miércoles, 9 de junio de 2010

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EL PAÍS


TRIBUNA: ENRIQUE GIL CALVO


La revancha de los mercados

ENRIQUE GIL CALVO //08/06/2010

Bien a nuestro pesar, la economía española está protagonizando como
víctima propiciatoria lo que cabe llamar la segunda ronda de la crisis
del crédito por la que atraviesa el capitalismo occidental. Según se
dice, somos el nuevo /enfermo de Europa,/ en la medida en que nuestra
solvencia crediticia amenazaría ruina y nuestro gran tamaño determina
que una posible quiebra española arrastraría al euro consigo. Todo lo
cual ha desatado una epidemia de histeria colectiva tanto mediática (los
/blogs/ de la prensa color salmón rivalizan en escándalos con los de la
prensa rosa) como financiera (las demás Bolsas se estremecen de
volatilidad mientras la española se hunde en caída libre) y política
(presas del pánico, los gobernantes conspiran en el Ecofin cayendo en la
más estéril cacofonía). De modo que parece a punto de cumplirse la
profecía de Niño Becerra, el economista que auguró el /crash/ de 2010.

*Los financieros han ganado a los Estados con la ayuda de la prensa.*

*El fatalismo de la gente se explica por el miedo difundido por ciertos
diarios.*

¿Qué está pasando? Una explicación plausible es entenderlo como una
nueva fase en la guerra abierta entre los Estados y los mercados por el
control del capitalismo crediticio actual. Como se sabe, la energía que
mueve a la economía posindustrial es el flujo crediticio: un caudal que
cuando se embalsa formando burbujas especulativas tiende a desbordarse
anegando con sus deudas insolventes la economía real. Y así ha vuelto a
ocurrir esta vez con la crisis del crédito a la que me referí antes, que
ha cursado como un proceso en dos fases. En su primera ronda, iniciada
en 2008 con la burbuja de las hipotecas /subprime,/ la causante de la
crisis fue la ingente deuda privada imposible de refinanciar. Y para
remediarlo, los Tesoros públicos acudieron al rescate de los mercados
privados: se proclamó el estado de excepción, se decretó la guerra
contra la crisis, se nacionalizó la economía, se suspendieron las leyes
de la oferta y la demanda, se avaló la deuda privada con la garantía
pública del Estado y se inyectó liquidez ilimitada a tipo cero.

Así fue como se sentaron las bases de una burbuja de deuda pública que
ahora acaba de estallarnos entre las manos. Es lo que está ocurriendo
durante esta segunda ronda en la que todo sucede exactamente a la
inversa que hace dos años. Ahora la deuda insolvente imposible de
devolver o refinanciar ya no es la deuda privada sino la pública
acumulada por los Tesoros estatales. Y quienes acuden a su /rescate/
para refinanciarla son ahora los propios mercados privados, que
suscriben los bonos de deuda pública emitidos por los Estados en crisis.
Pero con una gran diferencia entre ambas rondas, y es que en la de hace
dos años se avalaron las deudas privadas a interés cero para facilitar
su más pronto rescate, mientrasque en esta segunda ronda las deudas
públicas se suscriben a precios de mercado. Es decir, a un tipo de
interés tan elevado que en el caso español cabe calificar de usurario,
lo que prolongará la duración de esta crisis de deuda hasta las calendas
griegas. Todo ello de acuerdo a las leyes de la oferta y la demanda, que
en esta segunda ronda, a diferencia de la anterior, no han sido
suspendidas, sino confirmadas por el nuevo consenso de Washington,
impuesto por los mercados.

¿Cómo explicar este giro estratégico? Muy sencillo: la balanza de poder
entre mercados y Estados ha vuelto a invertir su signo, recuperando
aquellos su predominio hegemónico sobre estos. Como dije, esta crisis
crediticia es una batalla de poder entre Estados y mercados cuya primera
ronda supuso la momentánea victoria de aquellos en el curso 2008-2009,
mientras que esta segunda ronda está suponiendo la derrota de los
Estados deudores a manos de sus mercados acreedores. Se recordará que
hace solo dos años se decía que el neoliberalismo había muerto y que el
Estado interventor keynesiano regresaba por sus fueros para controlar a
los mercados y someterlos a su poder. Era la época en que los culpables
de la crisis nos parecían los inversores privados (los bancos, los
/hedge funds,/ etcétera), mientras que los salvadores eran los poderes
públicos: reguladores estatales, rescates keynesianos, etcétera.

