wall_st/?vl



La actual oleada mundial de protestas es el capítulo más reciente de la historia del
poder ciudadano global durante este año. En Egipto, la gente tomó la Plaza Tahrir
hasta derrocar a su dictador. En la India, la huelga de hambre de un solo hombre
inspiró a millones de ciudadanos a manifestarse en las calles, doblegando al
gobierno y obteniendo importantes logros en la lucha contra la corrupción. Durante
meses, los griegos han protestado sin respiro contra los injustos recortes sociales.
En España, decenas de miles de "indignados" desafiaron la prohibición de
manifestarse antes de las últimas elecciones, acampando en la Puerta del Sol de
Madrid y en otras ciudades contra la corrupción política y la gestión de los
gobernantes. Y este verano, a lo largo y ancho de Israel, ciudadanos han alzado
campamentos en protesta contra el alza de los precios de las viviendas y demandando
justicia social.



Cada uno de estos episodios nacionales están conectados, formando parte de un relato
global que refleja un esfuerzo común que busca el fin a la complicidad entre
políticos y élites corruptas. Son ellos los que, en muchos países, han contribuido a
desencadenar una devastadora crisis financiera, y sin embargo ahora pretenden que
sean las familias trabajadoras quienes paguen la factura de la crisis. Este
gigantesco movimiento puede lograr no solo que la carga de la recesión no recaiga
sobre los más vulnerables, sino que también puede ayudar a re-establecer el
equilibrio de poder a favor de la democracia y contra la corrupción. Haz clic para
unir tu voz a este movimiento:



http://www.avaaz.org/es/the_world_vs_wall_st/?vl



Con cada nueva manifestación, desde El Cairo hasta Nueva York, es evidente el clamor
ciudadano por un gobierno responsable y transparente que sirva a su gente. Nuestra
comunidad global ha respaldado a este poder ciudadano emergente allá donde quiera
que ha brotado. Es hora de poner fin a los días en que unos pocos corruptos tienen
comprada la voluntad de los políticos. En su lugar, estamos construyendo democracias
reales con, por, y para la gente.



Con esperanza,


Emma, Maria Paz, Alice, Ricken, Morgan, Brianna, Luis, Laura, Shibayan y el resto
del equipo de Avaaz




Más información:



Occupy Wall Street: ¿Por qué protestan los manifestantes? (Univisión)

http://univisionnuevayork.univision.com/noticias/local/article/2011-10-02/se-extienden-las-protestas-contra-wall-street?refPath=/noticias/



Los "indignados" de Wall Street suman apoyos inesperados (La Nación)

http://www.lanacion.com.ar/1411911-los-indignados-de-wall-street-suman-apoyos-inesperados



Más de 300 convocatorias en 45 países calientan la gran "movilización global" del
15-O (20Minutos)

http://www.20minutos.es/noticia/1180289/0/15o/movilizacion/15m/



Indignados de Chile se suman a protesta mundial del 15/10 (Terra)

http://noticias.terra.cl/nacional/indignados-de-chile-se-suman-a-protesta-mundial-del-1510,e12036c12b7c2310VgnVCM20000099f154d0RCRD.html



"Indignados: El 15-M ha roto el monopolio discursivo de las élites" (El País)

http://politica.elpais.com/politica/2011/06/26/actualidad/1309109100_294443.html



Página de Eventos para el 15 de Octubre. "United for #globalchange":

http://15october.net/es/



Materiales de la Campaña: Robin Hood: que no paguen los de siempre... (Intermon
Oxfam):


http://www.intermonoxfam.org/es/campanas/proyectos/robin-hood-que-no-paguen-de-siempre






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jueves, 6 de octubre de 2011

University reform: a flawed experiment?

http://www.newscientist.com/blogs/bigwideworld/2011/10/university-reform-a-flawed-experiment.html?DCMP=OTC-rss&nsref=online-news

Howard Hotson, University of Oxford

If you're pursuing a scientific career in the UK, you must be aware of the government's plans for a radical reform of the university system. The plan is to introduce market competition between existing public universities and new kinds of private for-profit "higher education service providers" by withdrawing direct public subsidy from almost all university teaching.

Instead, teaching will be funded through greatly increased tuition fees, which students will pay back incrementally - in whole or in part - for thirty years after graduation. To anyone trained in scientific modes of analysis, evidence published for the first time today throws an interesting light on those plans.

Every year around this time, the Times Higher Education (THE) magazine publishes its annualworld university rankings. In past years, the accompanying editorial tended to emphasise the dominance of the upper reaches of these rankings by the great American private universities. This year, government plans to drive up value for money in the UK by virtually privatising the English university system necessitate a different emphasis. The rankings data have been analysed to see which universities systems offer, not the best value in absolute terms (where the US still wins hands down), but the best value for money. The results of this analysis fly in the face of government policy.

