jueves, 15 de octubre de 2026

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** CJS_PROPUESTAPOLITICA.pdf


** Introducción 

El desarrollo económico del modo de producción capitalista revela inevitablemente sus límites históricos. Hoy, en un mundo de barba rie triunfante, las relaciones de producción sostenidas sobre la explota ción del trabajo vivo se revelan crecientemente como un anacronismo, un obstáculo para el libre desarrollo de las potencias de la humanidad. Esta tendencia, fundada en el despliegue de las contradicciones de la acumulación capitalista, marca el terreno en el cual el proletariado tendrá que desarrollar su acción política. Una tendencia que se realiza hoy en la compulsión por intensificar la explotación del trabajo, la agudi zación de la desposesión del proletariado y el reforzamiento de su subor dinación política, desplegada bajo la forma de la actualización autorita ria del sistema en su conjunto. Mientras los tambores de guerra anuncian un futuro de conflictos bélicos globales, tanto el ala izquierda como el ala derecha de la burgue sía se encargan de preservar el dominio de clase y sus condiciones en un modo de producción en crisis. En este claroscuro, mediado por el declive del bloque imperialista occidental, las fuerzas más reaccionarias comienzan a enseñorearse en el panorama político, aspirando a ser los más fieles esbirros del capital en su lucha global contra el trabajo. La sociedad de clases se abisma hoy hacia la guerra total y la catás trofe ecológica. La barbarie se impone a todos los niveles, convirtiendo el presente en toda su crudeza en la antesala de un futuro aún más crudo. Solo la acción política independiente y revolucionaria del proleta riado global puede sacar a la humanidad de esta encrucijada, convir tiendo la barbarie capitalista en una sociedad de individuos libres y las fuerzas productivas de la humanidad en un medio para el pleno desa rrollo de todos. La recomposición del proletariado, hoy fragmentado y débil, en clase política revolucionaria es por tanto la más inmediata de las grandes tareas de nuestro tiempo. 

1 bases E S T R A T E G I A estratégicas 

 1.1 - Fundamentos estratégicos Los fundamentos de la estrategia del marxismo revolucionario son los siguientes: 

 1) La emancipación del proletariado, la construcción de una socie dad sin clases ni opresiones, es la emancipación de la humanidad. 

 2) La emancipación del proletariado solo puede ser obra del prole tariado mismo. 

 3) Solo en el socialismo puede hacerse efectiva la autoemancipa ción del proletariado, y solo la autoemancipación del proletariado como clase internacional puede dar lugar al socialismo como orden civilizato rio superior, basado en la supresión de las clases y la apropiación colec tiva de los medios de producción por parte de la asociación de individuos libres, capaces de organizar de forma consciente y colectiva su metabo lismo con la naturaleza. 

 4) La emancipación del proletariado pasa por su acción política independiente, orientada a la conquista del poder político como medio necesario para la construcción plena del socialismo. 

 5) El socialismo puede surgir únicamente por la acción revolucio naria del proletariado organizado en un partido político distintivo. La acción política independiente requiere, en definitiva, de la construcción de un Partido propio, donde se consuma la unidad entre el movimiento del proletariado y el socialismo, y con ella su independencia como clase consciente de su programa histórico. La constitución del proletariado en Partido comunista es indispensable para asegurar el triunfo de la revolu ción social y su objetivo último: la sociedad sin clases. La lucha de clases toma su forma acabada con la constitución del proletariado en Partido Comunista. De este modo el proletariado se organiza de forma efectiva como sujeto político independiente, capaz de orientarse hacia la realización de su programa. Esta realización pasa necesariamente por la conquista del poder político; esto es, por la crea ción del Estado socialista o Estado-comuna como forma política de la construcción del socialismo. De ahí que el Partido Comunista y el Estado Socialista –la dictadura del proletariado– sean los conceptos estraté gicos centrales del marxismo revolucionario. El proletariado debe cons tituirse en Partido para conquistar el poder político y llevar a cabo la construcción del socialismo. La construcción del Partido comunista inter nacional es hoy la más inmediata de sus tareas históricas. De no comple tarse, este se verá condenado a la pasividad y la impotencia frente a la barbarie capitalista. 

1.2 - Conceptos estratégicos 1.2.1 El Partido Comunista Los pilares del concepto de Partido del marxismo revolucionario son los siguientes: 

 1) La conciencia socialista, cuya fuente es la teoría revolucionaria, como medio de organización de la práctica. El proletariado solo puede adquirir conciencia de sus tareas y objetivos históricos si su experien cia es mediada por una forma de conocimiento capaz de expresar su papel en la lucha de clases, sintetizar las condiciones para su emanci pación y organizar su acción en consecuencia. La conciencia socialista es, por lo tanto, la conciencia de los objetivos del proletariado revolucio nario y los medios para llevarlos a cabo, y se fundamenta en el ejerci cio científico colectivo y permanente orientado a la transformación de lo existente; ejercicio cuyo criterio de verdad es la práctica. La forma de conocimiento que sustenta la conciencia socialista viene constituida por la unidad interna de los siguientes elementos, ordenados desde lo más general y abstracto hasta lo más particular: 1) la concepción materia lista y dialéctica –esto es, científica– de la realidad 2) la crítica de la economía política como forma concreta que el conocimiento dialéctico toma necesariamente, a través de la cual se aprehenden las determina ciones de nuestro ser social; 3) los desarrollos de las ciencias naturales junto con los desarrollos más particulares de la crítica de la economía política, por un lado; y por otro la crítica de la política como mediación a través de lo cual todo lo anterior se concreta –sintetizando críticamente la experiencia histórica del proletariado y las condiciones a las que se enfrenta nuestra práctica– en la organización de la acción revoluciona ria, uniendo los medios del presente con los fines del comunismo. 

 2) La independencia política del proletariado frente al Estado y los Partidos de la burguesía y las clases medias, fundada en su plena inde pendencia teórica y organizativa. 

 3) Su carácter hegemonista y de masas, que lo convierte en el partido de la clase revolucionaria, enfrentándolo diametralmente con el modelo blanquista-bakuninista de minorías conspirativas. El Partido Comunista solo puede ser un Partido Comunista de masas, solo llega a serlo cuando es el partido de amplios sectores del proletariado, cuando la conciencia de clase se ha extendido en su seno, y solo puede considerarse el Partido revolucionario de ofensiva, capaz de tomar el poder, cuando representa la voluntad histórica concreta de la mayoría de la clase revolucionaria. El partido no es sino el movimiento consciente y políticamente centralizado de la clase, a través del cual esta se orienta hacia su emancipación. Por ello mismo, el carácter de masas del Partido no está en contradic ción con la necesidad de cuadros revolucionarios, sino que la presupone. Los cuadros componen el esqueleto organizativo del Partido y se carac terizan por su adhesión total y consciente a la causa revolucionaria. Por último, cabe destacar que el Partido constituye, en tanto que relación entre las masas proletarias y sus elementos más avanzados, la vanguar dia interna de la clase en la lucha por el socialismo. 

