miércoles, 2 de junio de 2010

critica mente criticando la crisis de la critica

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Iniciado por Gorgojo Ver Mensaje
no, creo que eso no es todo, porque los que sienten todas esas dopaminas y testosteronas no son los libros ni los autores sino ud. o yo.
Para algo esta la ciencia pues señor Gorgojo . A la ciencia no le basta con preguntarle a 10 personas ¿ que es la felicidad o que es el amor? o preguntarse a si mismo en base a su experiencia y responder someramente . A mi no me agrada pensar que una sola ciencia puede responder todas mis interrogantes seria si empirico si dijera las cosas como se me vienen a la cabeza.
Pero bueno dejemos el tema alli ya que las atribuciones personales de opinar nos va a terminar por desviar de el tema que la señorita a planteado.
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Última edición por _Truth; 30-abr-2010 a las 12:11
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Antiguo 30-abr-2010, 12:19 #22
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Iniciado por Fix Ver Mensaje
Se es libre cuando no se es eclavo de nada, para la libertad se requiere de una vida correcta y moralista, y no porobligacion, sino porque te nace ser asi, te sientes bien, te sientes puro al ser asi, te nace y te ves obligado.
No estoy de acuerdo, yo me siento un siervo y esclavo de Dios y me siento totalmente libre y feliz.
Te dejo una frase:

"Los libres son aquellos que viven como extraños en tierras de esclavos"
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¡Qué maravillosa labor la del cálamo: bebe oscuridad y vierte luz!
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Antiguo 30-abr-2010, 12:24 #23
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Iniciado por _Truth Ver Mensaje
Para algo esta la ciencia pues señor Gorgojo . A la ciencia no le basta con preguntarle a 10 personas ¿ que es la felicidad o que es el amor? o preguntarse a si mismo en base a su experiencia y responder someramente . A mi no me agrada pensar que una sola ciencia puede responder todas mis interrogantes seria si empirico si dijera las cosas como se me vienen a la cabeza.
Pero bueno dejemos el tema alli ya que las atribuciones personales de opinar nos va a terminar por desviar de el tema que la señorita a planteado.
la ciencia está para muchas cosas sr. Truth, pero cuando se trata de sentimientos, es un ámbito muy personal y relativo, donde poco nos va importar lo que diga la ciencia cuando nos hallemos atrapado por alguno de ellos.

el tema no se ha desvirtuado si tanto le preocupa, creo que todo lo que hemos discutido todavía puede relacionarse con los hedonistas, masoquistas, foristas, felicidad, muerte, amor, libertad...
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Antiguo 30-abr-2010, 12:25 #24
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Iniciado por Fix Ver Mensaje
1.Mire... de las definiciones que ha puesto, la unica que no pareciese no denotar poco valor es: "disfrute espiritual", despues palabras como: goce, satisfaccion, sensación agradable producida por la realización o suscepción de algo que gusta o complace, Voluntad, consentimiento, beneplácito... estas definiciones no hacen ningunaespecificacion, y por ende el placer se puede dar por cualquier factor no precisamente de valor. Calificar que una persona ame y no solo le plazca hacer algo, es mas significativo.
evidentemente estás guiando el tema hacia algo más relacionado con la moral y la ética que con el placer, felicidad y hedonismo. en otras palabras, el verdadero placer para ti debe ser algo productivo y bueno, verdad??? al hacer esto estás poniendo un valor agregado a los términos ya mencionados, que parten de tu propia experiencia, como que fumar es un vicio, por eso no puede ser un placer. si vas a hablar sólo de cosas "elevadas" hubieras dicho desde un comienzo que estabas escribiendo filosofía tipo "atalaya".

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2. El titulo del tema se llama critica a la felicidad del hedonista. Por supuesto que el tema de felicidad es mas complejo y precisamente por ello el hedonista no puede aseverar que la felicidad se haya en el placer y el evitamiento de dolor.
entonces, dónde se haya la felicidad según tú? ya que hasta ahora nadie la ha encontrado, es más ni si quiera la han definido. hay ideas, conceptos de felicidad, incluso podemos dividirla en felicidad concreta, inmediata y terrena (que es la falsa felicidad según tu concepto) y la felicidad altruista y elevada, la felicidad prometida más allá de esta vida a aquellos que obraron bien. cierto? hacía ahí apunta tu lógica???

y por qué el placer no puede sercomplejo? hay personas que encuentran placer en el dolor, y en muchas otras cosas que la gente común no creería. como el éxtasis de santa teresa,que se unía tanto a la idea de lo divino que su placer era tal, que ya se le consideraba no tan sólo feliz sino extasiada.

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3. En que momento yo he puesto que se es feliz siendo esclavos de un vicio. Esta critica que usted hace ya se debe a problemas de mala lectura. Se es libre cuando no se es eclavo de nada, para la libertad se requiere de una vida correcta y moralista, y no por obligacion, sino porque tenace ser asi, te sientes bien, te sientes puro al ser asi, te nace y te ves obligado.
la mayoría de problemas de comunicación son por causa del emisor y no del receptor, por si acaso, y escribir un blog no te hace dueña de la razón, al contrario, debes defender tus puntos y tu postura, para poder comprender términos y conceptos abstractos. ahora se nota a dónde querías llegar, lo correcto y moralista. cuántas personas son concientes que lo que hacen es lo correcto? y como ya te dijeron por ahí la libertad absoluta no existe, hasta la razón domina a los sentidos, y es por que estás atada a este plano material, quizás en otro lugar donde no tengas un cuerpo físico se podría hablar de la libertad, mientras tanto querer enfocar la felicidad y libertad sólo a su aspecto positivo, evita que podamos discutir más apmliamente sobre el tema.
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Antiguo 30-abr-2010, 15:07 #25
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Sin intenciones de desvirtuar el tema, ni entrar a debatir nociones tan ambiguas y relativas como son las de la felicidad, el amor, el alma, justicia, etc, ect...

Totalmente deacuerdo con la srta. Fix, el placer y la comodidad no pueden ser los fines del ser humano, personalmente parecen mas los ideales de una manada de cerdos.
Las emociones e ideales del ser humano van mas alla de la complejidad que nosotros le podamos atribuir, son totalmente relativos, es por ello que son diferentes a cualquier otro objerto o situacion que podamos conceptuar o explicar con ayuda de alguna ciencia exacta. No me parece correcto atribuir una definicion absoluta, o simplemente afirmar o negar su existencia. Creo que temas como estos caen perfectamente en el principio de la insertidumbre. Particularmente con respecto a la felicidad [opinion personal] jamas podremos alcanzarla, talvez en muchos casos solo la rozaremos de manera fortuita, pero definitivamente comparada con el placer, este ultimo se queda corto en comparacion con la inmensidad de sensaciones y emociones que engloba la Felicidad.
Como observacion final, es importante prestarse conceptos o citar celebremente a alguien mas, con el fin de ampliar la perspectiva de las ideas, pero lo que en realidad toma valor es la abstraccion que se haga de todo el circo.
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Existen Tantos Idiotas en Celo.... ¿Donde se fueron las Personas que Extraño?
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Antiguo 30-abr-2010, 18:18 #26
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Esta excelente como tu blog, escribes preciso y directo.

No entiendo porque hay muchos CRITICONES en este foro y en el de literatura y no aportan al tema con mas conceptos o escritos y nada mas dan la contra en todo.
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Antiguo 30-abr-2010, 18:22 #27
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la ciencia está para muchas cosas sr. Truth, pero cuando se trata de sentimientos, es un ámbito muy personal y relativo, donde poco nos va importar lo que diga la ciencia cuando nos hallemos atrapado por alguno de ellos.

el tema no se ha desvirtuado si tanto le preocupa, creo que todo lo que hemos discutido todavía puede relacionarse con los hedonistas, masoquistas, foristas, felicidad, muerte, amor, libertad...
Bueno a mi si me importa ^^
Por algo sera mi carrera en algunos años más .
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Antiguo 01-may-2010, 11:03 #28
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la ciencia está para muchas cosas sr. Truth, pero cuando se trata de sentimientos, es un ámbito muy personal y relativo, donde poco nos va importar lo que diga la ciencia cuando nos hallemos atrapado por alguno de ellos.

el tema no se ha desvirtuado si tanto le preocupa, creo que todo lo que hemos discutido todavía puede relacionarse con los hedonistas, masoquistas, foristas, felicidad, muerte, amor, libertad...
de alguna u otra forma, este comentario abarco mas mis espectativas, creo , que al igual como muchos piensan...esto de la felicidad o el placer son, netamenete , parametros emocionales ... que eudan totalmente enmarcados en la personalidad de uno dependiendo de otros factores, lo cual la hacen totalmente dinamicas y no necesriamente dependientes de una necesidad inherente al hombre.

yo creo que cuando se trata ya de este tipo de situaciones en una persona pues la ciencia no puede hacer mucho , mas que estipular prototipos de ideas para poder definir lo que podrian creer que es, la solucion a un problema emocional.

esto ya abarca un ambito mucho mas personal y solo la puede determinar uno mismo , con su propia manera de ver las cosas de esa perspectiva; y tomando en cuenta ello se puede definir los detalles de una idea algo menos obsoleta.

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Bueno a mi si me importa ^^
Por algo sera mi carrera en algunos años más .
es otro punto en la que muchos debates se basan, algunos prefieren sentir y otros prefieren razonar... pero al igual que el dia y la noche, siempre hay situaciones en las que se asemejaran y pondran en visibilidad ciertos factores y esconderan en la oscuritdad muchas otras.
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Antiguo 01-may-2010, 19:50 #29
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¿Comenzamos con el placer y terminamos con felicidad?
La felicidad no sólo se basa en momentos agradables. La felicidad es el vivir, ya sean momentos alegres o tristes. Y hasta aquí, nada más con la felicidad...

Veo por fuera, tras unas rejas...el miedo de mucha gente, que sale despavorida de una pelea producida dentro de una fiesta; conmovido, confirmo una vez más, lo decadente que es vivir así, confirmo lo que arrastra el vivir así. Veo a una señora saliendo con la nariz destrozada, seguramente por algunos salvajes alcohólicos, que no demoran en salir tambaleándose buscando a la suerte, repartir algunos golpes. Veo gente, sacando lo más sucio de su ser; comportándose como animales, tal vez, ignorando que el ser humano de por sí, ya tiene problemas.
No me fijo en principios espirituales, me fijo en los hechos; hechos, que me demuestran que esas cosas traen desgracia, que el placer, tarde o temprano se cobra todas, mostrando su verdadera cara, después de haberse presentado como vida plena o como "el disfrutar".
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Última edición por lev; 01-may-2010 a las 21:13
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Antiguo 01-may-2010, 22:55 #30
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Talvez sin darnos cuenta, las personas hacen muchas cosas por amor, el que escribe, puede que escriba por amor a las letras, el que dibuja, puede que dibuje por amor al arte, el músico puede que componga por amor a la música, etc. y no se limita en eso, porque la palabra también refiere al trato con nuestro entorno, el afecto que se pueda sentir por las personas que nos arrancaron una sonrisa o una lágrima, una ráfaga de hechos o un mínimo detalle que llegaron a tocarnos; son hechos que atribuyen a corresponder sea cual sea el detalle, a crecer como personas y sin duda alguna el ejercimiento de valores, es algo que también contribuye mucho.
Señores el hombre muere hasta por amor!! tanto significado para ésta palabra que la simplísima palabra placer jamás se comparará.
No creo que la felicidad deba tomarse como un estado absoluto, el gran y último logro del ser humano, porque más bien creo que ésta se presenta en pequeñas partes que forman parte de nuestra vida, como también el dolor hace parte de ella. Dolor que el hedonista evade, dolor que apodícticamente es parte incondicional de la felicidad.