The calculations involved are hardly rocket science. The US has 75 universities listed in the top 200 worldwide. That's impressive: well over twice the UK figure of 32 universities; six times the Dutch figure (12); and ten times the Swiss (7), to mention only a few. But with a GDP of $14.6 trillion, the US economy is 6.5 times larger than the British, 19 times larger than the Dutch, and 28 times larger than the Swiss. Moreover, the US spends twice as large a share of its national wealth on higher education than these other countries do.

If we calculate what these competing university systems get for their money - by dividing the number of institutions they have in the ranking by how much the country spends on higher education - the US does surprisingly poorly. In fact, it ranks 16th of the 20 countries for which we have data. The countries with the most cost-effective university systems are Switzerland and the UK (see the graph in the THE's analysis of the results).

A similar analysis of the other highly-regarded global university ranking, the Academic Ranking of World Universities (ARWU), produces similar results. The ARWU focuses primarily on natural scientific research, ranks only the top 100 institutions worldwide, and graduates its institutional scores far more sharply than the THE rankings. For all these reasons, the US dominates it even more fully.

Yet, if we divide the total score of each country's universities on the ARWU ranking by their higher education spending, the US still fares worse than Sweden, Denmark, Finland and Australia and generates scarcely one third of the value for money produced by the two top performers globally: once again, Switzerland and the UK.

This is great news for British universities and British science. But it's terrible news for the British Minister for Universities and Science, David Willetts. His entire reform programme is based on the theory that market competition between public and private universities will drive up standards and drive down prices, thus increasing value for money to students and taxpayers alike. But this evidence indicates that his theory is mistaken.

If Willetts' hypothesis were true, then the US - with its famous tier of private non-profit universities and its less-celebrated tier of private for-profit universities - would outperform all the world's more-or-less purely public university systems with ease. But instead, the US offers only a fraction of the value for money produced by public university systems in the UK and elsewhere. And it follows that the Minister's hypothesis should be rejected as false, unless he can provide some equally weighty evidence to support it.

A charitable assumption at this point might be that current UK university reform plans should be regarded instead as a "radical experiment": a bold attempt to test the neoliberal theory that markets drive up value in universities. Leaving aside the question of whether gambling the future of one of the world's great university systems on an unsubstantiated theory is prudent, two other objections come immediately to mind. Can these reforms be legitimately designated an "experiment"? And will this experiment accurately test the neoliberal hypothesis underlying it?

A typical scientific experiment painstakingly alters one variable at a time, in order to determine patterns of cause and effect. Applied to university policy, a genuinely experimental approach might, for instance, increase top-down managerialism in UCL and simultaneously decrease it in Kings College, or impose the impact agenda on Cambridge while emancipating Oxford from it, to see which institution prospered as a result. But this is not what Willetts has in mind. His plan is, in essence, to alter all the terms of the equation simultaneously: rewriting the legal definition of what a "university" is, ushering into England multiple new species of for-profit "higher education service providers", completely overturning the way in which universities have been funded for half a century, burdening future students with unprecedented levels of debt, changing the entire regulatory framework and promising to phase in further radical changes in the near future.

Does this manner of proceeding merit the honorable title of "experiment"? How are even the most astute future policy makers supposed to determine which of these innumerable, simultaneously introduced changes have proved beneficial, and which harmful? Far from proving anything, the result of this exercise will be a permanent state of polemical warfare between defenders and opponents of these radical changes.

Worse still, this is an "experiment" that cannot possibly test its own hypothesis. How are we to calculate the value generated by future public investment in higher education, when we will not know how large that investment was until the unfortunate students who begin their studies in 2012-13 finally finish paying back an unknown portion of their student loans in 2045? Far from testing the hypothesis, it will be impossible for anyone to measure the value generated by current public investment in higher education until the experiment itself is suspended and a more transparent means of publicly funding universities is reintroduced.

We should to consider the significance of this new evidence very carefully, since the future of British science, and of British careers in science, is at stake.

Howard Hotson is a professor of early modern intellectual history at the University of Oxford. He is one of the signatories on the alternative higher education white paper.

¿Por qué hay tan pocos anarquistas en la academia?

http://www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/5948

David Graeber

¿Por qué hay tan pocos anarquistas en la academia?

Esta es una pregunta oportuna porque, como filosofía política, el anarquismo está creciendo rápidamente en la actualidad.