 4) El centralismo democrático como forma organizativa, garante de la unidad necesaria para cumplir los objetivos del proletariado. El centra lismo democrático, sostenido sobre el principio de “libertad de discu sión, unidad de acción” convierte al partido revolucionario en un agente unitario, impidiendo que las luchas del proletariado sean desbaratadas por la incoherencia de sus esfuerzos y que los intereses privados y egoís tas de los individuos se superpongan a la voluntad colectiva, a la vez que construye esta unidad a través de la discusión, el debate racional y la participación activa del proletariado organizado en los procesos de toma de decisión. Además, el centralismo democrático consiste en la unidad de todas las organizaciones del proletariado revolucionario en torno a la dirección estratégica del partido. La unión centralizada y democrática de todas las organizaciones revolucionarias permite tanto la unidad estra tégica de todo el movimiento como la adopción de una táctica general unificada, a través de la cual el proletariado revolucionario puede orga nizar su lucha de forma coherente y cohesionada. 

 5) El internacionalismo proletario, fundado en la conciencia de la naturaleza del proletariado como única clase política realmente inter nacional y en el carácter igualmente global del capital. De ella se sigue la necesidad de la acción política a nivel internacional y la consiguiente organización del Partido como Partido Internacional del proletariado, del que los diferentes destacamentos no son sino subdivisiones. 

 6) El Estado-Socialista o Estado-Comuna como forma política de la construcción del socialismo. Entre el modo de producción capita lista y el comunismo media una etapa de transición revolucionaria cuya forma política es necesariamente la dictadura del proletariado, donde la base económica capitalista es negada por el socialismo en construc ción. El Partido marxista revolucionario no aspira a gestionar el Estado de la burguesía sino a destruirlo, sustituyéndolo por órganos de poder polí tico proletario. Como poder político del proletariado el Estado socialista consuma la expropiación de los expropiadores e instaura un modelo de democracia revolucionaria donde los trabajadores ejercen su gobierno, capaz de sentar las bases de un nuevo modo de producción basado en el trabajo asociado. El cambio en el contenido de clase del Estado implica a su vez un cambio en la forma del Estado, y de nuevo no hay nada de marxista en la identificación del Estado socialista, ese “Estado que ya no es un Estado”, con un aparato burocrático erigido sobre la socie dad y ubicado más allá de su control–en quien quiera, en otras palabras, concebirlo como algo distinto del poder político del proletariado. Por último, solo el poder político internacional del proletariado puede hacer efectiva esta transición revolucionaria, por lo que las tomas de poder localizadas deben entenderse como movimientos tácticos dentro de una estrategia necesariamente internacional. 

 1.2.1 El Estado Socialista En consecuencia, los fundamentos del Estado socialista o Esta do-comuna como forma del dominio de clase del proletariado son los siguientes: 

1) La expropiación de los expropiadores, que comienza por la expropiación del gran capital en su conjunto y es consumada con la completa socialización de los medios de producción privados. En la fase de Estado socialista todo el aparato productivo pasa progresivamente a manos de las instancias de poder político del proletariado autoorgani zado. 

 2) La superación de la división entre Estado y sociedad, carac terística definitoria del Estado de la burguesía, aboliendo la división de poderes burguesa y construyendo formas de poder político que expre sen la voluntad del proletariado autoorganizado. Construyendo, en defi nitiva, una democracia revolucionaria, consumada en la plena revo cabilidad y elección universal de todos los cargos del aparato estatal y en la participación de las masas en la vida pública y los asuntos de gobierno. Lo anterior incorpora la gestión democrática y centralizada de la producción, que pasa a ser supervisada por los productores y orga nizarse a escala creciente en torno a planes colectivamente decididos, medio necesario para la progresiva construcción económica del socia lismo como negación de todas las categorías del capital. 

 3) El carácter mediador del Partido comunista la herramienta política central del proletariado revolucionario, encar gado de dar coherencia y unidad al proceso. Toda forma de poder polí tico se sostiene sobre los partidos o fuerzas históricas que lo compo nen: el Partido del Orden, bajo la dictadura de la burguesía; el Partido de la Revolución, bajo la dictadura proletaria. En la fase de Estado socia lista el aparato productivo expropiado al capital se funde con la plata forma político-económica que incorpora el Partido Comunista de masas, fundado en la organización consciente del trabajo militante. 

 4) El uso del poder político para defender la revolución frente a sus enemigos y vencer la resistencia organizada del enemigo de clase. La maquinaria burocrático-militar del Estado capitalista es disuelta para sustituirse por órganos de poder político proletario y la milicia obrera como garante del mismo. 

 5) La construcción del socialismo a través de la consumación progresiva de la capacidad de los productores para someter la produc ción a su control consciente y colectivo, socializando plenamente el trabajo social y fundando una sociedad comunista basada en el princi pio de “cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”, donde la división entre el trabajo manual e intelectual, así como todas las categorías que dividen y jerarquizan a la humanidad, haya sido abolida. El socialismo no consiste meramente en la transformación de las relacio nes jurídicas de propiedad, sino en la transformación de las relaciones de producción, y solo aquellas formas estatales que participen de esta transformación pueden entenderse rigurosamente como ejemplos de un gobierno revolucionario de transición: la dictadura del proletariado. 

 6) La proyección internacional, como único medio para que lo anterior pueda hacerse efectivo. Los asaltos al poder territorialmente localizados son avances tácticos dentro del movimiento estratégico internacional hacia el poder proletario, y solo este último puede encar nar realmente un gobierno revolucionario capaz de sentar las bases para la superación del poder global del capital. Al igual que sucede con el Partido, los diferentes Estados socialistas solo pueden entenderse como subdivisiones del poder proletario internacional, y el Estado Socialista solo adquiere su forma acabada al establecerse a nivel internacional. 

7) La transitoriedad, al tratarse de un Estado destinado a extin guirse cuando la sociedad de clases capitalista haya sido plenamente sustituida por un modo de organización social basado en la asociación de individuos libres. 

1.3 - Sobre la lucha de clases La condición proletaria viene determinada por su separación con respecto a los medios de producción y subsistencia. El proletariado no puede reducirse al conjunto de los asalariados, sino que es conformado por todos aquellos que dependen del fondo de salarios para su supervi vencia, al carecer de medios de producción en propiedad. Es la clase cuya función social consiste en ser fuerza de trabajo disponible para el capi tal, independientemente de que este la utilice o no, la clase de quienes no poseen más que su fuerza de trabajo. A su condición existencial como desposeídos se le suma su posición estructural como productores de todo plusvalor, la sangre que mantiene con vida el sistema capitalista de dominación de clase. Se trata, además, de la única clase que solo puede actuar como clase política en tanto que clase internacional, sin perjui cio de sus diferencias étnicas, nacionales y culturales, en contraste con una burguesía cuyo carácter internacional viene mediado por su feroz competencia interna y la necesidad de organizarse en bloques de poder separados (Estados-nación y supraestados), con una clase media igual mente dependiente de la forma-Estado burguesa y con un campesinado –hoy menguante– directamente vinculado a la propiedad de la tierra. El proletariado es la única clase que solo puede emanciparse apropiándose colectivamente de los medios de producción a escala internacional y emancipando así a la humanidad a través de la abolición de las clases. Si bien las instituciones para la lucha económica representan la forma de autoorganización más inmediata del proletariado, solo la orga nización política –articulada territorialmente y capaz de englobar todos los aspectos de la existencia del proletariado– puede expresar realmente la unidad de la clase como clase, sus intereses independientes, su exis tencia como clase política, dotada de un programa histórico propio. La organización política permite articular los intereses de la clase en su conjunto, en lugar de los intereses de uno u otro grupo dentro de la misma. Permite, en otras palabras, organizar las luchas del proleta riado como luchas de clase al nivel de lo general, dirigidas hacia el fin del socialismo, articulándolas en torno a una estrategia unitaria. Orga nizarlas como luchas políticas, donde el antagonismo de intereses se convierta en el antagonismo consciente entre dos programas históri cos en pugna: la perpetuación de la dominación de clase o su supera ción revolucionaria. El proletariado no puede conformarse con las luchas de resistencia, destinadas a hacer más llevadera su existencia como clase explotada. Debe, por el contrario, articular sus luchas dentro de una estrategia política general orientada hacia su emancipación como clase. 