Tu texto Fix me hicieron recordar las palabras de Leopoldo Chiappo cuando hablaba de la capacidad vivificadora del amor. en efecto, el -uno de mis heroes personales- decia que al dar amor las personas podian cargarse de un calor humano que llenaba un vacio espiritual. EL ser humano al llegar a cierto nivel de comprensión, necesita el calor vivificador del amor, que se puede obtener tanto entregandolo como recibiendolo. Por alguna razón el cerebro humano esta predispuesto a buscar sentimientos genuinos de empatía. En el acto gratuito de dar amor, se podia obtener una satisfacción cercana al sentimiento de felicidad. Algo utópico pensé yo hace muchos años hasta que leí el libro -y mas aun vi el video- "El Poder de la Intención" de W. Dyer.

En el se dice que al hacer el bien y al entablar relaciones bondadosas, la persona en su mente genera ondas vibratorias de alta frecuencia, estas ondas generan estados de calma y de bienestar, asimismo permiten una conexión con las fuentes de energía Alfa que circulan en el universo. Existe una bibliografia amplia sobre ello, sobre la q no me extenderé.

Entonces, aunque en principio toda la teoria parece terriblemente simplista -como lo reconoces- y no hay forma de verificarlo empiricamente -y seria pedante intentarlo- creo que es una ruta válida, una ruta personal exenta de dogmas. La misma que han señalado los grandes maestros de la historia. Gauthama, Jesus de Galilea, Mahatma Gandhi...

Suerte en la búsqueda.
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Antiguo 07-may-2010, 10:32 #31
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Bueno, he leído varios comentarios y me ha sacado una sonrisa la introducción de Kant en este tema.

Kant afirma que mediante la razón, el sujeto trascendental es libre para obrar correcta y moralmente bajo los imperativos categóricos. Por otro lado, para Kant el sujeto empírico, que vendría a ser el relacionado con las inclinaciones (incluyendo el amor), es o debería ser "superable", "anulado" o "regulado" por la naturaleza racional del ser humano.

No obstante, el hecho de que Kant sea un filósofo conocidísimo no le hace dueño de la verdad. Ya dijo Hegel que la naturaleza humana es la unión del en sí y el para sí, es decir, del lado racional y empírico del hombre. Aún así me parece que alguien podría defender a Kant con otros filósofos y nunca terminaríamos, así que aplicaré un concepto kantiano y dejaré de hablar en calidad de funcionario (estudiante de filosofía), para hablar en calidad de quien soy.

* Estoy completamente de acuerdo con los argumentos que colocó Truth, por lo que intentaré no redundar en ellos.

Querer vivir Kantianamente es un absurdo en su totalidad, incluso Kant afirmó que no se podría llegar al reino de los fines. Asimismo, el hecho de que tus preferencias sean unas más "espirituales" o "morales", no implica que el placer, entendido de otras formas, sea repudiable para el ser humano o no constituya parte de su proyecto de felicidad.
En cuanto a este último concepto -felicidad- podría afirmar (hablando sobre mi propia experiencia) que no es más que un estado de tranquilidad que atraviesa las diferentes adversidades del hombre (aunque suene muy aristotélico).

Evidentemente, si solo te centras en los placeres destructivos como lo son las drogas o la promiscuidad, probablemente todos lleguemos a la misma negativa conclusión sobre eso.
Sin embargo, existen placeres que se relacionan físicamente (porque sí, pensamos y actuamos por cuestiones físicas, hormonales y químicas) con la voluntad del hombre y que no necesariamente implican que este se convierta en un ser de segunda categoría o menos "trascendental" que quienes manifiestan no tenerlas. Por todo esto, pretender que exista una voluntad libre de inclinaciones instintivas del ser humano es asumirnos como seres que no somos y eso es absurdo.
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Antiguo 09-may-2010, 00:09 #32
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Es de una simplicidad infinita pensar que las personas sólo se mueven por el placer, más cuando ni siquiera son capaces quienes esto dicen de definir qué cosa sea el placer, valga recalcar que es una palabra con poco valor.
La palabra placer abarca muchas cosas, que no necesariamente te pueden traer felicidad ni bienestar, verbigracia, es apodíctico que un drogadicto, un alcohólico, etc. disfruta del placer que le proporciona el elemento que le causa su vicio, ergo, el placer está totalmente desvinculado de la palabra felicidad en este caso, ya que no se puede ser feliz siendo esclavos de un factor. Esto puede sonar algo cursi, pero yo creo que lo que se puede considerar como parte de la felicidad es el bienestar de hacer todo por amor. La palabra amor hoy en día la suelen usar nada más para la atracción o sentimiento de afecto consorte, cuando su significado es más extenso. Talvez sin darnos cuenta, las personas hacen muchas cosas por amor, el que escribe, puede que escriba por amor a las letras, el que dibuja, puede que dibuje por amor al arte, el músico puede que componga por amor a la música, etc. y no se limita en eso, porque la palabra también refiere al trato con nuestro entorno, el afecto que se pueda sentir por las personas que nos arrancaron una sonrisa o una lágrima, una ráfaga de hechos o un mínimo detalle que llegaron a tocarnos; son hechos que atribuyen a corresponder sea cual sea el detalle, a crecer como personas y sin duda alguna el ejercimiento de valores, es algo que también contribuye mucho.
Señores el hombre muere hasta por amor!! tanto significado para ésta palabra que la simplísima palabra placer jamás se comparará. No creo que la felicidad deba tomarse como un estado absoluto, el gran y último logro del ser humano, porque más bien creo que ésta se presenta en pequeñas partes que forman parte de nuestra vida, como también el dolor hace parte de ella. Dolor que el hedonista evade, dolor que apodícticamente es parte incondicional de la felicidad.

Entiendo su disgusto con la “felicidad” del hedonista y luego nos encontramos en una discusión antigua sobre que es la felicidad.
Desde mi punto de vista, (uno más) creo que es un sentimiento y posiblemente pertenece al área espiritual, al pensador. Creo que es diferente a la alegría porque la alegría es una emoción y embarga cuerpo y espíritu.
En esta área creo que el bien recordado poeta Gibrán Khalil acertó con este poema en su obra “el profeta”.
La Alegría y el Dolor

Entonces, dijo una mujer: Háblanos de la Alegría y del Dolor.

Y él respondió:

Vuestra alegría es vuestro dolor sin máscara.
Y la misma fuente de donde brota vuestra risa fue muchas veces llenada con vuestras lágrimas.
Y ¿cómo puede ser de otro modo?
Mientras más profundo cave el dolor en vuestro corazón, más alegría podréis contener.
¿No es la copa que guarda vuestro vino la misma copa que estuvo fundiéndose en el horno del alfarero?
¿Y' no es el laúd que apacigua vuestro espíritu la misma madera que fue tallada con cuchillos?
Cuando estéis contentos, mirad en el fondo de vuestro corazón y encontraréis que es solamente lo que,os produjo dolor, lo que os da alegría.
Cuando estéis tristes, mirad de nuevo en vuestro corazón y veréis que estáis llorando, en verdad, por lo que fue vuestro deleite.

Algunos de vosotros decís: "La alegría es superior al dolor" y otros: "No, el dolor es más grande."
Pero yo os digo que son inseparables.
Vienen juntos y, cuando uno de ellos se sienta con voso tros a vuestra mesa, recordad que el otro está durmiendo en vuestro lecho.
En verdad, estáis suspensos, como fiel de balanza, entre vuestra alegría y vuestro dolor.
Sólo cuando vacíos estáis quietos y equilibrados.
Cuando el tesorero os levanta para pesar su oro y su plata, es necesario que vuestra alegría o vuestro dolor suban o bajen.

Bien la idea de esta emoción creo que se trata de que ambos son lo mismo pero de ambos extremos y no se puede tener solo uno de ellos por siempre.

Bien en el caso de la felicidad creo que es similar, no se puede tener felicidad si no se tiene sacrificio o esfuerzo por obtenerlo.
Alguna vez lo he escuchado de alguien que no le falta nada y que no necesita esforzarse nada porque todo lo consigue sin esfuerzo, el hecho que nada lo hace feliz, todo le cansa y no le confiere ningún valor a nada, Talvez porque no le cuesta obtenerlo.

Ahora volviendo a la felicidad del Hedonista creo que más me parece la filosofía de complacer al cuerpo y abandonar al espíritu.
En el otro extremo de este pensamiento creo que esta la filosofía del asceta en donde a mi parecer favorece totalmente al espíritu abandonando al cuerpo.

A mi parecer lo ideal es guardar el equilibrio; según entiendo es a esta conclusión a la que llego Siddharta luego de haber seguido la filosofía del asceta.
No despreciar al cuerpo porque es el que conduce al espíritu, no sea que este lo abandone y deje al espíritu sin sus tareas y proyectos concluidos. Guardar el equilibrio porque ningún extremo es bueno.

Saludos

James55
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Última edición por James55; 09-may-2010 a las 00:14
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Antiguo 13-may-2010, 22:07 #33
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Bueno, he leído varios comentarios y me ha sacado una sonrisa la introducción de Kant en este tema.

Kant afirma que mediante la razón, el sujeto trascendental es libre para obrar correcta y moralmente bajo los imperativos categóricos. Por otro lado, para Kant el sujeto empírico, que vendría a ser el relacionado con las inclinaciones (incluyendo el amor), es o debería ser "superable", "anulado" o "regulado" por la naturaleza racional del ser humano.

No obstante, el hecho de que Kant sea un filósofo conocidísimo no le hace dueño de la verdad. Ya dijo Hegel que la naturaleza humana es la unión del en sí y el para sí, es decir, del lado racional y empírico del hombre. Aún así me parece que alguien podría defender a Kant con otros filósofos y nunca terminaríamos, así que aplicaré un concepto kantiano y dejaré de hablar en calidad de funcionario (estudiante de filosofía), para hablar en calidad de quien soy.