Los anarquistas o los movimientos de inspiración anarquista están surgiendo por todas partes; los principios tradicionales anarquistas –autonomía, asociación voluntaria, autoorganización, ayuda mutua, democracia directa- se encuentran desde las bases organizativas del movimiento contra la globalización, hasta en cualquiera de los movimientos radicales de cualquier lugar. Los revolucionarios de México, Argentina, India y otras partes cada vez más han ido abandonado el pronunciarse a favor de la toma del poder y han comenzado a formular ideas radicalmente diferentes acerca de lo que significa una revolución. Es cierto que en realidad la mayoría son reacios a adoptar la denominación de “anarquista”. Pero como Bárbara Epstein ha observado recientemente, el anarquismo ya ha ocupado largamente el lugar que el marxismo tenía en los movimientos sociales de los ’60: incluso aquellos que no se consideran anarquistas sienten que tienen que definirse en relación al mismo e inspirarse en sus ideas.

Casi nada de esto se ha visto reflejado en las universidades. La mayoría de los académicos pareciera que no tienen la más mínima idea acerca de lo que es el anarquismo o lo desechan apelando a groseros estereotipos: “¡organizaciones anarquistas! ¿Pero no es eso un contrasentido?” En los Estados Unidos existen algunos millares de académicos que se asumen como marxistas de una u otra especie, aunque existe apenas una docena de estudiosos dispuestos a denominarse abiertamente como anarquistas.

¿Encontraremos algunos académicos anarquistas si revolvemos un poco más? Es posible, y quizás en pocos años la academia esté atestada de anarquistas, aunque no guardo mi aliento. Parece ser que el marxismo tiene cierta afinidad con la academia que el anarquismo nunca tendrá. El marxismo fue, después de todo, el único gran movimiento social que fue inventado por un académico, aunque luego devino en un movimiento con el propósito de integrarse a la clase obrera.
La mayoría de los relatos sobre la historia del anarquismo presuponen una similitud con el marxismo: el anarquismo es presentado como la invención de ciertos pensadores decimonónicos –Proudhon, Bakunin, Kropotkin, etc.- que estaba dirigido a inspirar a las organizaciones de la clase obrera, se vio envuelto en luchas políticas, se dividió en corrientes… El anarquismo, según las versiones estandarizadas, habitualmente figura como el pariente pobre del marxismo, teóricamente un poco torpe pero compensado ideológicamente, quizás, con pasión y sinceridad. Aunque, de hecho, la analogía es forzada en el mejor de los casos. Las “figuras fundadoras” del siglo XIX no se imaginaban a sí mismos como inventores de algo particularmente nuevo. Los principios básicos del anarquismo –autoorganización, asociación voluntaria, ayuda mutua- se referían a formas de comportamiento humano que ellos suponían habían estado presentes a lo largo de la historia humana. Lo mismo corre para el rechazo del Estado y de todas las formas de violencia estructural, desigualdad o dominación -anarquismo literalmente significa “sin gobernantes”-, y para la hipótesis de que todas estas formas están relacionadas de alguna manera y se refuerzan entre sí. Nada de esto fue presentado como el comienzo de una nueva doctrina. Y efectivamente no lo fue: se puede encontrar constancia de personas proponiendo argumentos similares a través de la historia y -a pesar del hecho de que en la mayoría de las épocas y lugares había razones para creer en ello- que tales opiniones eran las menos probables de resultar escritas. Estamos refiriéndonos menos a un cuerpo de teoría, entonces, que a una determinada actitud o, quizás podríamos decir, una fe: el rechazo de ciertos tipos de relaciones sociales, la confianza de que otros tipos de relaciones serían mucho mejores para construir una sociedad digna, la creencia de que tal sociedad podría existir realmente.

Si además se comparan las escuelas históricas del marxismo y del anarquismo es posible observar que estamos tratando tipos de proyectos fundamentalmente diferentes. Las escuelas marxistas tienen autores. Así como el marxismo surgió de la mente de Marx, tenemos también leninistas, maoístas, trotskistas, gramscianos, althusserianos… (Es de remarcar como la lista comienza con jefes de estado y se diversifica en profesores franceses). Pierre Bourdieu alguna vez observó que, si el mundo académico fuese como un juego en el cual los eruditos se esfuerzan por convertirse en dominantes, entonces se podría saber quien ha sido el ganador cuando los otros estudiosos se las ingenian para componer un adjetivo a partir de su nombre. Es para preservar la posibilidad de ganar el juego, que los intelectuales insisten en continuar empleando en sus discusiones las teorías sobre de la Historia de una especie de Gran Hombre, de las que se mofarían en cualquier otro contexto. Las ideas de Foucault, como las de Trotsky, ante todo nunca son tratadas como los productos de cierto ambiente intelectual, como algo que emergió de interminables conversaciones y discusiones involucrando a cientos de personas, sino que siempre se las expone como si hubieran surgido del genio de un único hombre (o muy ocasionalmente, de una mujer).