16 BASES POLÍTICAS La lucha de clases es el modo de existencia del capitalismo como modo de producción sostenido sobre el antagonismo de clases, pero solo alcanza su forma acabada y consciente cuando el proletariado se orga niza en Partido Comunista. Solo así se convierte en la lucha entre dos proyectos históricos antagónicos. Las luchas del proletariado abarcan todos los aspectos de su exis tencia social, y engloban por ello la lucha contra todas las formas de dominación y opresión bajo cuyo yugo pervive. La abolición de la opre sión de género, el racismo, la opresión nacional y la dominación polí tica como un todo constituyen, por lo tanto, parte integral del programa histórico del proletariado, insertándose en su lucha por su emancipación. La unificación del proletariado en torno al programa comunista requiere necesariamente combatir los medios a través de los cuales se imponen divisiones en su seno. El proletariado solo puede constituirse en clase política cuando supera la fragmentación y atomización a la que la burguesía querría condenarle, relegándolo a la sumisión y la pasividad. Pero la fragmenta ción no puede superarse por decreto, ni cabe hablar de la constitución efectiva de un Partido sin haber consumado la organización del prole tariado como sujeto político. La tarea de la fase de movimiento socia lista es precisamente la recomposición política del proletariado en torno al programa comunista: su constitución en clase política, consciente de la necesidad del socialismo. Lo que, en otras palabras, la fórmula clásica habría llamado la fusión entre socialismo y movimiento proleta rio, donde se consuma la constitución del Partido. La realización de esta tarea requiere de la organización de las luchas del proletariado como momentos de la lucha de clases consciente, superando las ideologías y formas organizativas que lo subordinan los intereses de otras clases, perpetuando así su dominación. El objetivo estratégico de la fase de movimiento socialista es, en consecuencia, la constitución del Partido Comunista. Todos los medios del presente –el despliegue táctico– deben orientarse hasta este fin, donde se hace efectiva la independencia política del proletariado y su capacidad para poner sobre la mesa su programa histórico. 

2 BASES POLÍTICAS 18 T Á C T I C A bases tácticas 

2.1 - La via de la independencia política La fragmentación del proletariado tiene su reverso en su subordi nación política con respecto a los partidos de la burguesía y las clases medias. Privado de una política propia, el proletariado es reducido al papel de convidado de piedra en un juego sostenido sobre su explota ción, donde la política se convierte en una batalla estrictamente inter burguesa, canalizada a través del Estado de la burguesía, el derecho burgués, los medios de comunicación de la oligarquía y el conflicto mili tar. Izquierda y derecha del capital se enzarzan entre sí mientras ambos bloques actualizan conjuntamente el saqueo al salario, la desposesión creciente, la aniquilación de los derechos políticos y sociales de la clase trabajadora, el autoritarismo político y la escalada bélica. El primer paso hacia la superación de la dependencia económica del proletariado con respecto al capital consiste en subvertir su depen dencia política con respecto a las fuerzas capitalistas. El adversario más inmediato a este respecto es el ala izquierda del capital, los parti dos de la burguesía y las clases medias (aristocracia obrera y pequeña burguesía) que representan la opción reformista dentro del capitalismo, subordinando los intereses y formas organizativas del proletariado a los intereses del capital y el Estado. La característica central del ala izquierda del capital es su acep tación incondicional de la línea política del oportunismo reformista, consistente en promover la colaboración de clases con vistas a poder gobernar el Estado burgués. Esta línea política esconde su defensa del programa de las clases medias en la falacia de una posible concilia ción de los intereses de clase, un interclasismo que constituye el santo y seña del democratismo pequeñoburgués al que ha quedado históri camente soldado el término socialdemocracia, y se realiza a través del cretinismo parlamentario –consistente en alimentar la ilusión según la cual el parlamento y las instituciones burguesas serían el medio e instru mento privilegiado y autosuficiente de transformación social—y el sindicalismo corporativo, orientado a la defensa de los intereses grupales de una minoría de la clase a costa de los intereses de la clase en su conjunto. Al convertir la reforma en un fin en sí mismo y guardar lealtad absoluta al propio Estado burgués, presentado como medio último de la acción polí tica, la socialdemocracia abjura abiertamente del socialismo y la revolu ción, quedando insertada dentro del programa histórico de la burguesía. Se retrata así como el actor cuyo objetivo es perpetuar la dependencia del proletariado con respecto al capital y el Estado capitalista, eternizar su subordinación política y su separación con respecto a los medios de producción a través de una política de concesiones parciales (que divide necesariamente a una clase trabajadora que es internacional por naturaleza, favoreciendo o bien solo a un segmento de los obreros de un país o bien a los obreros de un país sobre los obreros de otros). Socialdemocracia, en definitiva, equivale a dependencia de clase, mientras que solo el comunismo representa los intereses generales de la clase trabajadora como sujeto internacional –los intereses universales del proletariado, por encima de toda división en términos de posición en el mercado labo ral, país, género o raza. 

La voluntad socialdemócrata de gobernar el propio Estado burgués –la forma de poder político de la burguesía– en lugar de destruirlo y el interclasismo que le es intrínseco conducen necesariamente al nacio nalismo, a la promoción de los intereses del propio Estado-nación y los propios capitales nacionales en su pugna global con otros Estados en abierta traición a los intereses internacionales de la clase trabajadora. La vía reformista del colaboracionismo de clase y el chovinismo anti-in ternacionalista encontraron su expresión barnizada de “comunismo” en la política del “socialismo en un solo país” y la táctica frentepopulista (la alianza con los sectores “progresistas” de la burguesía y las clases medias con fines “democráticos”, sostenida sobre la autocensura de las posturas comunistas y la renuncia general a la independencia de clase). A día de hoy la socialdemocracia preserva su hegemonía sobre un proletariado pasivizado, no ya en la forma de los grandes partidos reformistas de mediados del siglo pasado, sino más bien al constituir la única alternativa política al gobierno del bloque burgués “de derechas”. El fundamento económico de esta hegemonía, constituido en las últi mas décadas por la financiarización, la expansión del crédito y el acceso a la propiedad, está hoy quebrándose. Sin embargo, con independencia de su mayor o menor radicalidad retórica, la mayoría de los movimien tos sociales se mueven hoy bajo el ala política de la socialdemocracia, en ausencia de una alternativa política y social independiente. La unidad de movimentismo y parlamentarismo es de facto un medio para bloquear la constitución de esta alternativa, convirtiendo, por acción u omisión, a la socialdemocracia en el único referente político real de los movimientos de masas. La socialdemocracia preserva su yugo sobre estas últimas a través de 