* Estoy completamente de acuerdo con los argumentos que colocó Truth, por lo que intentaré no redundar en ellos.

Querer vivir Kantianamente es un absurdo en su totalidad, incluso Kant afirmó que no se podría llegar al reino de los fines. Asimismo, el hecho de que tus preferencias sean unas más "espirituales" o "morales", no implica que el placer, entendido de otras formas, sea repudiable para el ser humano o no constituya parte de su proyecto de felicidad.
En cuanto a este último concepto -felicidad- podría afirmar (hablando sobre mi propia experiencia) que no es más que un estado de tranquilidad que atraviesa las diferentes adversidades del hombre (aunque suene muy aristotélico).

Evidentemente, si solo te centras en los placeres destructivos como lo son las drogas o la promiscuidad, probablemente todos lleguemos a la misma negativa conclusión sobre eso.
Sin embargo, existen placeres que se relacionan físicamente (porque sí, pensamos y actuamos por cuestiones físicas, hormonales y químicas) con la voluntad del hombre y que no necesariamente implican que este se convierta en un ser de segunda categoría o menos "trascendental" que quienes manifiestan no tenerlas. Por todo esto, pretender que exista una voluntad libre de inclinaciones instintivas del ser humano es asumirnos como seres que no somos y eso es absurdo.
Señor, yo no he puesto que el placer sea repudiable. Dije claramente que dejarse llevar únicamente por placer es bastante vacuo. Existen emociones que tienen un fin más significativo, tal vez más trascendental y que también desplayan en nosotros un sentimiento placentero... pero esto ya deja de ser "únicamente" placentero.

Yo tomo la felicidad como un sensación pasajera, como algo común y cotidiano, sensaciones alegres que suceden en el transcurso de la vida... Lo puse desde el principio y el señor Truth parece que no lee bien, que me acusa de pasarme a sus opiniones.
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Última edición por Fix; 13-may-2010 a las 22:08
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Antiguo 14-may-2010, 02:48 #34
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Es de una simplicidad infinita pensar que las personas sólo se mueven por el placer, más cuando ni siquiera son capaces quienes esto dicen de definir qué cosa sea el placer, valga recalcar que es una palabra con poco valor.
La palabra placer abarca muchas cosas, que no necesariamente te pueden traer felicidad ni bienestar, verbigracia, es apodíctico que un drogadicto, un alcohólico, etc. disfruta del placer que le proporciona el elemento que le causa su vicio,

[COLOR="rgb(255, 140, 0)"]el placer no diferencia si lo que lo transporta a ti es aceptable o no.
[/COLOR]

ergo, el placer está totalmente desvinculado de la palabra felicidad en este caso, ya que no se puede ser feliz siendo esclavos de un factor. Esto puede sonar algo cursi, pero yo creo que lo que se puede considerar como parte de la felicidad es el bienestar de hacer todo por amor. La palabra amor hoy en día la suelen usar nada más para la atracción o sentimiento de afecto consorte, cuando su significado es más extenso. Talvez sin darnos cuenta, las personas hacen muchas cosas por amor, el que escribe, puede que escriba por amor a las letras, el que dibuja, puede que dibuje por amor al arte, el músico puede que componga por amor a la música, etc. y no se limita en eso, porque la palabra también refiere al trato con nuestro entorno, el afecto que se pueda sentir por las personas que nos arrancaron una sonrisa o una lágrima, una ráfaga de hechos o un mínimo detalle que llegaron a tocarnos; son hechos que atribuyen a corresponder sea cual sea el detalle, a crecer como personas y sin duda alguna el ejercimiento de valores, es algo que también contribuye mucho.
Señores el hombre muere hasta por amor!! tanto significado para ésta palabra que la simplísima palabra placer

[COLOR="rgb(255, 140, 0)"]el amor es culturalmente aprendido; el placer lo buscamos por nuestra propia naturaleza[/COLOR]

jamás se comparará. No creo que la felicidad deba tomarse como un estado absoluto, el gran y último logro del ser humano, porque más bien creo que ésta se presenta en pequeñas partes que forman parte de nuestra vida, como también el dolor hace parte de ella. Dolor que el hedonista evade, dolor que apodícticamente es parte incondicional de la felicidad.
[COLOR="rgb(255, 140, 0)"]El dolor es parte incondicional de la felicidaD? entonces con mucha mas razon prefiero el placer.[/COLOR]

----- mensaje añadido, 14-may-2010 a las 02:52 -----

Si todo lo que saben lo aplicaran a sus vidas,,,, seria otra cosa
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Antiguo 15-may-2010, 11:03 #35
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El placer no es malo mientras no se olvide al espíritu y nadie salga lastimado. Creo que los extremos no son buenos pues puede que se contamine al espíritu en cualquiera de los extremos.
Esto lo leí una vez y no lo entendí hasta que lo pensé bien.
No será que aquel que se suprime cambia su concepto sobre lo que suprime y ve como pecado a aquello que suprime.
Como ejemplo puede ser aquel que ve malo darse un banquete y sufre de bulimia. O aquel ministro religioso que por causa de su congregación sigue el celibato mientras sataniza a otros volviendo la sexualidad pecaminosa. Y peor si en un desborde llega al abuso de menores como resultado de una aberración.

Creo que hay algún caso en donde no se cumple lo que mencione sobre la alegría y la felicidad. Cuando se trata de lograr alegría o felicidad conseguido por un acto despersonalizado y desinteresado creo que queda exonerado de dolor. Habría que buscar la experiencia de quien lo practique para ver si es cierto.

Saludos

James55

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Antiguo 17-may-2010, 01:18 #36
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Señor, yo no he puesto que el placer sea repudiable. Dije claramente que dejarse llevar únicamente por placer es bastante vacuo. Existen emociones que tienen un fin más significativo, tal vez más trascendental y que también desplayan en nosotros un sentimiento placentero... pero esto ya deja de ser "únicamente" placentero.

Yo tomo la felicidad como un sensación pasajera, como algo común y cotidiano, sensaciones alegres que suceden en el transcurso de la vida... Lo puse desde el principio y el señor Truth parece que no lee bien, que me acusa de pasarme a sus opiniones.
Pero señorita Castillo ud. es muy conservadora por no usar otro termino mas adecuado que facilmente podria ser interpretado como acido y chocante . No llegare hasta tal punto lo que si le aseguro es que el planteo de el "estado de necesidad" desvincula toda posibilidad real de felicidad a una mera especulacion o idea como una realizacion parcial y para nada concreta .
Y creo que mi critica esta fundamentada en que para ud el sexo como una busqueda de placer es algo malo y no puede ser "felicidad" ya que la "felicidad" para ud es "amar" y "amar" ; esto no es un tema a discutir pues todo lo vincula a su interpretacion "moral" , por lo tanto terminariamos en una interpretacion individual de lo que ud cree y da por hecho al final esto es un "yo creo" y aqui ninguna opinion parece afectar la suya asi que dejemos el tema "alli nomas".
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...What is this quintessence of dust? Man delights not me ; no ,nor woman neither

Última edición por _Truth; 17-may-2010 a las 01:22
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Antiguo 17-may-2010, 16:48 #37
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Y creo que mi critica esta fundamentada en que para ud el sexo como una busqueda de placer es algo malo y no puede ser "felicidad" ya que la "felicidad" para ud es "amar" y "amar" ; esto no es un tema a discutir pues todo lo vincula a su interpretacion "moral" , por lo tanto terminariamos en una interpretacion individual de lo que ud cree y da por hecho al final esto es un "yo creo" y aqui ninguna opinion parece afectar la suya asi que dejemos el tema "alli nomas".
si pues ya somos varios que le han hecho la misma observación. sí sólo quería postear un "yo opino..." lo hubiéramos dejado ahí desde hace rato.
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Antiguo 18-may-2010, 12:25 #38
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si pues ya somos varios que le han hecho la misma observación. sí sólo quería postear un "yo opino..." lo hubiéramos dejado ahí desde hace rato.
La filosofía está constituida por conceptos, que no son más que postulados refutados por cada nuevo filósofo... Señores, la filosofía ya es de por sí un circulo vicioso, que las preguntas fundamentales de su estudio, no han podido resolver en el transcurso de los años, de ahi que hayan tenido que irse por la tangente, dándose la creación de nuevas ciencias.

----- mensaje añadido, 19-may-2010 a las 03:32 -----

El Señor Truth me malinterpreta... ¿En qué momento yo mencioné sexo?, ¿En qué momento yo he basado toda mi palabra centradome sobre la relación de enamoraditos o novios?
Sinceramente yo jamás he conocido ese "tipo de amor" y no me atrevo a profundizar en ese tipo de temas.
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"Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo"
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Antiguo 18-may-2010, 18:33 #39
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HEDONISMO

El punto de vista que sostiene que la satisfacción humana se encuentra en la búsqueda y posesión del placer material y físico.
El hedonismo radical sostiene que todos los placeres físicos deben ser satisfechos sin ninguna restricción, mientras que el hedonismo moderado afirma que las actividades placenteras deben ser moderadas, para que así aumente el placer. En ambos casos el placer es la principal motivación del comportamiento.


*Me quedo con ésta definición
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Antiguo 29-may-2010, 09:07 #40
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Asi como el placer abarca muchas cosas que no necesariamnete pueden traer felicidad o bienestar, lo mismo sucede con el amor. Los sadomasoquistas dicen amar, los sadicos dicen amar, los masoquistas dicen amar, nuestros padres y tias dicen amar, en las noveles puede escucharse a cada rato del amor y eso quiere decir que sean felices o que tengan bienestar, yo creo que no. Acado de escuchar a una inkilina decirle a su hija que la "ama" y ayer le estaba dando de alma. Eso es amor, quiza no sea el verdadero amor, pero es el que mas abunda.
Asi como hay mucha gente que vive del "placer" sin ser felices, igualmente hay muchas personas que dicen vivir del amor y viven en la infelicidad.
Dices que el hombre muere hasta de amor, claro, ahi tienes a Eva Braun, decidio suicidarse al lado de su AMOR, quiza alguien podria decir que esa chica amo mas que muchos de nosotros, quizas...
Pero retomando lo del hedonismo, somos hedonistas desde bebitos, desde bebitos ya sentimos placer, porqeu negarnos ese gusto mas adelante. Un niño antes de cumplir 2 años ya tiene erecciones si se estimula su pene, aparte del placer que siente al orinar y defecar, el placer esta ahi.
Ahora, eso de sentir placer, eso de gustarnos el placer, no quiere decir que le vamos a dar la espalda a otras sensaciones, como el dolor y el sufrimiento, cosas tambien muy humanas por cierto.
Esas personas que dicen vivir solo por el placer estan tan equivocadas como las personas que dicen vivir solo del amor.
Al menos, en el mayor de los casos.

chmnsm=sxt sntd=snsts=snssfr=gy

Chamanismos


Chamanismos
Textos relacionados:
Animales de poder / Meditación chamánica / La teoría sintérgica /
Los chamanes: primeros curadores /
Neochamanismo y el movimiento místico moderno
Fuentes de consulta acerca del chamanismo

VER ES CREER: LOS CUATRO MUNDOS DEL CHAMÁN

Serge King*

Una de las cosas más confusas que enfrentan los estudiantes del chamanismo es la forma en que los chamanes miran mundo. Confunde a mis alumnos en la actualidad y cierta- mente me confundió a mí cuando me iniciaba en esta tradición. En mi época de adolescente, en el campo, a veces mi padre, al igual que los demás agricultores, hablaba de los cultivos y animales que había a nuestro alrededor, y en algunas ocasiones se dirigía a ellos como si los cultivos y los animal fueran seres inteligentes, capaces de comprenderle y responderle. A pesar de que yo también aprendí a hacerlo, tuvo que transcurrir bastante tiempo para llegar a comprender el proceso. En una época determinada, todas las conversaciones con los árboles, flores, insectos, rocas y edificios que tenía lugar a mi alrededor, me impedían concentrarme en mi trabajo. Entonces, de algún modo, aprendí a abrirme y cerrarme aquel tipo de concienciamiento, sin saber cómo lo hacía.