Ahora bien, consideremos las diferentes escuelas del anarquismo. Tenemos anarcosindicalistas, anarco comunistas, insurreccionalistas, cooperativistas, individualistas, plataformistas. Ninguno es denominado en referencia aun Gran Pensador; en cambio, son denominados invariablemente por algún tipo de práctica, o la mayoría de las veces, por sus principios organizativos. (Es significativo que las tendencias marxistas que no son denominadas en referencia a un individuo, como las autonomistas o comunistas consejistas, son aquellas que se encuentran más cercanas al anarquismo). Los anarquistas prefieren distinguirse entre sí por lo que hacen y por cómo se organizan para hacer lo que hacen. Y efectivamente, esto ha sido siempre aquello a lo que los anarquistas le han dedicado a pensar y discutir la mayor parte de su tiempo. Los anarquistas nunca han estado demasiado interesados en el tipo de estrategia general a seguir o en las cuestiones filosóficas que históricamente han preocupado a los marxistas como: ¿son los campesinos una clase potencialmente revolucionaria? (los anarquistas consideran que esto es algo que corresponde decidir a los propios campesinos). ¿Cuál es la naturaleza de los bienes materiales? Los anarquistas tienden más bien a discutir sobre cuál es la forma verdaderamente democrática de organizar una asamblea, y en qué punto una organización deja de ser un instrumento de toda la gente y comienza a pisotear las libertades individuales. O también, sobre la ética de las formas de oponerse al poder: ¿qué es una acción directa?, ¿es necesario (o correcto) condenar públicamente a aquellos que atenten contra un jefe de Estado? ¿Puede el asesinato, especialmente cuando previene un desastre terrible como la guerra, ser un acto moral? ¿Cuándo está bien apedrear una ventana?

Entonces, para resumir:

1- El marxismo ha tendido a ser un discurso analítico o teórico acerca de la estrategia revolucionaria.
2- El anarquismo ha tendido a ser un discurso ético sobre la práctica revolucionaria.

No es precisamente que el anarquismo no vaya a hacer ningún uso de la alta teoría. Mejor sería decir, que está principalmente interesado por las formas de práctica, insistiendo antes que nada que los fines deben ser acordes con los medios, que no se puede generar libertad por medios autoritarios, y de hecho uno mismo, en lo que fuere posible en sus relaciones con amigos y compañeros, debe encarnar la sociedad que aspira a crear. Todo esto no cuadra demasiado bien con trabajar dentro de una universidad, quizás la única institución de Occidente aparte de la Iglesia Católica y la monarquía británica que han sobrevivido casi sin variaciones desde la Edad Media, realizando sus contiendas intelectuales en conferencias de auditorios de hoteles lujosos y fingiendo de algún modo como si todo fuera por la revolución.

Esto no significa que la teoría anarquista sea imposible

Todo esto no quiere decir que el anarquismo tenga que estar contra la teoría. Después de todo, el anarquismo es en sí mismo una idea, y una muy antigua, además. También es un proyecto que propone comenzar creando las instituciones de la nueva sociedad “dentro del cascarón de la vieja”, para desenmascarar, subvertir y socavar las estructuras de dominación, aunque siempre -mientras esto se realiza- actuando de formas democráticas que demuestren por sí mismas que esas estructuras son innecesarias. Es claro que tal proyecto tiene la necesidad de herramientas de análisis intelectual y de comprensión. Podría no ser necesario un Gran Ideario, en el sentido que hoy nos es familiar. Por cierto, el anarquismo no utilizará una única teoría, la Gran Doctrina del Anarquismo, algo que sería completamente contrario a su espíritu. En cambio, pensamos más en el espíritu de los procesos anarquistas de toma de decisiones en general, desde pequeños grupos de afinidad hasta los enormes consejos asamblearios integrado por miles de personas. La mayoría de los colectivos anarquistas operan por un procedimiento de consenso que ha sido desarrollado de varias formas para ser el exacto opuesto del voto a mano alzada, un método divisionista y sectario muy común entre otros grupos revolucionarios. Aplicado a lo teórico, esto significaría aceptar la necesidad de una diversidad de amplias perspectivas teóricas, unidas solamente por ciertos compromisos y premisas compartidas. En un proceso de consenso cada uno acuerda de entrada sobre ciertos principios generales de unidad y que son asumidos como beneficiosos para la fortaleza del grupo.