Bien, pues solo fue un sueño que apenas duró un curso académico. Hoy se
impone de nuevo el realismo crediticio y quien vuelve por sus fueros es
el victorioso mercado acreedor, exigiendo leoninas condiciones al Estado
deudor. Por eso, quienes hoy parecen ser los villanos de esta historia
ya no son los mercados, sino los Gobiernos insolventes y deficitarios,
especialmente si son /PIGS./ Y con ello retorna la ideología del ajuste
presupuestario y la consolidación fiscal: el nuevo consenso de
Washington que impone un voluble FMI, ayer generoso keynesiano, hoy
estricto neoliberal. Pero las víctimas reales de ambas crisis
crediticias son las mismas: los ciudadanos de a pie, que pagaron ayer
con su desempleo masivo y hoy con el recorte de sueldos y la congelación
de pensiones. Y sus beneficiarios reales también son los mismos: los
inversores crediticios, que siempre salen ganando, pues se les rescata a
interés cero cuando son deudores mientras se les enriquece con interés
usurario cuando son acreedores. Un /qui prodest?/ inequívoco.

Pero si todo esto es tan evidente, ¿cómo es que nadie cuestiona
semejante estado de cosas, aceptándolo con fatalismo? Hay dos factores
extraeconómicos, a su vez conectados entre sí, que lo explican bien. El
primero es el tratamiento mediático de la crisis, que ha /naturalizado/
un proceso tan desequilibrado e injusto haciéndolo parecer lógico y
necesario. Y esto se ha hecho metiendo el /miedo mediático/ en el cuerpo
de la gente, a fin de paralizarla por el pánico dejándola inerme y
dispuesta a dejar hacer y dejarse hacer. Es la histeria mediática a la
que aludí al principio, inducida por la reiterada publicación de
revelaciones financieras escandalosas (al estilo de /La quiebra de Caja
Sur amenaza al euro),/ y generadora de un clima artificial de catástrofe
imposible de controlar que contagia con su gregario efecto-rebaño /(herd
effect)/ a todos por igual: tanto a los que toman decisiones
incoherentes a tontas y a locas (caso de nuestros gobernantes, de Merkel
a Zapatero, que ayer corrían a rescatar las deudas privadas y hoy corren
a recortar gastos para saldar sus deudas públicas) como a los
desarticulados ciudadanos que las sufren con estupor e impotencia, sin
más signos de resistencia que la contraproducente crispación política y
la estéril bronca sindical.

Y el otro factor es la discriminación crediticia pura y dura. La primera
oración cristiana es el perdón de las deudas, pero solo se aplica de
forma perversa, tal como reza la parábola de San Mateo: "A quien tiene
más, se le dará. Y a quien no tiene, todo le será quitado/"./ Pues bien,
con la crisis de la deuda sucede igual: a ciertos deudores privilegiados
(los protestantes anglo-germanos) se les rescatan sus deudas a muy bajo
tipo de interés, mientras que a los estigmatizados (por católicos y
latinomediterráneos) se les exige refinanciarlas a tipo de interés
usurario. Es lo que ocurre con los títulos de deuda pública, a los que
se discrimina no por sus indicadores cuantitativos, sino por prejuicios
descalificadores tan falaces como injustos, castigando al bono español
en comparación al holandés o británico (según denunció en estas páginas
Xavier Vidal-Folch): todo por ser un /PIG en/ lugar de un /WASP/. Lo
cual determina que en la zona euro estén resucitando las viejas monedas
nacionales, ahora travestidas como títulos de cada tesoro estatal. Ahora
bien, esta discriminación crediticia también está operada por la
definición mediática de la realidad, pues son los medios informativos
anglosajones, y no las agencias de calificación de riesgo/,/ los que
fabrican con sus juicios performativos estas percepciones
estigmatizadoras del riesgo-país. Es de nuevo el /efecto/
/manada-mediática,/ pues si lo afirma el /Financial Times,/ todos los
demás medios lo reproducirán y amplificarán, incluidos los /PIGS/.

*Enrique Gil Calvo* es profesor titular de Sociología de la Universidad
Complutense de Madrid.

el pais 08/06/10

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