1) su hegemonía político-cultural al nivel del conjunto, en pugna con la hegemonía del ala derecha del Partido del Orden, pero sostenidas ambas sobre la hegemonía general del programa burgués; 

2) Un conjunto de instituciones –burocracias sindicales, escuelas de cuadros, diversos organismos “movimentistas”, etc.– que representan esencialmente los intereses de las clases medias y el capital en el seno de los movimientos de lucha existentes. Este último, y muy especialmente su flanco de lucha existentes. Este último, y muy especialmente su flanco izquierdo, es el eslabón más débil de la cadena con la que la socialde mocracia atenaza al proletariado, y el primero donde debe consumarse una ruptura política integral con la misma y las formas instituciona les que la sostienen, en una era en la que las condiciones objetivas de su hegemonía comienzan a quebrarse. La vía de la independencia polí tica recorre sus primeros pasos al consumarse la ruptura política con la socialdemocracia y sus instituciones corruptas por parte de los secto res más avanzados de la clase, antesala necesaria de una ruptura polí tica de masas, lo que requiere de la construcción de un genuino referente político independiente, una amplia estructura de organizaciones, políti camente centralizada, a través de la cual el proletariado pueda llevar a cabo su maduración como clase política. La única ruptura política real con la socialdemocracia es aquella que la debilita políticamente y apunta a la construcción de una alterna tiva independiente de masas. Para ello los destacamentos comunistas conscientes de esa necesidad deben asimilar en profundidad el socia lismo científico, desarrollándolo para poder dar una respuesta concreta a cada uno de los desafíos del presente, unirse en torno a una estra tegia socialista actualizada, sostenida sobre la teoría revolucionaria, y construir sobre esta base instituciones y medios de lucha unificados en torno a un movimiento político capaz de preparar al proletariado para constituir una alternativa real al orden capitalista. Deben, en otras pala bras, construir un armazón organizativo centralizado e independiente un movimiento socialista– a través del cual el proletariado pueda cons tituirse en clase política, capaz de luchar por sus objetivos históricos. El movimiento funciona de este modo como andamiaje del Partido revolu cionario en construcción, unificando al proletariado hasta consumar su constitución en sujeto político independiente. 

2.2 - Lucha política y acumulación de fuerzas El proceso socialista, como proceso de construcción revoluciona ria del socialismo, solo podrá relanzarse con una táctica adecuada de acumulación de fuerzas organizada en torno a la rearticulación política del proletariado. El poder burgués tiene su núcleo en la extracción de plusvalor a los productores directos, posibilitada por la separación entre los producto res y los medios de producción, y sin embargo se ramifica hasta abarcar la totalidad social. Para que el proletariado pueda convertir sus luchas contra las diferentes formas de manifestación del poder burgués en un movimiento unitario contra la sociedad de clases capitalista y las opre siones que este reproduce inevitablemente, la independencia política debe ser el eje central de sus luchas, concentrando sus esfuerzos en torno a un programa político unitario y evitando así que la incoherencia de sus esfuerzos acabe redundando en su impotencia política y social, que tiene su contraparte en su asimilación al marco estatal-capitalista. La ideología burguesa sanciona y naturaliza la escisión real del proletariado en torno a roles sociales diferenciados, constituyendo un nexo de falsa conciencia que ata sus luchas a un paradigma intercla sista y fragmentario donde la clase trabajadora no es más que un peón de la burguesía y las clases medias. La ruptura con el interclasismo y la ideología burguesa que le da cobertura requiere de un nuevo modelo de acumulación de fuerzas estructurado en torno a la independencia polí tica del proletariado como proyecto político en expansión. 

 — En lo que a las luchas económicas respecta, el modelo tradeu nionista-economicista, donde la organización política se convierte en un apéndice de las instituciones de resistencia, o incluso se disuelve asumiendo que la propia lucha económica llevaría espontáneamente a la lucha política, debe ser superada en favor de un modelo político capaz de establecer el vínculo entre las luchas del proletariado y el objetivo final del socialismo, de modo que el aumento de la capacidad del prole tariado para defender sus intereses inmediatos pueda ser, a su vez, su reforzamiento como sujeto dotado de un programa histórico propio. En este modelo, la promoción de la lucha en torno a todas las modalidades de salario (directo, indirecto y diferido) y por la reducción de la jornada de trabajo, elemento primordial de la lucha de clases, queda vinculada a la demanda estratégica de la abolición del trabajo asalariado y la nece sidad de unas condiciones de vida que permitan el pleno desarrollo de cada individuo. 

— Las políticas interclasistas del feminismo hegemónico y las luchas LGTBQ, unidas en torno a la apelación a sujetos abstractos e interclasistas bajo los cuales se ocultan la agenda e intereses de las clases medias, deben ser superadas en favor de una estrategia inte gral donde la emancipación de la mujer trabajadora y otras subjetivida des oprimidas existentes en el seno del proletariado con respecto a las formas de opresión específica que sufren y la superación de la opresión de género como un todo (incluida la institución familiar burguesa que le da sustento) sean comprendidas como parte de la lucha del proletariado por la emancipación completa de la humanidad. 

 — La ambigüedad política propia del “ecologismo”, capaz de funda mentar movimientos interclasistas y despolitizados o blanquear a parti dos de la izquierda burguesa, debe ser superada combatiendo la idea absurda de un capitalismo verde y vinculando la lucha contra la devas tación ecológica provocada por el capital con el único medio posible de superarla: el socialismo como organización consciente de nuestro meta bolismo con la naturaleza. 

 — La lucha contra el fascismo deberá romper con un paradigma antifascista identificado con el frentepopulismo, la abjuración de la inde pendencia de clase en favor de un pacto interclasista con los secto res “progresistas” de la burguesía y las clases medias, pacto que solo alimenta a una socialdemocracia cuya acción política reproduce cons tantemente las condiciones que dan lugar al fascismo, y convertirse en un momento necesario de la organización política del proletariado revo lucionario, capaz de someter a escala creciente al enemigo de clase y sus esbirros. 

 — La lucha contra la opresión nacional deberá ser igualmente desvinculada del paradigma interclasista/frentepopulista, convirtiendo la autodeterminación en la autodeterminación de la clase trabajadora de las naciones oprimidas y no en el derecho formal de las clases propie tarias a un Estado capitalista propio. La lucha contra el imperialismo deberá abordarse igualmente desde la independencia de clase, apun tando a nuestro propio bloque imperialista y mostrando su papel en la división internacional del proletariado sin por ello sancionar una táctica frentepopulista que ha demostrado sobradamente su incapacidad para alcanzar la emancipación. La lucha del proletariado debe estar guiada por un estricto internacionalismo, lo que en nuestro contexto particular requiere, como momento de la solidaridad con los proletarios de todos los países y la promoción de la articulación política internacional del proletariado, la lucha contra nuestro propio bloque imperialista y la necesidad de construir el Partido del proletariado europeo, único capaz de organi zarse al nivel supraestatal en el cual la burguesía de este bloque encuen tra la síntesis política de su poder (así como, en relación con lo anterior, la escala más inmediata en la que debe abordarse en nuestro contexto la cuestión de una conquista efectiva del poder político, desde la conscien cia de la necesidad de que esta sea internacional). 

