jueves, 22 de diciembre de 2011

Il Dolce Far Niente

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Cierto sentido de la provocación combinado con la necesidad de poner aunque sea un pelín de contrapeso, avanzando contracorriente a los tiempos que corren, me empujan a elogiar el ocio alzando mi voz contra la oleada de productivismo que nos invade en especial en estos días en que la patronal ha puesto el grito en el cielo ante el desbarajuste que supone para el país paralizarlo(¡que se lo pregunten a agencias de viajes, hosteleros y afines!) con el encadenamiento de fiestas que provocan un puente enorme, como si dichas fiestas les hubiesen pillado desprevenidos o les hubiesen sido impuestas de tapadillo y a traición por los astutos lumbreras sindicales; si se mira desde otra óptica parecen plausibles tales días de merecido asueto como reflejo del tan cacareado estado de bienestar en el que supuestamente vivimos o hemos vivido, gracias a los patronos y a sus gestores, los políticos, que tanto se preocupan por nuestra salud y disfrute. Los días son propicios para recurrir a la lectura de algunos pensadores, bien currantes por cierto, que hicieron encendidos y sagaces elogios de la ociosidad: ahí están los Paul Lafargue y su intempestivo <>, Kasimir Malevitch y su <>, Bertrand Russell con su <>, o Robert Louis Stevenson con su <>, lecturas que debería ser elevadas al rango de lectura obligatoria en la enseñanza de formación para una ciudadanía que se precie en estos inicios del prometedor siglo XXI.

De entre los textos nombrados quizá el que más lejos lleva las cosas, sin demérito para los demás, es el debido al yerno de Karl Marx, en el cual se reivindica la pereza como derecho ¡ahí es nada! Tomando como centro de gravedad, o levedad, fundamentalmente tal obra escribo este artículo que en gran parte es mera reescritura, haciendo honor a la reivindicación mantenida; si unos decían que piensen ellos, servidor en este caso mantiene la cómoda postura de retomar, en un laborioso ejercicio de corta y pega, lo escrito hace unos añitos.

El libro , originalmente, fue publicado por entregas en el diario socialista L´Egalité, entre mediados de junio y principios de agosto de 1880(tres años más tarde vería la luz en formato libro). El comienzo del vanguardista texto era de traca: <>

El autor del reseñable panfleto se dedica a lo largo de casi un centenar de páginas, a criticar la religión del trabajo, la religión del capital, con logradas dosis de humor, ironía, y exactitud acerca de lo que analiza, y afirma. <<Le Droit à Paresse, refutation du droit au travail de 1848>> es dentro del género panfletario(y lo digo con el debido respeto), digno seguidor de aquél texto ejemplar, en el mismo terreno, de su suegro(, el Moro Marx, y su amigo elGeneral Engels): <>, como queda constancia de ello con la entrada transcrita, tan explosiva como la del fantasma que recorría Europa con nombre de comunismo.

La obra se inspiraba en un libro muy serio que su suegro tenía en su surtida biblioteca: <<Du droit à l´oisiveté et de l´organisation du travail servile dans les républiques grecques et romaines>>(1849) de un tal Moreau-Christophe. También le sirvieron como inspiración las denuncias del dogma del trabajo debidas a Charles Fourier. Aprovechando su estancia en la sombra de Sainte-Pélagie, preso, junto a los socialistas Guesde y Dormoy, condenados los tres por su encendida intervención en un mitin en el que llamaban a acabar con la burguesía, escribió en el encierro el texto del que hablo.

Contra, el trabajo, esta actividad <> de la que hablase el joven Marx, en sus Manuscritos de 1844, surgida en lucha contra la escasez y la falta, el <> Paul Lafargue , nacido el 15 de enero de 1842 en Santiago de Cuba, descendiente de esclavos negros y de colonos españoles, va a escribir, el célebre panfleto, a contracorriente de los valores habituales en el seno del movimiento obrero, en lucha contra quienes reclamaban el <>, en especial Louis Blanc, y proponiendo el >, la cual es un <>. El libro es una llamada al disfrute de la vida, denunciando la <>, y es también un ataque cerrado a quienes glorifican el trabajo como valor individual y social; en su furia crítica llega a avergonzarse del proletariado francés, a quienes en tono de chanza les dice: <>, pues ésta es la lógica inexorable del capital.

Tal liberación del trabajo asalariado, <>, reposará según su obra en el desarrollo de las máquinas que liberará a los obreros de sus esfuerzos y les permitirá dedicarse con más intensidad al disfrute de los diferentes placeres. Del homo faber al homo ludens, ahí reside la eutopía lafarguiana. No muy lejos de aquellos cambios de actividad, a lo largo del día, que auguraba su suegro al comienzo de <>.

Si tal era la esperanza inminente del miembro de la Internacional, y fundador del Partido Obrero francés, teniendo en cuenta el estado de las fuerzas productivas en aquellos años , qué se podría decir en estos nuestros tiempos tras la tercera revolución informática y la creciente utilización de la robótica en las cadenas productivas; sin embargo, desde entonces el rumbo tomado por el trabajo ha sido introducir relojes y controles en las fábricas y en otros centros de trabajo(fordismo y taylorismo como guías) y ahora que <>-que señala el grupoKrisis en su <>- la religión del trabajo sigue teniendo sus encendidos predicadores pero es que la máquina social ha de funcionar y para ello el trabajo-como mecanismo de biopoder- es un buen sistema, y…si los augurios de Lafargue no se han cumplido, quizá haya que buscar la razón en la propiedad(<<ésta es el robo>> según afirmase Proudhon) y la capitalización del tiempo de trabajo es la esencia del principio de la acumulación capitalista. Oposición entre Cronos( tiempo del trabajo) yAion(tiempo del deseo) de la que hablasen Félix Guattari y Gilles Deleuze.

Añadiré, en consonancia con las líneas que anteceden, que no se ha de olvidar el carácter de maldición divina(<>) y hasta el propio origen etimológico del término (tripalium, instrumento de tortura antiguo), a pesar de lo dicho, qué duda cabe, que esta actividad humana goza de un enorme prestigio, ya se sabe como cantaba aquél que <>(o dada la vuelta ya lo había proclamado el viejo Engels, <>), sin olvidarse de aquel, entre cínico e insultante, Arbeir macht frei que adornaba la puerta del infierno llamado Auschwitz. De su contraria( de la inactividad, del otium, opuesto al nec otium) qué vamos a decir, <>, afirmaba sin rubor-mientras contaba billetes- Henry Ford, y por la misma senda han transitado todos los directores espirituales que en el mundo han sido, son y serán… ya se sabe el ocio, il dolce far niente, no es más que el terreno abonado para la tentación, y de ahí se desemboca sin remedio en tocamientos, y…luego vienen la ceguera, la calvicie y las desviaciones de columna, y…todos los declives.

Iñaki URDANIBIA

N.B.: estas notas fueron escritas en la semana puentera a la que aludo. Éramos pocos y…don Mariano parece que nos pone a la altura de los deseos de la CEOE , en este tema también.

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