De M'Bala, mi maestro chamán en África, aprendí a fusionarme con los animales de la jungla, después de entrar en un trance profundo. Creía que el estado de trance era el me dio de conseguir el cambio, hasta que me di cuenta de que él lo lograba en un abrir y cerrar de ojos, sin entrar en trance Evidentemente el trance no era más que un instrumento y n la causa del cambio experiencial.

Mi tío kahuana hawaiiano, Wana Kahili, me enseñó a emprender viajes interiores repletos de asombro y terror, y a discernir augurios en las nubes, hojas y muebles. Sin embargo, también me enseñó a ser muy consciente de mi estado al despertar y a cómo no ver augurios, ya que en ciertos momentos esto puede ser igualmente importante.

Mi padre, M'Bala y Wana Kahili dedicaron muy poco tiempo a explicarme los fenómenos que me enseñaban a experimentar. Eran todos del parecer de que la experiencia es el mejor modo de aprender y de que las explicaciones intelectuales supondrían una traba. Este fue un buen método para salir de mi obstinación mental e introducirme en mi cuerpo, pero el hecho de tener que afrontar las dudas y temores generados por la cultura no chamánica en la que también vivía demoró considerablemente mi aprendizaje. En mis propias vivencias como alumno y como maestro, he descubierto que satisfacer el intelecto suele reducir las barreras analíticas y emocionales que dificultan el aprendizaje, permitiendo una asimilación mucho más rápida de la experiencia. Por ello, he pasado muchos años analizando, sin juzgarlas, mis experiencias personales, así como las de otros chamanes, a fin de adquirir una mayor comprensión de lo que hacemos cuando lo hacemos, para poderlo compartir más fácilmente.

El auténtico punto de partida fueron las enseñanzas de Wana Kahili sobre los cuatro mundos (niveles o clases de experiencia) entre los que todo el mundo fluctúa espontánea y, por regla general, inconscientemente, pero que los chamanes cultivan a conciencia. Se trata del ike papakahi (literalmente: primer nivel de experiencia), el ike papalua (segundo nivel de experiencia), el ike papakolu (tercer nivel de experiencia) y el ike papaha (cuarto nivel de experiencia). En términos generales, me explicó que éstos representaban respectivamente el mundo ordinario, el mundo psíquico, el mundo de los sueños y el mundo existencial. Por razones didácticas he optado por definirlos como mundos objetivo, subjetivo, simbólico y holístico. También me dijo que dichos mundos eran comunes a todas las personas, no sólo a los chamanes, y que la única diferencia consistía en que los chamanes los utilizaban con conocimiento y propósito. También agregó que gran parte de la con fusión en la vida de la gente emana de una mezcla de dichos mundos en la mente y en el habla.

Mi objetivo era el de instruir a mucha gente en poco tiempo sobre la experiencia chamánica, por lo que a pesar de un punto de partida tan favorable, me quedaba mucho por aprender. Lo que figura a continuación es un breve resumen de dicha búsqueda e investigación.

¿Qué hacemos cuando realizamos un trabajo chamánico? Hablamos con la naturaleza y con los espíritus; cambiamos el tiempo y creamos acontecimientos; curamos mentes y cuerpos, y canalizamos extraños seres; volamos fuera del cuerpo, nos trasladamos a otras dimensiones y vemos lo que otros no pueden ver; además, pagamos nuestros impuestos, lavamos el coche y hacemos la compra. ¿Hay algo que sirva de conexión entre actividades tan diversas, o se trata simplemente de una serie de conocimientos independientes?

Existe una pista importantísima en el primero y fundamental principio de Huna, término genérico de la filosofía polinesia de la vida en la que yo me formé. Dicho principio afirma que «el mundo es lo que crees que es». Otra forma más popular de decir lo mismo es: «nosotros creamos nuestra propia realidad». Sin embargo, la mayoría de la gente que lo dice no lo acepta plenamente, porque creen que lo único que eso significa es que todo lo malo que les ocurre es culpa suya. Incluso los que lo aceptan con una comprensión más profunda siguen limitando su significado a la idea de que son responsables de sus sentimientos y de su experiencia, y de que si convierten sus pensamientos negativos en positivos, comenzarán a atraer una experiencia positiva, en lugar de negativa.

Los chamanes, sin embargo, van mucho más lejos. Para nosotros, no sólo significa atraer la experiencia con nuestro pensamiento, sino verdaderamente crear realidades. Con nuestros supuestos, actitudes y expectativas, hacemos que las cosas sean posibles o imposibles, reales o irreales. En otras palabras, cambiando el marco de la mente podemos hacer cosas ordinarias y no ordinarias en la misma dimensión física que compartimos con todos los demás. Repito que esto no es privativo de los chamanes. Lo único distinto es la forma en que aplicamos el principio.

La forma de cambiar la experiencia y poder usar facultades no normales en una realidad determinada consiste en cambiar un conjunto de creencias (o suposiciones, actitudes y expectativas) acerca de dicha realidad, por otro conjunto. Parece muy sencillo y lo es. Lo más difícil -y puede serlo en grado sumo para algunos- es aceptar su simplicidad, porque esto significa cambiar la idea que uno tiene de la realidad.

El modelo que presento a continuación ha sido específicamente diseñado para que los chamanes modernos puedan distinguir clara y conscientemente entre distintos niveles de realidad o conjuntos mentales. Esto no sería necesario en una sociedad más familiarizada con el chamanismo y con una mejor disposición hacia la aceptación del mismo. Se realizarían los mismos cambios, pero de un modo más intuitivo, porque habría menos conjuntos mentales contradictorios con otras filosofías, tanto religiosas como seglares. Imaginemos, por ejemplo, a un antropólogo moderno estudiando una cultura indígena en una isla del Pacífico meridional. Un buen día aparece el chamán del pueblo y les comunica a sus conciudadanos que, mientras estaba en el campo quitando las malas hierbas, la diosa Hina ha descendido por un arco iris y le ha advertido que se acercaba un huracán, antes de convertirse en pájaro y salir volando.

El chamán alterna fácilmente el trabajo del campo con el de hablar con la diosa y sus conciudadanos lo aceptan sin dificultad alguna, porque esperan que el chamán sea capaz de realizar ambas tareas. Sin embargo, es probable que la mente del antropólogo se rija por un conjunto de ideas en las que sólo haya cabida para la alucinación inducida por las drogas, la aberración mental, la farsa, o la dramatización de una percepción ordinaria. La posibilidad de que el chamán se comunique realmente con un espíritu la elude por completo, así como su propia capacidad para hacer otro tanto.

Al hablar a continuación de los distintos mundos, es conveniente tener en cuenta que se pueden penetrar someramente, como quien se moja los dedos de los pies en un estanque, o con la plenitud de quien se zambulle en las profundidades del océano.

Ike papakahi: el mundo objetivo

El mundo del primer nivel es lo que la mayoría de la gente en la sociedad moderna llamaría realidad ordinaria. Tomando como ejemplo un prado en pleno bosque, la mera experiencia sensorial del mismo (los colores de las plantas, la tierra y el firmamento, el olor de las flores, el canto de los pájaros, la sensación de la brisa en la piel, la percepción del movimiento de una gama con sus cervatillos) tendría lugar en un marco objetivo. Desde esta perspectiva también parecería evidente e incuestionable que el prado tiene unas dimensiones determinadas, un número concreto de árboles de ciertas especies, que unos son de madera dura y hoja caduca y otros coníferas, que una cantidad específica de animales de distintos géneros puebla la zona, que alguien es propietario de la misma, etc. Todo esto sería evidentemente cierto, pero sólo a dicho nivel de percepción. Este primer nivel, por evidente que parezca, sólo es perceptible de ese modo gracias a una creencia o supuesto fundamental que sirve de marco de referencia al mundo objetivo: el supuesto de que todo es independiente. Éste es el supuesto que da cabida a la experiencia sensorial directa, la física clásica y las diversas filosofías de causa y efecto.

Suele ser bastante difícil que la gente formada en dicha creencia sea capaz de verla como un simple supuesto. Es evidente que aparenta ser la única verdad posible. Pero ésta es la naturaleza de los supuestos fundamentales. Toda experiencia tiende a ser consecuente con los supuestos acerca de la experiencia. Es como ponerse unas gafas de color rosa y olvidar que se llevan puestas. Si uno jamás recuerda que se las puede quitar, siempre pensará que el color rosa es el único y natural del mundo. La falta de consonancia se manifiesta cuando uno descubre, consciente o inconscientemente, otros supuestos, como por ejemplo cuando se le caen las gafas, o cuando recuerda que algún día se las puso, o cuando sueña con un mundo verde. Entonces uno puede abrirse a la experiencia de otros niveles. El chamán aprende lo antes posible que el mundo objetivo no es más que una forma de ver.

La idea de que todo es independiente es muy útil y poderosa. Ha estimulado los viajes, la exploración, la ciencia, la industria y todos los milagros de la tecnología moderna, incluidos los que han permitido que esta obra se publique. Sin embargo, también ha servido para justificar la esclavitud, el racismo, las guerras, la vivisección, la contaminación y la explotación abusiva de los recursos del planeta. Debemos comprender que el supuesto en sí no es bueno ni malo. Los seres humanos debemos crear otros supuestos relacionados con los sistemas de valores antes de poder introducir el concepto: de bueno o malo, y éstos pueden operar en cualquier otra nivel de la realidad. Por ejemplo, observando objetivamente el mencionado prado, puede considerarse como bueno porque constituye una fuente de nutrición para diversos animales. O puede considerarse como malo porque ocupa un valioso espacio, que sería mejor utilizar para construir casas o alimentar seres humanos. El caso es que el uso o abuso del medio ambiente o de sus habitantes se basa en la idea de que las cosas son independientes, vistas desde un sistema de valores personal.