— La lucha contra el racismo y toda forma de discriminación y opresión vinculada al lugar de origen o la apariencia física debe ser también arrancada de la matriz interclasista donde intentan enclaus trarla las clases medias para convertirla en una expresión de la solidari dad y la lucha conjunta del proletariado, con independencia de su lugar de origen, tanto a nivel internacional como en el seno de cada estado particular. 

 — La lucha estudiantil, tendente por naturaleza, en su aislamiento, a organizarse como movimiento de clases medias en torno al “estudiante” como sujeto abstracto, oscilando entre el demandismo ciudadanista y la radicalidad vacía, deberá enfocarse desde un nuevo paradigma, convir tiendo al estudiante-trabajador en su sujeto y atando la actividad polí tica dentro de los centros de estudio con las luchas y necesidades gene rales de la organización socialista del proletariado articulada a escala de los espacios de vida y trabajo. En otras palabras, todas estas luchas deben tener su centro en la lucha política, que es aquella que se organiza al nivel de lo general, apuntando siempre a la cuestión del poder político y la necesidad de su conquista por parte del proletariado, y entenderse por lo tanto como movimientos tácticos dentro de un marco estratégico general, política mente centralizado. La tarea del presente es demostrar para cada una de estas cuestiones la superioridad de los planteamientos tácticos y estratégicos del comunismo, así como de su plasmación práctica, siendo capaces de explicar cada una de ellas desde el socialismo científico, revelando las diferentes formas de opresión como modalidades del poder burgués y la lucha política como el único medio para darles respuesta, y desplegando adecuadamente un modelo de acumulación de fuerzas capaz de bloquear estas formas de opresión específicas y su función general en la perpetuación del sistema de clases. La organización independiente del proletariado tiene, en definitiva, que convertirse en el referente político de la lucha contra opresión, demostrando en la práctica a cada subjetividad oprimida dentro del proletariado que el comunismo es la herramienta más eficaz para luchar contra la opresión y que la unificación de sus luchas en torno a la estrategia general de la autoemancipación del proletariado es la única vía para cumplir con sus objetivos. La mediación necesaria de lo anterior es la constitución de una base de cuadros políticos realmente apta para actuar como tribunos de los oprimidos. Frente al nefasto modelo de grupos comunistas organizados como sectas completamente desvinculadas de la realidad, las organizaciones socialistas deben ser capaces de vincular las necesidades cotidianas del proletariado con el programa revolucionario. El movimiento debe, para ello, demostrarse capaz de impulsar las luchas del proletariado y las posiciones proletarias dentro de las luchas existentes a través de la propaganda estratégica, la habilidad para fomentar la solidaridad de clase y su concentración de recursos comu nicativos, técnicos y logísticos, preservando siempre su independencia teórica y organizativa y la defensa pública de su programa y objetivos, e incentivando a quienes participan de ellas a superar sus luchas en la lucha política. Finalmente, es absolutamente necesario que el movimiento adquiera las competencias y medios económicos, logísticos y técnicos que permi tan garantizar su independencia con respecto al Estado, construyendo un tejido institucional ramificado en todas las esferas de la vida social que pueda constituirse a nivel creciente en un centro de autogobierno del proletariado revolucionario. Lo anterior implica poner en marcha la plataforma técnico-productiva capaz de otorgar un fundamento mate rial a esta independencia a la escala posibilitada por cada fase concreta del proceso socialista. 

2.3 - Sobre la juventud Las organizaciones del proletariado juvenil socialista deben ser embriones del Partido comunista en construcción, un pilar central del andamiaje sobre el cual se constituirá el Partido. Para poder cumplir este papel, habrán de combinar eficazmente el trabajo político en torno a cuestiones de carácter general con la aten ción a las problemáticas específicamente juveniles, esto es, a la situa ción particular de la juventud proletaria. 

2.3.1 La juventud como factor económico El capital se vale de toda forma de división entre los trabajadores para su propio beneficio, lucrándose especialmente de aquellas condicio nes que dejen a sectores del proletariado particularmente desamparados frente a su poder. Este ha sido históricamente el caso del trabajo infan til y también de las condiciones especiales impuestas a los trabajado res jóvenes, que siempre han sido objeto de condiciones laborales degra dadas. Juventud y precariedad van de la mano: la entrada al mercado laboral constituye, en líneas generales, su segmento con peores condi ciones. En muchos casos esto toma la forma de sobreexplotación, lo que significa que la fuerza de trabajo juvenil se paga a menudo por debajo de su valor, fenómeno palpable, al nivel de la superficie económica, en cuestiones como la creciente incapacidad para independizarse, que no es sino una expresión de que el salario percibido no cubre las condicio nes para la reproducción autónoma de la propia fuerza de trabajo. La existencia de mecanismos estructurales orientados a evitar que los jóve nes se organicen en defensa de sus condiciones de trabajo –“periodos de prueba”, facilitación del despido, sistemas de prácticas impagadas y fragmentación de la fuerza laboral, especialmente aguda en los ámbitos más precarios del sector terciario a los que la juventud proletaria accede masivamente– garantiza la perpetuación de esta situación. Se conso lida, a su vez, la existencia de puestos de trabajo que, por la miseria de sus condiciones y su absoluta precariedad, se asocian naturalmente con la juventud, al convertirse a menudo su “inexperiencia” en garantía de que esta sea la única clase de trabajos a la que podrían acceder. Paradójicamente, el capital justifica la sobreexplotación de la juventud, históricamente encarnada en las figuras del aprendiz, el beca rio, etc., en base a su falta de experiencia laboral o formación, esto es, en base a su insuficiente experiencia como explotado o su insuficiente capacitación para ser adecuadamente explotado. Los procesos formati vos en el ámbito laboral consisten en un intercambio en el cual el trabajador entrega un trabajo a menudo íntegramente impagado a condición de poder insertarse en el futuro en la dinámica de explotación “normal”, donde su fuerza de trabajo pueda por fin pagarse a su precio (la genera lización del fenómeno de los “trabajadores pobres”, esto es, trabajado res cuyo salario no les basta para reproducirse, entre todos los segmen tos de edad muestra que esta promesa es a menudo ilusoria). Un proceso “formativo” que no requiere ni siquiera en todos los casos de la adquisi ción de competencias técnicas, sino de la simple capacidad de demos trar haber pasado por suficientes aros como para poder presentarse como trabajador funcional (lo que se conoce habitualmente como “tener experiencia laboral”). Además, la existencia de jóvenes “dispuestos”, por su condición estructural, a aceptar peores condiciones salariales se convierte en un mecanismo de disciplinamiento para trabajadores de mayor edad. Por otro lado, la dualización del mercado laboral –presente en ciertos sectores– en torno a una mayoría precarizada y una minoría más esta ble, habitualmente de mayor edad, supone un obstáculo a la solidaridad entre proletarios, promoviendo objetivamente el egoísmo y la defensa de sus intereses grupales entre la capa superior de asalariados con mayor edad y mejores condiciones a la vez que incentiva la sumisión entre los jóvenes bajo la promesa de que esta garantizará su acceso futuro a una condición más acomodada. A día de hoy la juventud trabajadora europea se incorpora a los escalafones más bajos de una estructura productiva terciarizada, un sector servicios caracterizado por los bajos salarios y la precariedad de las condiciones laborales. Esta realidad confronta a un proletariado al que una estructura productiva sostenida sobre empresas de pequeño tamaño y con bajo peso de capital constante dificulta poder luchar por sus condiciones económicas. En el plano económico la juventud proletaria constituye también, en el centro imperialista y muy especialmente en el Estado español, una porción notable de un amplio ejército de reserva, cuya función es empu jar a la baja los salarios y las condiciones de trabajo. En rigor, muchos forman parte de una superpoblación relativa en constante crecimiento, condenada a alternar el desempleo con el empleo temporal precario o incluso el autoempleo forzoso sin visos de alcanzar la menor estabili dad. A su vez, la generalización del desempleo juvenil relega a millones de jóvenes a una minoría de edad obligatoria, empujándolos a depender de sus mayores hasta una edad muy avanzada, lo que constituye otra expresión del saqueo de salarios (al obligar a los progenitores a mantener a sus hijos durante un periodo de tiempo muy superior al habitual). 

