jueves 25 de febrero de 2010
El burka o la aparición prohibida
¿Qué es un ser humano? Respuesta: una cara. Es posible definir al hombre con una multitud de características como pueden ser la razón (Aristóteles), el trabajo (Marx), el deseo (Spinoza), la política (otra vez Aristóteles), la inventiva técnica (Bergson), el ser (Heidegger), pero parece que nada se aproxima tan esencialmente a la verdad humana como la afirmación de Levinas: el ser humano es un rostro. Antes que ser razón, trabajo, deseo, animal político, animal trabajador, animal artesano, etc. Todo hombre, en el sentido genérico de la palabra, es una cara. Hay que tomar nota que Dios, en la Biblia, es aquel cuyo rostro no muestra y al que nadie puede ver nunca la cara: Deus absconditus.Un artículo de Robert Redeker.
3 comentarios:
La filósofa estadounidense Martha C. Nussbaum sostiene en su interesante libro 'Libertad de conciencia' que en una democracia liberal no cabe prohibir el burka, pues los ciudadanos tenemos derecho a ir por la calle con la ropa que nos apetezca aunque nos tape la cara (en Nueva Inglaterra muchos viandantes suelen ocultar casi todo el rostro con gorros y bufandas).
Vaya por delante que yo soy antiislam, pero me parece que el enfoque de Nussbaum es correcto: prohibir llevar burka por la calle sería una medida abusiva.
La tal Nussbaum se equivoca gravemente, porque el burka no es una vestimenta más, es un signo y un acto de opresión incompatible precisamente con la democracia liberal y los valores que defiende, que no pueden ser totalmente neutros. Esto aparte de los problemas de seguridad público que plantea una vestimenta que oculta la identidad.
En una sociedad con múltiples objetivos de libertad, bienestar, seguridad, ... no es en general posible tomar decisiones basadas en un único criterio, sino que habrá que ponderar varios.
Del criterio de "libertad de vestimenta" podrá deducirse la libertad de llevar un burka. Pero hay más criterios que considerar.
Si sabemos que es un hecho que la mayoría de las mujeres lo llevan por presiones o imposiciones contrarias al consenso de lo que son los valores de una sociedad abierta y democrática, puede tener sentido prohibirlo a pesar de que algunas pocas lo lleven voluntariamente. La libertad de esas pocas es el coste que pagar por la libertad de las otras. Hay que optar, puesto que no será fácil una norma que complazca a todas.