Dos supuestos secundarios del mundo objetivo son el de que todo tiene un principio y un fin, y el de que todo efecto es producto de una causa. Algún acto u otro constituye la causa del nacimiento o principio de la existencia de las cosas, que un día mueren o dejan de existir. Esto es de vital interés en el pensamiento objetivo y despierta grandes polémicas en cuanto a las causas físicas de las enfermedades y al momento exacto en que un grupo de células se convierte en un ser humano. Se gastan enormes sumas de dinero para determinar las causas sociales y ambientales de la delincuencia, y en la conservación de edificios históricos, porque su desaparición supondría una pérdida cultural. Y la gente sufraga toda clase de cargas emocionales y económicas, a fin de descubrir el trauma específico de su infancia responsable de su desdicha actual, y para prolongar la existencia del cuerpo físico. Todo ello tiene perfecto sentido visto desde el supuesto antes mencionado, pero desde otras perspectivas no tiene sentido alguno.

Algunas personas evalúan el mundo objetivo como nocivo y procuran huir del mismo, menospreciarlo o negarlo. Sin embargo, en el pensamiento chamánico, el mundo objetivo es simplemente otro lugar donde operar, y el proyecto chamánico es hacerlo con eficacia en cualquiera de los mundos. Por consiguiente, en su función esencialmente curativa, el chamán podrá utilizar supuestos del mundo objetivo, a fin de adquirir pericia en métodos de curación como el masaje, la quiropráctica, las hierbas y medicinas, la cirugía y el ejercicio, o la nutrición y la cromoterapia, sin limitarse a los supuestos de dichos métodos.

Ike papalua: el mundo subjetivo

Ahora supongámonos de nuevo en el prado. En esta ocasión somos conscientes de la interdependencia del mundo natural, de las funciones de apoyo mutuo desempeñadas por los elementos de luz y sombra, viento y agua, tierra y piedra, árboles, pájaros, flores e insectos. Más que meros observadores, nos sentimos parte de dicha interdependencia. Puede que sintamos la emoción de la paz, la felicidad, el amor, o el asombro. O puede que seamos conscientes de la estación y acudan a nuestro recuerdo las estaciones pasadas y venideras. Si uno es chamán, o psíquicamente sensible, es probable que pueda realizar un cambio interno más profundo y percibir las auras, o campos de energía, de todo lo presente, así como la interrelación de dichas fuerzas. Puede que logre conversar con las plantas, los animales y las piedras, o con el viento, el sol y el agua, compartiendo sus historias y sus secretos. Según la formación, experiencia y pericia de cada uno, podrá ser incluso consciente de los espíritus de la naturaleza y comunicarse con los mismos, o con la sobrealma o aumakua del propio prado. Sin moverse del lugar, puede que de pronto presencie una escena de hace cien años, de indios acampados después de una buena cacería, fumando sus pipas alrededor de la hoguera y dándole gracias al gran espíritu. Es incluso posible que se sienta como uno de ellos.

Los ejemplos precedentes de experiencias en el mundo subjetivo son posibles gracias al supuesto básico de dicho nivel, que sostiene que todo está interrelacionado, con el apoyo de los supuestos secundarios de que todo forma parte de un ciclo y de una transición, y de que todos los acontecimientos son sincrónicos. En el marco de referencias de este mundo, la telepatía y la clarividencia son hechos naturales, tan incuestionables como la acción de una palanca en el mundo objetivo. La comunicación mental, independientemente de la distancia y con todo cuanto existe, es posible gracias a que el mundo está interrelacionado. Se pueden experimentar emociones gracias a la conexión empática. Las auras son visibles y tangibles porque la energía es el vínculo que las enlaza. Se pueden conocer vidas pasadas y futuras porque la vida es cíclica y el tiempo sincrónico. La muerte, a este nivel, no es más que una transición, parte de un ciclo, mientras que en el mundo objetivo es un fin. Todo acerca de este nivel es cierto, pero, una vez más, sólo desde la perspectiva del mismo.

Ésta es la razón por la que a la gente orientada primordialmente hacia el mundo objetivo le resulta tan difícil aceptar la veracidad de los fenómenos psíquicos y las ciencias subjetivas como la astrología, y a aquéllos orientados primordialmente hacia el mundo subjetivo les es sumamente difícil explicar sus experiencias a sus amigos anclados en la objetividad.

Ninguno de dichos mundos tiene sentido visto desde la perspectiva del otro. Si uno se limita a nacer y a morir, las vidas anteriores son patrañas. Si las estrellas están a tantísimos millones de kilómetros de la tierra, cualquier influencia es absurda. Por otra parte, si todo está interdependientemente conectado, la tala indiscriminada de árboles para construir ciudades es un acto suicida, y si uno ha pertenecido a otra raza en una vida anterior, odiar dicha raza en la actualidad es pura hipocresía. La solución chamánica a dicho dilema se halla en el séptimo principio de Huna: «la eficacia es la medida de la verdad». En lugar de intentar decidir cuál de estos puntos de vista es el correcto, el chamán adopta indistintamente el más eficaz y apropiado a cada objetivo curativo.

Los métodos curativos chamánicos a este nivel utilizan la sugestión telepática y las formas mentales, la acupuntura o la acupresión, así como el equilibrio, transferencia y movimiento de energía, ya sea manual o con la ayuda de instrumentos tales como cristales, y formas y pautas especiales de energía.

Ike papakolu: el mundo simbólico

Nos encontramos una vez más en el prado, sólo que en esta ocasión dejamos volar la imaginación y en su claridad vemos nuestra propia loa al amor y a la vida, los árboles se convierten en representaciones de nuestra fuerza interna y máximas aspiraciones, los pájaros cantan promesas de alegría y los rayos del sol son la caricia de Dios en nuestro rostro. Uno se siente impregnado por la belleza del lugar y tan conmovido que, según la inclinación de cada uno, escribe inmediatamente un poema o pinta un cuadro para capturar aquella sensación. Ahora nos habremos trasladado a un conjunto mental dotado de su propio supuesto básico: todo es simbólico. Con una formación chamánica uno puede ir más allá y procurar discernir augurios orientadores en la formación de las nubes, de las hojas o de los pájaros en vuelo. O llevar a cabo un ritual que consagre el prado, convirtiéndolo en el mejor lugar de curación para futuros visitantes. Una progresión de ideas típicamente chamánica a este nivel es la de que, si todo es simbólico y los sueños son símbolos, esta realidad es también un sueño.

Así pues, un aspecto de la pericia chamánica consiste en saber penetrar en los sueños y transformarlos.

Puede que a estas alturas alguien se pregunte ¿de qué es todo simbólico? y ¿a quién pertenece el sueño? En este nivel sería correcto afirmar que todo es simbólico de todo lo demás, pero esencialmente de quien lo percibe, y que el sueño es el sueño de todo cuanto existe, pero especialmente del sujeto. O, alternativamente, podríamos afirmar que en el nivel simbólico la totalidad de la experiencia personal del sujeto es un reflejo de sí mismo, incluida toda la gente y objetos que le rodean. Cambiar la experiencia de este nivel, supone que uno puede cambiar los símbolos, la interpretación de los mismos o cambiarse a sí mismo, para que así cambie el reflejo.

Los supuestos secundarios son los de que todo forma parte de un orden y existe en relación a otra cosa, y que todo significa lo que uno decide que signifique. Muchos investigadores científicos y teóricos matemáticos se aferran a este nivel, intentando descubrir pautas y relaciones significativas en la estructura aparente del universo, e ignorando con frecuencia el efecto que sobre su investigación provocan sus propias decisiones en cuanto a lo que es significativo, así como ignorando toda aplicación objetiva de su investigación. Para los chamanes, u otras personas simbólicamente sensibles, es útil darse cuenta de que las creencias se reflejan en el cuerpo y en las experiencias de la vida, y percibir la facilidad con que cambian las condiciones y las relaciones, cuando también cambian los conjuntos de creencias.

Los métodos de curación chamánicos -en este nivel- incluyen todos aquellos principios basados en la fe, las terapias verbales y de visualización (incluido el hipnotismo), las afirmaciones de programación neurolingüística, la orientación de imágenes, los placebos, los sueños, y el uso de amuletos y talismanes.

Ike papaba: el mundo holístico

En esta ocasión uno no está en el prado, sino que es el prado. Siente como la clorofila de las hojas convierte la luz en energía utilizable, al tiempo que sus propias raíces absorben elementos nutritivos de la tierra y ofrece encantado su néctar a la abeja que recoge el polen para compartirlo con otras flores. Como la abeja, disfruta libando el néctar y, sin pensarlo, sabe que parte del polen será compartido con otras abejas y que una buena cantidad será transportado a las extensiones de sí mismo en la colmena. Siente un cosquilleo en la garganta al emitir su canto de apareamiento y mueve las plumas de la cola para conservar el equilibrio sobre la rama de un pino al borde del prado, y como pino sabe que está al margen del prado, pero forma parte de lo que hace que el lugar sea lo que es.

Esto no es más que una pequeñísima muestra de la experiencia a nivel holístico. En este caso el supuesto básico es que todo es uno. En términos prácticos, es el sentido de identidad de uno con uno mismo. La experiencia más profunda acostumbra a llamarlo «conciencia cósmica», lo que supone un intento sumamente lamentable de describir una sensación de unicidad con el universo, esencialmente indefinible porque las palabras y el lenguaje son simplemente incapaces de contener dicha experiencia. Su rasgo más común y superficial consiste en la sensación de saber que uno existe. Descartes utilizó un enfoque simbólico muy de tercer nivel, para justificar dicha sensación de ser, cuando dijo: «Pienso, luego existo». El enfoque objetivo podría ser «siento, luego existo». Sin embargo, en el cuarto nivel holístico es probable que no logremos mejorar la definición de Popeye, que dijo: «Soy lo que soy y eso es todo lo que soy».

En el mundo holístico no existe sensación alguna de distinción entre uno mismo y lo que sea con lo que uno se identifique como sí mismo. En la medida que uno es consciente de dicha identificación, uno opera en el reino holístico, y en la medida que uno sea consciente de «lo demás» estará operando en otros reinos. Habremos podido comprobar que, en nuestra progresión de un mundo a otro, la sensación de separación -atributo bastante primordial y característico del mundo objetivo- decrece en el mundo subjetivo (una mayor sensación de conexión indica menor separación) y es todavía menor en el mundo simbólico (a pesar de que el nivel del reflejo todavía denota que se refleja algo ajeno). Una persona también puede ser holísticamente consciente de lo que se considera como «sí mismo», al mismo tiempo que lo es no holísticamente de lo que aparece como «no sí mismo». Así pues, el miembro de una tribu en África occidental puede identificarse holísticamente con su propia tribu (es decir, puede no tener un sentido de identidad personal, aparte de como componente de su tribu) y una visión completamente objetiva, separatista y hostil de otra tribu.