 En este sentido, los precios disparados de la vivienda se convierten en un medio a través del cual tanto los grandes rentistas como el rentismo popular que sostiene a buena parte de las clases medias absorben porciones cada vez mayores de los recursos del proletariado, abriendo ante la juventud proletaria un futuro de creciente precariedad vital. A un nivel más general, el contexto histórico de sobreacumulación generalizada transforma el saqueo de salarios (tanto directos como indirectos) y la degradación de las condiciones laborales en la opción preponderante para el sostenimiento de la rentabilidad. Por descontado, esta realidad afecta a los proletarios de todas las edades. Pero la importancia específica de la crisis en lo que a la juventud respecta es la siguiente: unas tasas de rentabilidad globales menguadas y en progre sivo declive, que subyacen a la quiebra del modelo neoliberal de creación de clases medias a través de la extensión del crédito y las burbujas espe culativas, dan lugar a la formación de sociedades donde el antagonismo entre una mayoría desposeída y una minoría propietaria es cada vez más crudo y explícito, socavando las bases económicas de los mecanismos de integración que permitían canalizar el conflicto de clases dentro de las formas sociales capitalistas. Un proletariado cuya explotación y domina ción política se ven agudizadas es confrontado por unas clases medias en descomposición y una burguesía oligárquica embarcada en una lucha de clases cada vez más feroz tanto contra el proletariado internacio nal como contra las burguesías de otros bloques capitalistas. Lo anterior, en definitiva, provoca también el recrudecimiento de la competencia entre Estados capitalistas por el control de los mercados internaciona les, competencia que se realiza a través de una creciente tensión bélica que anticipa, bajo la forma inicial de las guerras por delegación, la posi bilidad de una guerra mundial donde las clases dominantes tratarán de convertir al proletariado en carne de cañón en defensa de los intereses de su propio bloque estatal-capitalista. La crisis histórica antes referida, cristalizada en unas bajas tasas de rentabilidad derivadas de la alta composición orgánica del capital y la consiguiente dificultad para extraer plusvalía a un ritmo capaz de seguir impulsando la acumulación de forma efectiva, redunda además en la destrucción progresiva del empleo estable, estableciendo el subempleo y la precariedad más absoluta como un modelo en constante expansión, también en un centro imperialista desindustrializado y en rápido declive. La crisis de la acumulación y su expresión en la forma de crisis del modelo “neoliberal” de financiarización y expansión del crédito y la propie dad entre las clases trabajadoras de las formaciones estatales centra les, mediado todo ello por la creciente decadencia del bloque imperialista occidental, han dado lugar a una ruptura generacional interna a la propia clase de los asalariados. Las transformaciones en la base económica y la composición de clase hacen crecientemente obsoletas las expectativas y formas políticas propias de las generaciones anteriores, agudizando la necesidad de una fuerza política independiente para un proletariado juvenil que se socializará en un mundo marcado por una lucha de clases recrudecida. Los jóvenes trabajadores de hoy habitarán una sociedad determinada por una crisis histórica cada vez más aguda, caracterizada por la miseria económica, el autoritarismo político, la catástrofe ecoló gica y el sonido de tambores de guerra, cuando no la eclosión directa de un conflicto militar global. El concepto de ruptura generacional, sin embargo, debe clarificarse para romper con la imagen mistificada de dos grupos monolíticos enfren tados y la fantasía interclasista de un conflicto entre sectores agrupados únicamente en torno a su edad. En primer lugar, las cuestiones genera cionales son internas a la lucha de clases, y sustituir esta última por una presunta lucha entre generaciones no podría ser más que una variante del socialismo de los imbéciles. 

No existe ningún tipo de interés fundamental común entre la juventud proletaria y la juventud burguesa, y todo intento de esgrimir argumentos sobre cuestiones generacionales para justificar una política interclasista debe ser vigorosamente combatido. En rigor, por lo tanto, la ruptura generacional debe comprenderse como interna a la propia clase de los asalariados, diferenciando a una genera ción que pudo socializarse entre las expectativas de crecimiento econó mico constante, desempleo controlado y promesas de ascenso social y acceso a la propiedad características del ciclo económico anterior, y una generación socializada en la crisis perpetua, que vivirá en sociedades con un antagonismo de clase entre desposeídos y propietarios cada vez más descarnado, y para la cual las promesas del mundo de sus padres comienzan a perder el sentido. El concepto de ruptura generacional, en este sentido, hace referencia a una diferencia sustancial en términos de las condiciones subjetivas y objetivas de socialización. El empeora miento de sus condiciones económicas y políticas y un futuro marcado por la crisis ecológica y la tensión bélica abren las puertas a un relanza miento incremental de la lucha de clases en la que los jóvenes proleta rios puedan actuar como punta de lanza de su clase, rompiendo con las ilusiones propias de la falsa conciencia burguesa para impulsar un movi miento general de la clase revolucionaria en su conjunto. Lejos de cons  tituir una novedad histórica, los grandes periodos revolucionarios se han visto siempre antecedidos y acompañados por una ruptura generacional de esta índole, donde los sectores más avanzados en la defensa de los intereses reales de la clase en un nuevo periodo se componen masiva mente –que no, por supuesto, únicamente– de jóvenes 

