lunes, 24 de mayo de 2010

Biogeografía de la Mentira

La mentira es lo que se menta, lo que se cita, (quoting, quotidien, cotidiano) lo que se habla, y así se va construyendo en nuestras redes neuronales.

Como dice Bart Kosko, lógico borroso, "al hablar simplificamos, y al simplificar mentimos". Es como si tratáramos de cambiar, de muchas formas, el escenario de un crimen, por ejemplo, para comprender mejor lo que allí pasó o sucedió. Inventamos la habitación del crimen de muchas maneras distintas, para así zarandear nuestras redes neurosemánticas, como barajando una baraja de naipes, como sería hacer un "bootstraping"...

Las palabras, aunque encumbradas en nuestra cultura, del verbo divino, "son solo "el jarrón de la conversación" . Fijaros con que facilidad desmarcamos "todo lo demás" todo lo que no es "palabra", clasificándolo como "comunicación no verbal". Si "verbo" hace alusión a "hacer" o "actuar", estoes, a una acción, es como si todo lo que durante millones de años hicimos cuando pusimos nuestro cuerpo en movimiento, estoes, la verdadera o t´pica acción, nuestro accionar de músculos, huesos, y tejidos de todo el cuerpo, pasara a ser considerado "de golpe y porrazo" como "inacción". Por otro lado, claro está, no es que esta extinguiéndose suciedad facilitara precisamente el don de la palabra, sino todo lo contrario, al arrinconar las posibilidades reales de practicar ese supuesto "don" a espacios muy restringidos durante nuestra época de formación, como por ejemplo en los exámenes.
Es similar cuando decimos "tercer mundo", por ejemplo. De hecho fue en Europa donde se encumbró a la palabra tan alto en los altares de la ¿comunicación?.

Fijaros como la música y la danza siguen, en pleno siglo xxi, consideradas como "marías", o disciplinas de poca importancia.

De ese encumbramiento del testo (base del patriarcado) y de la palabra, desciende por línea directa la verdad y la adoración de la verdad. Resulta hasta gracioso que se siga leyendo tanto sobre la ciencia como "la búsqueda legítima de la verdad". Pero si la ciencia nació, se supone, para superar las dicotomías, para superar las creencias... De hecho, la ciencia no tiene verdades. Aunque al exigir tanta memorística al estudiantazgo, volvemos a esa epistemología de la verdad, que se suponía estaba relegada a la religión.

"Una mentira /de mentar) repetida mil veces se convierte en una verdad". Por ejemplo: "el tren de alta velocidad es bueno" o "las obras faraónicas (de los faraones del siglo xxi) generan mucho empleo". Si nos damos cuenta, al lado de toda esta tormenta a favor de ciertas cosas, que salen cada día en los periódicos, la bicicleta ya no es verdad, ni es mentira. Como no es "mentada" (citada), o casi, pues no existe y punto.

Fijaros en la verdad del especialista. Está pertrechada entre unos muros muy estrechos, que solo acogen una cierta diversidad de territorios del saber. ¿Y de ahí para afuera qué ocurre? Pues es curioso. Un especialista es aquel que con denuedo se dedica a construir verdad en un espacio muy pequeño, y que para todos los territorios del saber que le superan, que no trata profesionalmente, le basta y sobra con acudir a los medios de información de masas. Y ahí es donde salta la liebre. Sin duda sería interesante su aproximación psicológica, al estilo de como se hace en este artículo que pegamos aquí en inglés. (ver post: "viviendo en la negación")

Ya hemos dejado claro que los medios de desinformación de masas, a través de la sicología de masas del fascismo, eran o son aliados del capital y de todas sus lindezas.
Así pues concluimos que el analfabetismo que puede rodear a los especialistas es de aúpa. (ver Margulis para el sector de la evolución biológica). Para su especialidad tiene especial cuidado en consultar las revistas científicas "de calidad". Mientras que para su información cotidiana, es decir todo ese enorme abanico que queda "fuera" de su especialidad, se dejan engatusar por una infomación que no resistiría muchas veces el embate de un estudiante de secundaria...

Creemos que al considerar la verdad como la integral de nuestras experiencias, también neurosemánticas, se le despoja de todo carácter sagrado, simbólico, judeo-cristiano. ¿Ya era hora no?

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