A pesar de que la identificación holística es algo natural en la experiencia humana (mucha gente extiende normalmente su sentido de identidad a sus posesiones personales, a la familia, a la ciudad o a su país), se precisa una destreza considerable para poder penetrar y operar conscientemente en dicho mundo. Los actores y las actrices, cuya profesión emana de una antiquísima tradición chamánica, son los mejores practicantes conocidos de dicho arte en la actualidad. En la antigüedad, y hasta cierto punto hoy en día, los chamanes eran y son capaces de adoptar la identidad de animales, espíritus de la naturaleza y de ciertos arquetipos que aparecen bajo capa de dioses y diosas. En dicho estado de identificación, adquieren las cualidades y los poderes de los entes en cuestión. Al igual que un buen actor, normalmente tímido, puede interpretar convincentemente el papel de un héroe seguro de sí mismo con una mentalización adecuada, el chamán logra tener la fuerza de un oso o la sabiduría de un dios gracias a la contemplación y a una interpretación tan perfecta del papel, que el papel le interpreta a él. Esto se desprende del supuesto secundario de este nivel, que sostiene que el saber engendra el ser.

«Realiza la obra y gozarás del poder», ha dicho Emerson. A este nivel, existen esencialmente dos modos de curación chamánicos. En primer lugar, existe la «canalización», por medio de la cual se adopta, en mayor o menor grado, la identidad de alguien con mayores poderes de curación, o uno se identifica con un poder curativo superior, para actuar sobre alguien con fines curativos. En segundo lugar, existe un proceso que yo denomino «grokking and guiding», por el que uno se identifica con la persona que debe ser curada, o se convierte en la misma, y entonces se cura a sí mismo. Ni que decir tiene que, para practicar con éxito este segundo método, hay que estar muy seguro de sí mismo. De lo contrario, uno puede sentirse tan perturbado por el estado del otro que se vea obligado a abandonar el nivel holístico sin poder operar con eficacia en el mismo, o bien olvida su auténtica identidad, adquiriendo los síntomas del otro sin llegar a ser capaz de curarse. Puede que las personas que sean fuertemente empáticas experimenten esto con frecuencia. Muchos terapeutas, por ejemplo, se identifican hasta tal punto con los problemas de sus pacientes o clientes que pasan a padecer las dolencias que intentan ayudar a curar. Por consiguiente, cuando les enseño a mis alumnos a curar en el nivel holístico, les recomiendo que limiten todo proceso de identificación a un máximo de un noventa y nueve por ciento, de modo que el «uno por ciento de chamán» siempre pueda volver a la identidad de partida.

Desplazándose entre mundos

Cambiar de conjunto mental o desplazarse entre los diversos mundos plenamente consciente es un proceso sutil y delicado. Una aproximación a lo que entonces ocurre lo constituye la experiencia de observar esta página escrita. Uno puede leer las palabras y absorber la información, a continuación verificar los posibles errores tipográficos y ortográficos, luego fijarse en el cuerpo y estilo de impresión y en la calidad del papel, y por fin ser consciente de que esta página forma parte de un libro, en un lugar y un momento determinados. Lo único que habrá cambiado habrá sido la percepción, modificada a voluntad para variar la experiencia. En el desplazamiento entre los distintos mundos chamánicos el proceso es muy parecido. Lo único necesario para cambiar lo que uno se propone consiste en modificar los supuestos relacionados con dicho objetivo.

El mayor obstáculo, tanto para esto como para otras prácticas chamánicas, es la intromisión de análisis críticos procedentes de otros niveles. Es muy difícil practicar la telepatía, por ejemplo, si uno no deja de decirse a sí mismo que el tema psíquico es una tontería. Asimismo, la visualización no servirá de gran cosa si uno persiste en preguntarse: «¿me lo estoy inventando?». De igual modo, es muy difícil ganarse honradamente la vida si uno se identifica a sí mismo como ser espiritual, e identifica el dinero como algo no espiritual. Para lograr desplazarse con facilidad y eficacia entre estos mundos es necesario poder practicar el abandono de los supuestos de cada mundo en particular, así como el análisis crítico que se desprende de los mismos, antes de entrar en el próximo. Con (muchísima) práctica, esto llega a convertirse en algo automático. Lo que sí ayuda enormemente es quererse a sí mismo sin reservas y confiar en el Dios que nos habita. Claro que esto sólo son buenos consejos, tanto para un chamán como para quien no lo es.

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* Serge King es director de la Order of Huna International Kilauea, Hawaii. Adoptado y formado desde la infancia por un maestro chaman hawaiiano, ve al chamán desde una perspectiva polinesia como un "aventurero", en contraste con el modelo "guerrero" de ptras tradiciones. Sus numerosas publicaciones incluyen Imagineering for Healt, Kahuna Healing y Mastering Your Hidden Self.

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"inconveniente": otra granza en la era del DRAE

[Félix Rodrigo Mora] La experiencia muestra lo inconveniente de la fe hedonista

En el artículo de Ekintza Zuzena 36, 2009, “Tras la caja de los truenos. Un intento de elevar la conflictividad y la conciencia social de Hego Euskal Herria a través de las luchas contra el TAV”, hay un dato que conviene reflexionar. Al examinar lo sucedido el 17 de enero pasado en Urbina (Álava), donde la Ertzaintza agredió a una concentración masiva contra el TAV, originando heridos y detenidos, se expone (pg. 12) que no todo resultó de la acción represiva, pues también el “notorio descontrol e improvisación” entre los oponentes al macroproyecto biocida tuvo su cuota de responsabilidad. Añade que existió una “desorganización que se escapó de lo natural y que fue atribuida a la dejadez con que las personas encargadas de ello habían llevado a cabo su tarea (prestando mayor atención al concierto posterior que a la movilización en sí)”.

Esta reprobable actuación es luego explicada por motivaciones de tipo político, lo que posiblemente resulte acertado, aunque parcial. En tales sucedidos, por desgracia bastante comunes, suele haber también causas de carácter moral, pues existe una cierta radicalidad de pega que una y otra vez incurre en el mismo desatino: lo lúdico es más valorado de facto que lo combatiente. Así, la “fiesta-lucha”, pintoresco híbrido en que la primera parte nadifica a la segunda, termina siendo un modo de hacer que domine la extraviada mentalidad de divertirse siempre, impuesta desde arriba y, por tanto, connatural a la sociedad del ocio, el consumo y el disfrute.

No es la intención del presente trabajo entrar en el análisis de los complejos asuntos que se entrelazan en la lucha contra el TAV en Vasconia, sólo aprehender un aspecto de ellos. Ahora bien, se ha de manifestar desacuerdo cordial con el texto citado en un punto, ya expuesto: además de las causas políticas de los acontecimientos examinados existen causas morales, que tienen que ser puestas en claro, para que el análisis no incurra en unilateralidad. El ser humano, tanto como la realidad social, son complejos, y lo político no puede ser el todo: lo ético también cuenta, aunque sin dar en eticismos, tan funestos como los politicismos.

Un aspecto de mucho interés en el mencionado articulo es que por su fidelidad a la realidad, por su voluntad de verdad, rompe con una de la más infaustas expresiones del pensamiento pseudo-radical, el victimismo, ese gran vicio de una buena parte de los narcisistas y petulantes sujetos de la última modernidad. Al advertir que la responsabilidad de lo que sucedió es no sólo del aparato represivo sino también denosotros mismos, de nuestros errores y debilidades, se da un paso de gigante hacia la recuperación de la categoría de sujeto auto-constituido de manera integral como transformador consecuente de la realidad social, el único con potencialidades para hacerlo.

Es primordial admitir la propia responsabilidad en lo que acontece, aceptar que quienes nos oponemos al sistema no somos “El Bien” sino sólo, en el mejor de los casos, una realidad menos mala que el sistema en sí, y que por ello necesitamos reconstruirnos, es decir, auto-vigilarnos, escuchar las reconvenciones o críticas y enmendarnos. De ello ha de resultar un sentimiento de pesar intenso por los propios errores y un vivir en un estado de esfuerzo psíquico perpetuo para no volver a incurrir en ellos (lo que en la práctica se manifiesta, modestamente, como cometerlos menos veces), auto-mejorándonos sin tregua.

Ello es necesario porque el caso de Urbina-enero de 2009, así como otros muchos, muestra que la concepción lúdica y fiestera heredada de esa época de neo-reacción desencadenada que fueron los años 60, sobre todo mayo del 68, con su “revolución hedonista”, su fijación en “lo divertido” y su culto por la felicidad (meta obligatoria de un ego hipertrofiado en lo subjetivo pero mutilado y enfermo en lo objetivo), cumple una determinada función social, cooperar con los aparatos de Estado.

Éstos tienen sus aliados naturales en el victimismo, el narcisismo, la irresponsabilidad, la frivolidad, la pereza, la apatía, la idea de la vida como disfrute, las nociones de felicidad y bienestar, la negativa al esfuerzo, la entrega y la pesadumbre inevitable del existir en tanto que humanos (mucho más, del resistir, oponerse y luchar). Sin todo eso la actuación de dichos aparatos estaría repleta de inconvenientes fundamentales, que la convertirían en un deslizarse hacia su derrota. En definitiva, podemos vivir sin diversión pero no podemos vivir sin esfuerzo, pues en él está componente fundamental de toda victoria, de manera que no existe el hedonismo “antisistema”.

En la Antigüedad, griega y romana, el placerismo, sobre todo como epicureismo, fue la ideología segregada por el poder estatal para dominar psíquicamente a las masas de esclavos y libres sin poder. En el siglo XVIII, el doctrinarismo gozador de ilustrados y “filósofos”, agente intelectuales de las testas coronadas europeas, creó las condiciones para el desarrollo en flecha del aparato estatal y el capitalismo. Nietzsche es a la vez hedonista, teorético de los fascismos e ideólogo decisivo de la hiper-modernidad en curso. En el presente, el hedonismo izquierdista y el felicismo de Estado (en tanto que Estado de bienestar), cumplen la misma función, pero a un nivel superior: con ellos no sólo perdemos la libertad sino que nos hacemos subhumanos, esto es, cada día más ininteligentes, insociables, flojos, sin voluntad, egoístas y cobardes.