2.3.1 La juventud como factor político Las condiciones económicas de la juventud no podrían perpetuarse de no ser por la existencia de un sistema de dominación política que garantiza su subordinación, sistema cuyas expresiones más inmediatas son la legislación laboral y la represión estatal contra la organización del proletariado, y que sin embargo se ramifica hasta abarcar el conjunto de la existencia social de la juventud proletaria. La ofensiva contra los derechos políticos que lleva décadas gestándose afecta especialmente a la juventud, poniendo cada vez más obstáculos a su organización independiente. La demonización del socia lismo como proyecto político que fundamenta esta independencia; la creciente monitorización, vigilancia y represión policiales; el endureci miento de las leyes represivas; el control autoritario del espacio público; la criminalización general de la organización y la protesta, etc. son todos ellos procesos generales que afectan con especial agudeza a una juven tud cuyas condiciones no paran de deteriorarse. En rigor, la criminaliza ción pesa sobre la juventud proletaria misma, representada como una fuerza caótica e incivilizada, un “peligro social” a combatirse por medios educativos y policiales (fenómeno que se agudiza hasta alcanzar lo asfi xiante entre los jóvenes migrantes, víctimas de una campaña mediáti co-policial generalizada). Bajo la consigna del “los jóvenes ya no quie ren…” se legitima el disciplinamiento del proletariado juvenil, orientado a hacerle pasar por todos los aros que la sociedad burguesa dispone frente a ellos, estigmatizando sus respuestas, sean espontáneas u organizadas, como ejemplos de inadaptación y nihilismo, y presentando toda forma de rechazo a la vida de esclavitud asalariada y sumisión política que les es impuesta como índice de inmadurez y fragilidad. La industria cultural capitalista, por su parte, promueve diversas variaciones internas de una cosmovisión burguesa orientada a que el proletario se resigne a su suerte, sea bajo la promesa de un desclasa miento futuro, que justifica la sumisión presente, sea bajo las loas al trabajo y el esfuerzo, sea bajo el embellecimiento de un modelo cultu ral de desposesión y despolitización, donde las condiciones a las que empuja la miseria son presentadas como decisiones libres y deseables, sea en la forma de la promoción de mercancías y formas de consumo solo alcanzables para las clases propietarias, sea bajo la legitimación social de la figura del explotador y el rentista, sea bajo la generaliza ción de modelos de ocio vinculados a la pasividad más completa, sea bajo la extensión de medios comunicativos orientados a la distracción de masas, cuya misma forma determina la promoción de la irracionalidad y el embotamiento de las capacidades reflexivas. El objetivo más general de la industria cultural es la naturalización de las relaciones sociales capitalistas en toda su extensión: lo anterior son solo algunas de las formas a través de las cuales se realiza esta función. 

El mensaje que se emite a la juventud combina la compulsión a aceptar el marco general impuesto por el capital con los llamados a “no conformarse con su suerte”, entendido esto como la búsqueda de la autopromoción individual y el desclasamiento, a la vez que individua liza tanto los problemas políticos como sus soluciones, entremezclando por tanto la imposición de la sumisión con la exaltación voluntarista de las posibilidades de mejorar individualmente las propias condiciones; un voluntarismo cuyo reverso es la culpabilización del explotado, el despo seído, el pobre. En base a una división del trabajo sostenida sobre tendencias socia les más amplias, la industria cultural de la burguesía se divide hoy entre un liberalismo “progresista” donde una falsa celebración de la plurali dad sirve para oscurecer el antagonismo de clases, por un lado, y diver sas formas de reaccionarismo político, por otro, donde el chovinismo, la misoginia y el racismo se funden en una tónica general de odio al pobre y a los colectivos oprimidos (minorías raciales, migrantes –especialmente jóvenes–, personas trans, etc.). Ambos polos, unidos por su común legi timación del dominio capitalista, se retroalimentan, y la política toma así la forma de una guerra cultural como forma generalizada de falsa conciencia, un conflicto presuntamente ubicado por encima de las clases, y que permite por lo tanto ocultar bajo la apariencia de antago nismos irreconciliables (entre “progresistas” y “reaccionarios”) la común adhesión de ambos al programa burgués de perpetuación del capita lismo. Expulsada, además, por sus mismas condiciones económicas de los espacios de socialización privados la juventud es relegada a un espacio público sometido a la constante monitorización policial, donde experi menta espontáneamente cómo el espacio “público” no es sino la propiedad del Estado capitalista. Las normativas de “salud pública” y otros mecanismos que la ideología burguesa estatal justifica en nombre del interés general se revelan como medios de disciplinamiento que aspiran a expulsar a los jóvenes proletarios del espacio público y proveer de una cobertura legal a su hostigamiento y criminalización. Finalmente, el sistema educativo burgués, tanto público como privado, cumple la función triple y simultánea de 

1) formar a los jóve nes como fuerza de trabajo disponible para ser explotada por el capi tal, 

2) reproducir la cosmovisión burguesa, 

3) crear buenos ciudadanos, capaces de aceptar el marco político y jurídico, así como los símbolos y medios de legitimación, de su propio Estado nacional. En su sentido más general, su función es la de disciplinar a los sujetos para que puedan enmarcarse dentro del orden del capital, lo que para la juventud traba jadora implica poder desempeñarse dócilmente como personificaciones de la fuerza de trabajo. La formación de fuerza de trabajo debe, además, reproducir su estratificación interna, fenómeno palpable en la segrega ción escolar, y contribuir a la legitimación de las diferencias de clase a través de la promoción de una ideología meritocrática que naturaliza la competencia capitalista y sanciona las divisiones sociales (tanto entre explotadores y explotados como dentro de la propia clase de los asala riados) apelando al esfuerzo individual. 

2.4 - Las tareas de la organización juvenil La tarea de la organización política juvenil consiste en abordar la realidad de la juventud proletaria en su conjunto, convirtiendo el socia lismo en el proyecto político de la juventud trabajadora consciente para transformarlo progresivamente en una tendencia político-cultural de masas en el seno de la juventud proletaria y la clase trabajadora como un todo. Es fundamental en este sentido que la cuestión de la juventud se aborde desde unas coordenadas que rompan con todo adanismo y el nefasto marco de unas “olimpiadas del sufrimiento”, abordando riguro samente las potencialidades objetivas y subjetivas de la juventud prole taria tal y como existe, así como sus debilidades, desde una perspec tiva que incorpore la realidad social en su conjunto. No cabe olvidar, por ejemplo, cómo los escalafones más precarios del mercado laboral los ocupa ante todo el proletariado migrante, juvenil o no; que muchos de los males de la juventud proletaria afectan, en rigor, al conjunto del prole tariado; o la persistencia de un poderoso sector de clases medias en el centro imperialista. La situación social particular de la juventud proletaria, su condi ción general y expectativas de futuro, abren sin embargo la posibilidad de que esta, comenzando por sus sectores más avanzados, consume una ruptura política con los partidos de las clases medias, convirtiendo así la ruptura generacional en ruptura política con las fuerzas capitalistas. La consumación de esta tarea pasa por el despliegue efectivo de la doble táctica de unificación y hegemonía, donde la primera consiste en la construcción de una base militante amplia y cohesionada, capaz de servir de referente político de su clase y punta de lanza del proceso socialista, y la segunda en la transformación del socialismo en el refe rente político y cultural del proletariado juvenil, otorgando a las organi zaciones socialistas una genuina capacidad de liderazgo. La tarea más inmediata consiste en sembrar las semillas para la reproducción a escala ampliada de este proceso. Para que el comunismo pueda ser hegemonizado entre el prole tariado en su conjunto resulta prioritario que este sea hegemonizado previamente entre los sectores más conscientes de la juventud prole taria. El papel fundamental de las organizaciones juveniles socialistas consiste, en este destino, en encarnar y desplegar la ruptura política con los partidos de la burguesía y las clases medias. Nada de esto es posi ble si no se rompe decididamente con el aislamiento político y la tenden cia, habitual en una era de repliegue del comunismo, a refugiarse en una irrelevancia coloreada de pureza. Frente a esta tentación nefasta, las organizaciones socialistas deben mostrarse capaces de conectar cada dinámica y realidad particular con el objetivo final de la conquista del poder político y la construcción de la sociedad sin clases, convirtiéndose en el referente político de sectores cada vez más amplios del proleta riado. Para ello, la fidelidad absoluta a los principios revolucionarios y la renuncia decidida a hacer concesiones teóricas deben ser acompañadas por la flexibilidad táctica necesaria para poder adecuarse a las trans formaciones de la coyuntura histórica. 