Pero más allá de esto, la hipótesis operante es que nadie puede realmente convertir a otro completamente a su punto de vista, (y probablemente siquiera debiera intentarlo) y entonces los debates deberían enfocarse en cuestiones concretas de acción, para surgir finalmente con una propuesta con la que todos puedan convivir y nadie sienta que se viola alguno de los principios básicos del colectivo.
Aquí puede observarse un paralelo: una serie de perspectivas diversas, unidas por el deseo compartido de entender la condición humana, direccionadas hacia una mayor libertad. Más que basarse en la necesidad de probar que las suposiciones fundamentales de los demás están equivocadas, busca encontrar proyectos particulares sobre los cuales reforzarse unos a otros. Sólo porque las teorías sean inconmensurables en ciertos aspectos, no significa que no puedan existir o incluso reforzarse las unas a otras, de la misma manera que individuos que tienen únicas e inconmensurables opiniones sobre el mundo no quiere decir que no puedan ser amigos, amantes o trabajar en proyectos comunes.

Más que un Gran Ideario, lo que el anarquismo necesita es lo que podría llamarse una Base de Ideas: una forma de resolver las cuestiones inmediatas que surgen de un proyecto transformador. La mayor parte de la ciencia social no nos ayuda mucho realmente en esto, ya que normalmente en las corrientes principales de las ciencias sociales esta clase de cosas son generalmente clasificadas como “contenidos políticos” y ningún anarquista que se precie tendría nada que ver con esto.

La noción de “política” presupone un estado o un aparato de gobierno que impone su voluntad sobre los demás. La “gestión política” es la negación de los “ideales políticos”, la política es por definición algo creado por alguna forma de elite, la que supone que conoce mejor que los demás como deben conducirse los asuntos públicos. Participando en los debates de la gestión política lo máximo que puede alguien hacer es poner algún límite al perjuicio que ocasiona la política misma, desde el momento en que su principal premisa es contraria a la idea de que la gente administre sus propios asuntos.

Entonces, nos formulamos la pregunta: ¿qué clase de teoría social sería realmente de interés para aquellos que estamos tratando de alcanzar un mundo en el cual el pueblo sea libre para conducir sus propios intereses?

Para empezar, diría que esa teoría habría de comenzar con algunas hipótesis. Primero, habría que partir de la suposición de que, como dice una canción popular brasileña, “otro mundo es posible”. Que instituciones como el Estado, el capitalismo, el racismo y la supremacía masculina no son inevitables, que sería posible tener un mundo en el cual ninguna de esas cosas existiese y que como resultado estaríamos todos mucho mejor.

Claro que aquí tenemos que lidiar con la inevitable objeción: que los utopismos han llevado a inmitigados horrores como el estalinismo, el maoísmo y otros idealismos que tratan de cincelar la sociedad dentro de moldes imposibles, asesinando a millones durante el proceso.

Este argumento esconde una falaz concepción: que imaginar mundos mejores sea en sí mismo el problema. Los estalinistas y todos los de su calaña no asesinaban tratando de hacer realidad grandes sueños –en verdad los estalinistas eran famosos por su escasa imaginación- sino que lo hicieron porque confundieron sus sueños con certezas científicas. Esto los llevó también a creer que tenían el derecho de imponer sus visiones por medio de la maquinaria de la violencia. Los anarquistas no proponen nada por el estilo, sino que piensan que el curso de la historia no es inevitable y que nunca se podrá alcanzar la libertad creando nuevas formas de coerción.

La segunda proposición, diría, es que cualquier teoría social anarquista debería rechazar conscientemente cualquier traza de vanguardismo. El rol de los intelectuales definitivamente no es conformar una elite que pueda arribar a correctos análisis estratégicos y que entonces lleven a las masas a seguirlos. ¿Pero si no es eso, entonces, qué? Un rol obvio para los intelectuales revolucionarios es precisamente mirar hacia aquellos que están creando alternativas viables y tratar de explicar cual podría ser la importancia de las implicaciones de su accionar, y entonces aportar las ideas, ya no como prescripciones sino como contribuciones, posibilidades. Como una ofrenda personal.

* Antropólogo anarquista, miembro de la IWW, profesor de la Universidad de Yale, con la cual tuvo un agrio conflicto laboral en 2005, por lo que se llevó a cabo una campaña de solidaridad internacional. Actualmente enseña en el Goldsmith Collage, Universidad de Londres.

Traducido por P.R. y extractado de Fragments of an Anarchist Anthropology, 2004, Chicago.

Publicado en ¡LIBERTAD! Nº 44, septiembre-octubre/07.

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Anarchism. George Woodcock