En “La revolución que viene”, T.J. Kaczynski califica al hedonismo vigente en EEUU de “especialmente despreciable”. Se debe a que a pesar de las graves simplificaciones y fallos que le son propios, plantea la revolución como meta. Por ello hace algo de sentido común, vapulear al hedonismo. Quienes con sus palabras, o su silencio cómplice, lo difunden, manifiestan que no desean ninguna transformación revolucionaria, que son unos enamorados del actual orden, al que anhelan conservar reformado para disfrutar y gozar más aún, bajo él. Así es, una causa del aferramiento de una buena parte de la “radicalidad” militante al programa socialdemócrata resulta del hedonismo, pues cuando aquélla calcula el esfuerzo y el displacer que contienen por necesidad la acción revolucionaria renuncia a ella, para hacerse partidaria de las fórmulas fáciles, divertidas e indoloras que vende la socialdemocracia para “cambiar la sociedad”.

No puede haber política sin ética, ni ética sin política, y ambas han de ser de la misma naturaleza, de manera que una política de transformación integral del orden constituido no puede valerse de una moralidad burguesa, esto es, cimentada en el par hedonismo-felicismo. Sin duda, la ética tiene un valor por sí misma, no es mero instrumento, no se define por sus logros en otros terrenos sino por su intrínseca magnificencia. Pero, al mismo tiempo, no pude estar ausente del compromiso político, más bien al contrario, ha de iluminar, orientar y hacer consistente a éste. Una política sin moralidad da en el maquiavelismo, o pierde empuje y se adecua a lo existente, de la misma manera que una eticidad sin política suele terminar, salvo escasas excepciones, en mera verborrea eticista, hecha a partes iguales de impotencia y mediocridad, de hipocresía y conformismo.

Félix Rodrigo Mora

La vida como esfuerzo

CRÍTICA DE LA NOCIÓN DE FELICIDAD Y REPUDIO DEL HEDONISMO


La filosofía moral no es una disciplina de moda. En su repudio y mofa coinciden el izquierdismo, dedicado a la mejora de lo instituido, el mundo académico que, cansinamente, ofrece una caricatura de aquélla, los campeones mediáticos de la sociedad de consumo y el pútrido universo del «arte contemporáneo» y del entretenimiento dirigido. Pero la transformación revolucionaria del actual orden y del ahora existente ser humano -si es que aún se puede usar tal calificativo- demanda recuperar y, sobre todo, reformular y recrear el saber, basado en la experiencia, sobre el qué y el por qué de los comportamientos colectivos e individuales que alcanzan, o deberían alcanzar, la categoría de hábitos, de normas, dado que tal es la moral. Como se ha dicho, la sociedad actual exhibe orgullosa su amoralidad, especialmente los segmentos bien adoctrinados en la ideología del progresismo, hoy la neo-religión mayoritaria, y en la de la modernidad más desenfadada. Todo ello, lejos de ser positivo como creen algunos, muestra el grado de desintegración que ha alcanzado ya la convivencia y la sociabilidad, el nivel asombroso de degradación, psíquica y física, que padece el individuo y, sobre todo, hasta qué punto, nunca antes alcanzado, el Estado maneja omnímodamente la actual formación social pues, como apunta Kant, entre lo ético y lo jurídico, esto es, lo estatal, existe una relación inversamente proporcional.

Tal verdad primera nos sitúa ya dentro de la materia a considerar. En efecto, es el Estado el que promueve, con singular rotundidad y pertinacia, la ideología de la amoralidad y, dentro de ella, las categorías de felicidad, pública y privada, así como de hedonismo sensualista, agregados a aquélla siempre. En particular, la concepción de bienestar, que es el sinónimo político y económico de felicidad hoy en curso, se manifiesta en el mismo enunciado de Estado de bienestar, orden social en que el ente estatal realiza la felicidad-bienestar de todos, lo que convierte a ésta en una imposición, en tanto que ideología del Estado contemporáneo y mandato constitucional. La revolución liberal, como gran salto adelante del poder efectivo del Estado, a costa de la autonomía y libertad de las clases populares, sitúa al concepto de felicidad en el centro de su programa. El documento fundacional del vigente orden político en el plano mundial, la «Declaración de Independencia» de EEUU, de 1776, establece que «la busca de la felicidad» es, al mismo tiempo, un derecho de todos garantizado por el artefacto estatal, el impulso primario fundamental en el ser humano, por tanto, una forzosidad de naturaleza cuasi-biológica, y la meta o finalidad primordial del gobierno establecido con el «consentimiento de los gobernados», es decir, del régimen contemporáneo de dictadura política. La constitución española de 1812, la primera de todas ellas y, por tanto, el modelo de la vigente constitución de 1978, en su art. 13, recoge tal formulación, con una rotundidad a agradecer, «el objeto del Gobierno (constitucional) es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen», pintoresco enunciado en el que los dominadores toman a su cargo realizar la felicidad, el bienestar, de los dominados. Así mismo, la tan mitificada, por el mundo académico y por el radicalismo pro-sistema, «Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano» de la revolución francesa, proclama que su objetivo es realizar «la felicidad de todos». Incluso Saint Just, el lugarteniente y verdugo de Robespierre, se congratula porque, según él, «la felicidad es una idea nueva en Europa», juicio no sólo desvergonzado, dada la singular naturaleza de sus actividades, sino además desacertado, pues el tomismo, en tanto que ideología oficial de la iglesia católica desde el siglo XIV, negando al cristianismo y siguiendo a Aristóteles, el eudemonista por excelencia, establece que la felicidad, primera en esta vida y, tras la muerte, en el extramundo, debe ser la meta cardinal del ser humano.

Que tan fundamentales, por fundacionales, documentos jurídico-políticos impongan la felicidad como axial cosmovisión e ideario es, en primer lugar, un atentado a la libertad más fundamental de todas, la libertad de conciencia, dado que hace obligatoria una concepción determinada de la existencia, sin permitir la concurrencia en igualdad de condiciones de otras varias, alternativas y discrepantes. Por ejemplo, al afirmar con tanta asertividad la categoría felicista la noción de verdad resulta desplazada y marginada, lo que otorga la razón a X. Zubiri cuando en «El hombre y la verdad» expone que lo propio de la contemporaneidad es desdeñar la verdad, para vivir en el error, la mentira y la alucinación inducida.

No puede dudarse, tras lo expuesto, que el eudemonismo autoritario y, por tanto, el placerismo obligatorio, son criterios organizadores de la modernidad. La concreción de la noción de felicidad es diferente para las minorías poderhabientes y para la gran mayoría despojada del poder de decidir. La vida feliz, en el primer caso, se logra acumulando el máximo de potestad de mandar, en la forma de poder político (en el ente estatal), económico (riqueza, en la forma de capital), intelectual, mediático y estético, por citar sus expresiones más relevantes. Para la masa la felicidad forzosa es la propia del productor-consumidor que cae y cae por el despeñadero de la deshumanización al correr tras el espejismo de los placeres cotidianos. Toda nuestra sociedad está asentada sobre la afirmación de Bentham acerca de que “a cada porción de riquezas corresponde una porción de felicidad”, sin que ello lleve a olvidar lo propuesto por Platón, Hobbes, James Mill, Stirner o Nietzsche sobre que la forma superior de vida deliciosa es el dominio político y civil de los otros, tanto más intenso y gratificante cuanto mayor sea la sujeción a que se les someta. La categoría de felicidad es fértil en otras concreciones más existenciales, también míseras y vilificantes. Una es la aspiración a la extinción total del dolor, quimera que hace del sujeto un ser pusilánime y dócil, sometido por el pavor hacia quien hoy posee la capacidad máxima de infligir sufrimiento, el Estado. Otra consiste en el afán de llevar una existencia cómoda y poltrona, holgazana y sin esfuerzo, supuestamente gracias a la tecnología, de donde resultan las diversas utopías científico-técnicas, a cual más inquietante. Una tercera concibe la vida humana como nada mas que una acumulación, en el ego, de experiencias placenteras, lo que conforma el sujeto sensual de la modernidad, ente subhumano incapaz de pensar, de decidir, de convivir y de luchar, pues el reduccionismo a lo sensorial tiende a extinguir en él las facultades y capacidades superiores, o humanas. Así mismo, de la noción de dicha a toda costa resulta la aspiración, específicamente epicúrea, a poner fin a cualquier inquietud, tensión y desarmonía, lo que hace imposible la vida como esfuerzo por metas trascendentes, que, en bastantes ocasiones, sólo son pensables y realizables, queramos o no, a través del desasosiego, la entrega de sí, la dedicación constante y el dolor. En resumidas cuentas, si J.S Mill expuso que es «mejor (ser) un ser humano insatisfecho que un cerdo satisfecho», hoy a las multitudes se las alecciona para que escojan una vida sin libertad, sin conciencia, sin dignidad, sin convivencia, sin verdad, pretendidamente abundosa en goces sensoriales, una vida de cerdos, en suma.

Se presenta, a menudo, a la derecha y a la reacción explícita como adversarias de la dicha y el bienestar, como ordenadoras de una vida asentada en el sufrimiento, mientras se afirma que la izquierda y el progresismo se proponen liberar al ser humano de la infelicidad, constituyendo un orden social delicioso, en el que la existencia humana realice su pretendidamente innata aspiración a la felicidad. Empero, la filosofía de la felicidad, o eudemonismo, es común a todas las formas de pensamiento institucional, dominando siempre el discurso del poder, salvo en algunas épocas, las relacionadas con la guerra, en que se deja paso a ciertas expresiones de ideología estoica, si bien éstas no excluye la fe felicista, sólo la reformulan en dichas condiciones. La izquierda, al ser hoy la expresión más perfecta de los intereses fundamentales del capital y del Estado, usa sin rubor la retórica eudemonista y placerista para atar con más fuerza aún a las masas a los proyectos estratégicos de reafirmación y expansión de uno y otro, tarea en la que también desempeña una función decisiva la intelectualidad, la pedantocracia y estetocracia.

Por lo demás, las más rancias expresiones del pensamiento español contemporáneo sitúan también la categoría de felicidad en el centro de su sistema de ideas. Una muestra de ello es Julián Marías, discípulo del liberal-fascista Ortega, que en su libro «La felicidad humana», elabora aquella noción de tal modo que contradiga y niegue la verdad, la libertad y la sociabilidad, lo que es el meollo de todo el pensamiento eudemonista, el cual, al formar parte de lo nuclear del vigente sistema está por encima de las inesenciales divisiones en derecha e izquierda.