 2.4.1. Estudiar, educar, organizar La tríada “estudiar, educar, organizar” puede resumir eficazmente las funciones de una organización juvenil socialista. Su función general como organización política es conectar la tendencia del proletariado –juvenil, en este caso– a asociarse en torno a sus intereses con el programa polí tico comunista. Su papel es servir como medio para la acción política independiente del proletariado juvenil. El estudio y la práctica del socialismo científico, de los procesos históricos reales y las determinaciones de la realidad social, concretado en el análisis de las formas actuales de la lucha de clases y los medios para impulsarla hacia la conquista de los objetivos históricos del prole tariado, es lo que permite organizar la acción en un sentido revoluciona rio, reconstruyendo el socialismo como marco político integral de masas. Poder convertir cada conflicto en un medio para el avance del programa socialista y las fuerzas que lo encarnan requiere poder abordar la reali dad en todos sus aspectos desde la perspectiva de su transformación revolucionaria, revelando cada situación particular como un momento de la totalidad social capitalista a superar. Esta tarea requiere de la ruptura decidida con las dinámicas irracionalistas que caracterizan a buena parte del panorama político contemporáneo, su dogmatismo y promo ción de un estilo de discusión donde la adhesión emocional-identitaria sustituye al concepto y la repetición de eslóganes vaciados de su conte nido histórico reemplaza el examen científico. La educación, por su parte, es en realidad autoeducación de la clase por medio de sus elementos más avanzados y abarca la ingente tarea de lucha cultural —propaganda, agitación y demostración práctica— orien tada a expandir la conciencia socialista del proletariado, convirtiendo el comunismo en el referente político de cada vez más sectores de la clase. Educar requiere ser ejemplo: estar realmente en las posiciones más avanzadas de la lucha por los intereses de la clase en su conjunto, ser una referencia práctica y teórica para el proletariado, que posibilita que este haga suyo el programa comunista. 

La organización política ha de inspirar a la clase para luchar por sus objetivos históricos y tomar así el control de sus propias vidas, mostrando la existencia de una alterna tiva real a la barbarie capitalista, la sumisión y el desencanto. El liderazgo comunista solo puede sostenerse en la voluntad de los explotados, en su asimilación consciente del programa comunista y la capacidad de ver en la organización política comunista tanto el representante de sus intere ses como el medio para su realización. La organización, por último, es la articulación política del prole tariado juvenil, reuniendo a sus elementos más conscientes en torno al proyecto socialista, y mostrando la lucha de clases como el único medio para dar solución a los problemas del proletariado. La organización cons ciente de la lucha de clases requiere de la constitución del Partido, a través del cual el proletariado revolucionario podrá conquistar el poder político e instaurar el socialismo, única vía para alcanzar su emanci pación. El proletariado se prepara para estos objetivos por medio de la acción política independiente, que va desplegándose hasta su cons titución en partido, primero, y en clase dominante, después. Por ello la creación de una organización juvenil socialista de masas, disciplinada y centralizada, que pueda servir de vehículo de la acción política es un paso necesario en el proceso de construcción del Partido revoluciona rio del proletariado. En otras palabras, hegemonizar el comunismo entre la juventud sobre la base de una plataforma militante unificada es un requisito para relanzar la alternativa independiente del proletariado. En rigor, estudio, educación y organización forman una unidad en tanto que momentos indisolublemente ligados de un proceso cuyo fin es consumar la fusión entre el socialismo y el movimiento de la juventud proletaria. Los anterior puede concretarse aludiendo a dos objetivos centrales que la organización juvenil socialista habrá de cumplir, ordenados desde lo particular a lo general: acumular fuerzas de cara a bloquear las formas específicas en las que el poder burgués se impone sobre la juventud, por un lado, y alimentar el proceso socialista, por otro. 

La primera de las tareas se ramifica en torno a una pluralidad de objetivos: extender la conciencia socialista entre la juventud, desnaturalizando el modelo cultural de desposesión y sumisión dictado por la ideología burguesa; combatir la monitorización, hostigamiento y control social a los que las fuerzas del Estado someten a la juventud; sancionar la militancia y la lucha como únicas vías para dar respuesta a las condiciones del proletariado juvenil; confrontar la dictadura de los empresarios en cada rama de la producción, combatiendo las condiciones de precarie dad y salarios de miseria; defender los derechos políticos como derechos del proletariado a su organización independiente; confrontar un modelo educativo basado en el disciplinamiento, la meritocracia, la segregación y la pobreza de contenidos; unificar las luchas superando el inter clasismo y sus formas ideológicas; desvelar las instituciones estatales como órganos de poder de clase; extender la táctica del control proleta rio del espacio para dotar al proletariado juvenil organizado de espacios donde desarrollar su actividad política; promover la solidaridad de clase a nivel del conjunto, con independencia de la edad, país, lugar de origen o situación laboral específica; extender, a nivel de los barrios y centros de vida, una normatividad socialista capaz de negar de forma determinada las diferentes expresiones de opresión y discriminación (maltrato, agre siones sexuales, racismo, LGTBQfobia, etc.); aumentar las capacidades defensivas del proletariado frente al Estado y sus esbirros, aspirantes a escuadristas incluidos; construir progresivamente una cultura socialista de masas fundada en la racionalidad, el antagonismo y la solidaridad de clase internacional, soporte de la visión del mundo socialista sobre la que se fundamenta tanto la lucha por un orden civilizatorio superior como este mismo orden; y ser capaces de presentar el socialismo y la revolu ción como la única solución cabal a los problemas generados por el modo de producción capitalista. Por último, todas las anteriores tareas, enmarcadas dentro de una línea política fundada en la independencia teórica y organizativa y que redundan en la articulación política de los sectores juveniles de un bloque social proletario en crecimiento, en el aumento del poder social del prole tariado, sirven para alimentar el proceso socialista como un todo, consti tuyendo una base política revolucionaria capaz de darle impulso.


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