La noción del placer como «bien supremo» se encuentra en Aristóteles, pero este, al ser eudemonista, diferencia entre felicidad, en tanto que deseo de una existencia totalmente deliciosa, y cada placer concreto, de manera que, a veces, en beneficio de aquélla se ha de renunciar a alguna voluptuosidad particular, si su disfrute entra en contradicción con el felicismo integral a que se aspira. Ello, en el terreno de la política, que es el que verdaderamente interesa a «el Filósofo», significa que por ejercer más y mejor el superior placer de dominar a veces resulta apropiado el abstenerse de ciertas satisfacciones sensuales, que distraen del ejercicio del mando o debilitan la determinación para oprimir y reprimir, manejar y adoctrinar, a los otros. El simple hedonismo, por el contrario, concibe la felicidad como una mera suma de sensaciones gozosas, en lo cual se manifiesta su naturaleza de producto ideológico para consumo de siervos y neo-siervos, que renuncian a la libertad y hoy, sobre todo, a su condición de seres humanos, sólo por el deseo, quimérico además, de gozar sin límites.

Cierta izquierda, que aún dice creer en «la revolución», sigue aferrada a la cosmovisión eudemonista-hedonista sin advertir la contradicción que hay en ello. La revolución es una expresión de esfuerzo ciclópeo y de tensión máxima que se aviene mal con el filisteo coleccionismo de voluptuosidades, con la epicúrea aspiración a la tranquilidad del ánimo y con la ramplona ansia cotidiana de felicidad. Por ello toda la izquierda felicista o bien convierte la categoría de revolución en un universal abstracto sólo bueno para discursear y embaucar, o bien transforma a sus seguidores en sujetos tan degradados por el placerismo que no valen para nada elevado y sublime, en primer lugar para la revolución. Claro que si se espera que “las leyes de la historia”, en un actuar providente que hace de ellas el nuevo nombre de Dios, nos regalen graciosamente el fin del capitalismo, la desintegración del Estado y la constitución de una sociedad de maravillas y perfecciones sin cuento, entonces sí, entonces se puede ser a la vez revolucionario y hedonista. Pero quienes, más sobriamente, creemos que la revolución, o la hacemos nosotros, los que nos adherimos a ella en tanto que proyecto reflexionado y pasión magnánima, o se queda irrealizada por toda la eternidad, hemos de repudiar razonadamente el eudemonismo y el hedonismo, para situarnos en un ordenamiento psíquico superador del apetito de felicidad tanto como de toda morbosa apetencia de infelicidad sin sentido, al cual se puede denominar criterio de afelicidad, como indiferencia por la dicha y la desdicha en beneficio de las metas trascendentes y magnánimas que nos hemos marcado. Ello, en el terreno de la filosofía, equivale a convertir la cuestión de la felicidad e infelicidad, tanto como los contenidos de los credos disfrutadores y concupiscentes, en un pseudo-problema del que hay que liberarse cuanto antes, para centrarse en asuntos más enjundiosos y determinantes.

Especial atención refutatoria merece la filosofía de Epicuro, con su lema «el placer es la única finalidad», aunque en un segundo momento, por pánico cerval al dolor, renuncia no sólo a la experiencia del goce sino al deseo mismo de vivir con decoro y autorrespeto, e incluso de vivir a secas. El epicureismo, hoy muy activo, contamina una buena parte de la crítica a la sociedad contemporánea con su deseo de tranquilidad egoísta a toda costa, con su ciego afán de constituir un «jardín» privado en el que sobrevivir a los males y sinsabores del mundo, sin poner fin al vigente orden y sin ni tal sólo proponérselo. En efecto, una parte mayoritaria del radicalismo de los últimos 40 años, como idea y como experiencia, es mero epicureismo lanzado a edificar espacios de supervivencia, desde una ideología de la mediocridad existencial, la cobardía intelectual, la desgana vital y el conformismo político, todo ello adobado, cómo no, con una masa enorme de verborrea y gesticulación encubridoras.

Atreverse a desafiar lo existente, no para lograr vivir mejor en sus intersticios sino para destruirlo planeadamente, demanda una grandeza de ánimo que el neo-epicureismo hoy en boga, aterrado ante la posibilidad de padecer y penar, no puede tener. Una resultante de todo ello, de las mas penosas, es la masa de seres ínfimos, de sujetos sin grandeza ni calidad, que se agitan por los ambientes izquierdistas, reivindicativos y alternativos. Por tanto, la experiencia de los últimos decenios muestra que sólo desde una cosmovisión del esfuerzo es posible, al mismo tiempo, abordar la acción transformadora del orden vigente con coherencia, constituirse a sí mismo como sujeto con la elevación y dignidad que son propias de un ser humano y liberarse de los sofismas y pseudo-problemas de la pésima filosofía eudemonista y hedonista, que nos impone «la busca de la felicidad» como mandato constitucional, estatal.

Pasemos ahora a examinar, con la concisión que el lugar y momento requieren, un ejemplo de filosofía del esfuerzo, de dedicación a las grandes metas trascendentes y de indiferentismo ante placeres y dolores. El poema de León Felipe, «la insignia», de 1937, empieza reivindicando «la Historia grande» y «los huracanes incontrolables» como ámbitos de existencia de los seres humanos en tanto que tales, en contra de la mediocridad y el cotidianismo felicista, para pasar a proclamar que ésta, la nuestra, «es la época de los héroes./De los héroes contra los raposos.», exhortar al «esfuerzo del heroísmo colectivo» y sentar una proposición de colosal significación cognoscitiva y ética, que «la vida no es ni ha sido nunca / una cuestión de felicidad, / sino una cuestión de heroísmo». Con ello el fundamento de la mejor filosofía moral queda establecido. Remacha su proposición con está hermosa aserción, «no buscamos la felicidad», añadiendo visionariamente que después de la revolución «no seremos felices tampoco./ No hay posadas de felicidad/ ni de descanso», pues la existencia humana es avanzar «siempre por un camino heroico» en el que no hay puntos de llegada, de manera que la meta decisiva es el esfuerzo, que, sin dejar de ser medio, se eleva al mismo tiempo a fin y propósito. El poeta demuele así la muy burguesa cosmovisión fruidora que muchos se empeñan aún, en la apoteosis de la sociedad de consumo (que hace del placer el primer deber «cívico» del sujeto hiper-sometido e hiper-degradado de la última modernidad), en presentar como “subversiva” y «anti-sistema», aserciones que ya sólo pueden ser contestadas con el sano ejercicio de la risa. No conviene, empero, reducirse a un enfoque politicista, por correcto y oportuno que sea, del significado del eudemonismo y hedonismo, pues la cosmovisión del esfuerzo y del servicio es buena y verdadera en sí y por sí, y no únicamente porque sea un útil medio para la acción revolucionaria. Ello equivale a sostener que además de un medio es un fin, deseable por su valía intrínseca. A la pregunta capital de la filosofía moral, ¿cómo debemos vivir?, se ha de contestar no desde tales o cuales sistemas dogmáticos, teóricos o doctrinarios, sino desde la experiencia reflexionada. Dado que la imposición absoluta a las masas del par felicismo-placerismo se realizó en Occidente en los años 60 del siglo XX ha transcurrido tiempo suficiente para realizar un juicio sobre su naturaleza a partir de sus efectos. Por tanto, ¿qué es lo observable respecto a la evolución de la naturaleza concreta del individuo medio y del cuerpo social en los últimos 50 años?, ¿ha mejorado o ha empeorado?

Lo que se percibe es que el vehemente énfasis puesto en el goce está constituyendo individuos cada vez más débiles y vulnerables, que se desploman con creciente facilidad antes las dificultades de la existencia, que poseen cada vez menos autonomía psíquica y padecen una mengua constante de sus capacidades espirituales. La depresión, como disfunción y padecimiento, como forma grave de infelicidad, está en rápido ascenso. Una de sus causas principales es el hedonismo obligatorio, pues éste significa egotismo, el egotismo es soledad y la soledad acarrea un fuerte sufrimiento anímico, pues el ser humano es, por naturaleza, sociable y afectivo, estando dotado de la necesidad de querer y ser querido, de vivir en colectividad y realizarse en lo comunitario, con abandono de la cárcel del yo en que ahora le tienen encerrado, y se ha dejado encerrar. Tal estado de cosas lleva a la comercialización de la vida anímica a gran escala, a cargo de los novísimos manipuladores de la conciencia y aniquiladores de la libertad espiritual, los psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas. Éstos realizan la expropiación de la vida interior del individuo, que ya es cada vez menos suya y cada día más de tales mercaderes de palabras, que invocan siempre la felicidad y la dicha como supuesto propósito de sus rentables intervenciones.

Dado que el placerismo sólo considera, para el caso de la plebe, las facultades sensoriales, todas las demás capacidades naturales del ser humano terminan atrofiándose por falta de uso, reflexión que coincide exactamente con lo observable. Declina la inteligencia, se extingue la afectividad, resulta nulificada la voluntad, nada queda de la sociabilidad. Esto convierte al individuo en un ser sin sustantividad ni mismidad que es construido desde fuera por quienes tiene poder para hacerlo, las elites mandantes, en particular las vinculadas a los medios de adoctrinamiento de masas estatales y empresariales, el sistema universitario y escolar en primer lugar. El sujeto que se siente desposeído de todo, que se halla a sí mismo torpe, solitario, agobiado, infeliz, sin voluntad, vulnerable e ininteligente tiende a centrarse más y más en el dinero para adquirir pretendidos remedios a sus males, de manera que monetiza su existencia hasta el máximo, al mismo tiempo que ya todo lo espera de la intervención institucional, de donde resulta la mentalidad contemporánea, deseosa de recibir siempre y no dar jamás, lo que genera una atrofia aún mayor de las capacidades. Así mismo está siendo devastado la persona en tanto que realidad biológica, a través del sedentarismo, la mala alimentación, la obesidad, la medicalización, la holgazanería, el consumo compulsivo de mercancías de placer (alcohol y drogas), el confinamiento en las grandes megalópolis y el crecimiento de las enfermedades crónicas. De la suma de tales factores se desprende que el individuo medio conoce en el presente un grado de inespiritualidad notable y en ascenso, al mismo tiempo que está en acelerado declive en tanto que ente biológico. En lo que resulta perfecto es como sujeto hiper-dócil, que obedece siempre al poder constituido, el cual no sólo hace en cualquier circunstancia lo que le ordenan desde arriba sino que también piensa, desea y siente lo que la autoridad determina en cada coyuntura que piense, desee y sienta. Asistimos, pues, a la apoteosis del «homo docilis».

Tales son los efectos comprobables de la amoralidad sensualista y felicista, a los cuatro decenios de la «revolución hedonista» realizada desde las instituciones en los años 60 de la pasada centuria, si bien hay otras causas de los males expuestos, varias de similar importancia a la considerada. En puridad, estamos ante la culminación de la destrucción de la esencia concreta humana, meta primordial del Estado liberal desde sus orígenes. El antídoto inmediato parece ser la recuperación creadora de la filosofía moral, como disciplina subversora de lo existente, entre otras medidas de variada naturaleza.

Félix Rodrigo Mora

NOTA: Este texto es un resumen de un trabajo más extenso de este autor.Si deseas una copia del mismo escríbenos.